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Mónica Zalaquett, Fedetur: “El turismo no puede tratarse desde una lógica sectorial, sino como una política estratégica de país”

La presidenta ejecutiva de la asociación gremial cuenta a EL DÍNAMO las capacidades del sector turístico para reactivar la economía y las áreas que Chile debe priorizar para ser un referente en la región.

Hace casi más de una década que Mónica Zalaquett (UDI) logró posicionarse como una de las voces más conocedoras de la industria turística chilena.

Desde 2012, como presidenta de la Comisión de Turismo, ya ponía sobre la mesa la formación de alianzas público-privadas en esa industria como forma de aportar al Producto Interno Bruto y promovía que las sesiones de esa instancia se realizaran en regiones.

Tras completar su periodo parlamentario, fue designada como subsecretaria de Turismo bajo el segundo gobierno de Sebastián Piñera y más tarde, como la primera mujer en presidir la la Organización Mundial del Turismo. Pese a que también tiene trayectoria en el mundo de las comunicaciones y de la gestión corporativa y, además, estuvo a cargo del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género en 2020, Mónica Zalaquett no ha podido alejarse del mundo del turismo.

Hoy, como presidenta ejecutiva de Fedetur, el ente gremial que representa al sector turístico privado, relata a Mujeres D cómo el turismo puede potenciar la economía nacional y las vetas que Chile puede aprovechar para crecer: la economía plateada y la creación de experiencias integradas para quienes visiten el país.

“Chile ya no debe medir el impacto del turismo únicamente por el número de llegadas, sino por el nivel de gasto del turista. Un visitante australiano que se queda 14 días, recorre varias regiones y gasta sobre 200 dólares diarios resulta sumamente atractivo”, recalca.

Además, hace hincapié en que la industria genera mucho empleo para quienes precisamente son quienes tienen las tasas más altas de desocupación: mujeres y jóvenes. Aunque aún resta avanzar en flexibilidad laboral, advierte. “El turismo opera cuando el resto del país descansa, por lo que no puede regirse por las mismas normas que otros sectores”, explica.

— ¿Cuál es tu opinión sobre este proyecto que busca declarar feriado el 17 de septiembre y de otros similares que surgen para extender fines de semana largos?

— Todos los años, cuando se acerca el 18 de septiembre —desde la época en que era diputada—, aparecen estas iniciativas. Es innegable que los feriados tienen un efecto positivo en la industria turística, porque impactan en la hotelería, la gastronomía, el transporte y las actividades recreativas; además, ayudan a romper la fuerte estacionalidad de Chile y benefician a las comunidades locales.

A pesar de eso, como gremio creemos que es importante que este tipo de decisiones se analicen con profundidad. No se pueden evaluar solo desde el impacto positivo en el turismo; hay que medir qué costos tienen para otros sectores productivos, más aún en un escenario de bajo crecimiento y desempleo al alza, en la medida en que el país no crezca, el turismo nacional tampoco lo hará.

— Mencionabas el tema del crecimiento. Hace poco se dio a conocer una caída de 0,2 % en el PIB. ¿Ves al turismo como oportunidad para la reactivación económica?

— Lo hemos mencionado de manera reiterada y se lo hemos planteado al gobierno: el turismo puede convertirse en una herramienta clave para la reactivación económica de Chile. Existe evidencia internacional de cómo, en momentos de crisis, la industria turística ha sido el gran motor de la reactivación.

El mejor ejemplo fue la crisis de 2008 en España, donde el país logró recuperarse en gran medida por comprender el rol estratégico del turismo. Chile no parte de cero: ya contamos con la naturaleza, los productos y una diversificación que pocos países poseen. Los atributos están; lo que necesitamos es transformarlos en demanda, inversión y empleo, avanzando hacia ser un país exportador de servicios.

Es una industria intensiva en empleo y con un alto efecto multiplicador, ya que beneficia a la cadena de valor turística, al comercio, al transporte y a otros sectores. Además, genera actividad de forma muy rápida; a diferencia de grandes proyectos mineros o energéticos que tardan años en materializarse, el aumento de la demanda turística se traduce con rapidez en más empleo y dinamismo comercial.

— En otras ocasiones has contado cómo cada dólar de un turista termina multiplicándose.

— Así es. Hay estudios que demuestran que cada dólar invertido en promoción se multiplica por seis, y que por cada nueve nuevos turistas se genera un puesto de trabajo. El impacto es muy rápido.

Sin embargo, para lograrlo, el turismo no puede tratarse como una política sectorial, sino como una política estratégica de país. Se requiere una articulación público-privada potente: no es solo promoción o creación de nuevos productos, sino construir gobernanza, infraestructura y una mejor gestión de aeropuertos, pasos fronterizos y conectividad.

— A inicios de este mes se reunieron con el gobierno. ¿Sienten que las autoridades comparten o acogen esta inquietud?

— Sí. En las reuniones que hemos tenido, el gobierno ve en el turismo una oportunidad. Contamos con una excelente subsecretaria de Turismo y un ministro de Economía comprometido, quien proviene de una región con clara vocación turística como Coquimbo. Hay muy buena disposición; el desafío actual es cómo articulamos esta visión, pues implica un verdadero cambio de paradigma.

—¿Cuál es tu balance de la actividad turística transcurridos los primeros seis meses del año?

— Ha sido un año especial. Tuvimos una fuerte caída en el arribo de argentinos y una leve baja de brasileños —que probablemente se compensará con la extensión de la temporada de esquí hasta fines de septiembre—, pero por otro lado creció la llegada de australianos, norteamericanos y se recuperó el mercado europeo.

Chile ya no debe medir el impacto del turismo únicamente por el número de llegadas, sino por el nivel de gasto del turista. Un visitante australiano que se queda 14 días, recorre varias regiones y gasta sobre 200 dólares diarios resulta sumamente atractivo. Es una métrica que hemos conversado con la subsecretaría: debemos pasar de medir la cantidad de personas al valor que aporta cada visitante.

— ¿Cómo podemos aprovechar a ese turista, como el australiano, que se queda más tiempo y tiene un gasto elevado? ¿Qué falta para mejorar su experiencia?

— El siguiente paso es estructurar una oferta integrada. Debemos lograr que el turista extienda su permanencia en Santiago —donde hoy el promedio es de dos a tres días, cuando antes alcanzábamos los cuatro— y desde ahí visite la Patagonia, el norte, la Región de Los Lagos o Rapa Nui. Además, es prioritario mejorar la conectividad aérea regional para que la experiencia de viaje sea más fluida.

— A inicios de año alertabas que la inversión en promoción internacional en Chile es un 30 % más baja, siendo el país que menos gasta en la región. ¿De qué manera incide esto en el crecimiento de la industria?

— Definitivamente nos afecta. El sector privado invierte en promocionar sus propios productos, pero es el Estado el encargado de posicionar la marca país. El Gobierno se comprometió a duplicar la inversión en promoción para el próximo año, lo cual es muy relevante, aunque también debe ir acompañado de conectividad aérea.

El bajo presupuesto actual resta competitividad en un mercado global donde muchos destinos compiten por los viajeros. Hoy los consumidores buscan acumular experiencias antes que bienes. Destacan dos segmentos clave: los jóvenes profesionales, atraídos por visados para nómadas digitales, y la «economía plateada», compuesta por jubilados con alto poder adquisitivo y tiempo disponible. Chile tiene una oportunidad enorme porque nuestra oferta encaja perfectamente con lo que demandan.

— ¿Todo esto ayuda a fortalecer la marca país, o eso va por otro carril?

— Todo está integrado. Trabajar bien la marca país impacta de manera directa en las exportaciones, la inversión y el turismo. Es crucial posicionarnos como un destino seguro, serio y diverso. Por ejemplo, en el contexto latinoamericano deberíamos ser un referente en el turismo de congresos e incentivos. Contamos con la infraestructura adecuada para atraer a este viajero, que gasta más que el promedio y suele extender su estadía para recorrer el país.

—¿Cuáles son hoy las principales preocupaciones de los gremios que deberían abordarse en el corto plazo?

— Nos preocupa el crecimiento de la informalidad, la cual debemos combatir porque afecta la calidad de la oferta. La seguridad también es prioritaria, pues un destino seguro atrae más visitantes. Asimismo, necesitamos destrabar la permisología: la complejidad para ejecutar proyectos lleva a que algunos inversionistas busquen otros mercados. Para nosotros, combatir la informalidad, agilizar los permisos y contar con un presupuesto de promoción competitivo son tareas urgentes.

— En Fedetur impulsan estrategias de equidad de género. ¿Qué flexibilidades consideran prioritarias para avanzar en la inserción laboral efectiva?

— Cerca del 50 % —e incluso un 56 % en algunas regiones— de las personas que trabajan en turismo son mujeres. Esta industria genera mucho empleo en dos sectores clave: mujeres y jóvenes. Por eso apoyamos con fuerza el proyecto de adaptabilidad laboral del Gobierno.

El turismo opera cuando el resto del país descansa, por lo que no puede regirse por las mismas normas que otros sectores. Hoy, la rigidez laboral y el alza de costos impiden que las pymes mantengan su oferta en los horarios que la demanda exige. Los países referentes en turismo cuentan con marcos laborales diferenciados acordes a la naturaleza del sector.

— Has impulsado el turismo desde tu época de diputada y ahora en Fedetur. ¿Descartas volver a la política en el futuro?

— En la vida nada es definitivo, pero hoy estoy muy contenta aportando desde el sector privado con mi experiencia en el sector público. Aunque persisten brechas, hemos avanzado bastante respecto a lo que ocurría hace 15 años, cuando me tocó participar en la ley que creó la Subsecretaría de Turismo. Hoy hay mayor conciencia sobre el valor de esta industria para el desarrollo y la generación de empleo en tiempos de automatización. Es un sector virtuoso que genera orgullo y valoriza nuestro territorio.

— Por último, si tuvieras que elegir una región del país desaprovechada o que se pudiera potenciar mucho más, ¿cuál sería?

— Es una pregunta difícil porque he recorrido el país de norte a sur y no deja de asombrarme. Sin embargo, en términos de desarrollo y proyección comercial, la Región de Aysén tendrá un crecimiento muy relevante en la próxima década. Nos ayudará a consolidar la oferta de la Patagonia chilena, un sello único con alta demanda internacional. Argentina lo ha trabajado bien y en Chile tenemos una gran oportunidad para consolidar esta macrozona junto a destinos como Torres del Paine y Los Lagos.

— Además, es una de tus favoritas, según vi en otra entrevista.

— En realidad me encanta todo el país: Conguillío, San Pedro de Atacama, Rapa Nui… Pero desde la perspectiva comercial y de desarrollo futuro, la Región de Aysén va a crecer de manera muy significativa y fortalecerá fuertemente la marca Patagonia.

Una de las postales que ofrece la Región de Aysén, una de las zonas que crecerá de manera significativa en la perspectiva comercial, según la presidenta de Fedetur.

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