Murphy y Jungqvist en el aire. No era lo que nadie esperaba, pero fue lo primero que definió el tono de la noche. El vocalista Sebastian Murphy y el tecladista Elias Jungqvist de Viagra Boys se lanzaron al público en plena presentación, sellando uno de los debuts más esperados del circuito alternativo en Chile.



Las farolas y Men I Trust. Cuando el trío de Quebec tocó “Show Me How” con la noche ya encima, las farolas del sector del público y la iluminación del escenario se fundieron en algo que parecía premeditado. No lo era, pero funcionó mejor que cualquier producción diseñada.



El tarot de Doechii. Antes de aparecer, las pantallas ya contaban su historia: cartas de tarot, tambores, misterio. Cuando salió con su traje rojo y arrancó la coreografía, el escenario Cenco entendió que tenía enfrente a alguien que sabe exactamente lo que hace.



Los fuegos de Sabrina. Como es su costumbre, Carpenter cerró el espectáculo con fuegos artificiales que iluminaron el Parque O’Higgins pasada la medianoche. Una metáfora perfecta para un show que fue exactamente eso de principio a fin: fuego.


El cruce de públicos. La postal más difícil de fotografiar, pero quizás la más representativa de la jornada: fanáticas de Sabrina Carpenter escuchando de lejos a Deftones, fans del metal mirando de reojo hacia el Cenco. Nadie se fue del todo insatisfecho. Ese es, en definitiva, el mejor balance posible.