Secciones
Entrevistas M

Isabel Plá: “La prosperidad nunca se explica sola”

La exministra de la Mujer y exvicepresidenta de la UDI, actual presidenta de la corporación Somos Mujeres por Chile, columnista de El Mercurio y panelista de 13 radio, una de las figuras femeninas más importantes del segundo período de Sebastián Piñera, analiza el momento de “las derechas”, el rol del Gobierno y del PDG en el escenario actual y denuncia cómo se han ido perpetuando los malos modales en la política.

Domingo por medio, Isabel Plá publica una columna en “El Mercurio” en la que analiza distintos temas de actualidad. Siempre directa, la exministra de la Mujer se ha transformado en una voz más que autorizada a la hora de entender qué está pasando con las derechas —en plural— y también con el momento político del país.

Sentada en una oficina de la Fundación Piñera Morel —donde trabaja en su archivo—, mientras habla no para de tocar los distintos objetos que están sobre la mesa. Pareciera que necesita tener sus manos ocupadas. No por nada uno de sus pasatiempos favoritos es tejer. El otro es leer, para lo cual intercambia libros de política y de literatura. “Hace poco terminé una novela de Arturo Pérez-Reverte que me fascinó, la primera que leo de él: Hombres buenos. Es una novela estupenda, ambientada a fines del siglo XVIII en Madrid. Este año ha sido especialmente lector para mí. Además, tuve la suerte de acompañar a Magdalena Piñera en la edición del libro Sebastián Piñera Echenique en 50 voces globales. Ahí tuvimos que leer mucho sobre cada una de esas voces”.

Hablando del expresidente Piñera, dice que extraña su capacidad de ver el presente y el horizonte de Chile. “Se necesita cierto talento para exponer cómo es el presente del país, cuál debiera ser el horizonte y cuáles son los caminos para llegar a él. Esa capacidad de fijar metas y reiterarlas en el tiempo contribuyó mucho a la unidad de la derecha en su momento, y creo que es algo que debiera estar presente en el escenario de las derechas de hoy, que son más amplias, con mundos que no participaron de esa era piñerista. Además, extraño su capacidad para entender el mundo de hoy y adelantarse a él. Yo trabajo en su archivo desde hace un año y es impresionante darse cuenta cómo él hablaba de la natalidad y del envejecimiento de la población en los años 90”.

—Sobre las derechas, ahora que se habla de ellas en plural, ¿dónde está hoy la derecha tradicional? ¿Se siente cómoda con este gobierno, con esta unión de partidos que lo respaldan pero donde también hay conflictos?
“Hay varias claves. Partamos por Chile Vamos: creo que es importante reconocer que fue una marca y un paraguas político y electoral que ya no existe. ¿Qué existe hoy? Una relación histórica entre la centroderecha y la derecha. Históricamente la derecha era la UDI y la centroderecha era Renovación Nacional. Eso sigue existiendo. Pero hay otras dos claves importantes. Primero, la derecha a la que yo pertenezco tiene pendiente hacer una reflexión profunda, seria, y no solo electoral, respecto de por qué, por segunda vez consecutiva, su opción presidencial no pasó a segunda vuelta. En segundo lugar, me ha llamado la atención positivamente cómo Renovación Nacional, la UDI y Evópoli han mostrado disposición y colaboración con el gobierno. Políticamente no cabe duda de que el gobierno está sostenido en los liderazgos de los ministros Claudio Alvarado y José García Ruminot. Sin embargo, siento que son tratados —no por el gobierno ni por el Presidente Kast, que ha ido armando un equipo fuerte— como convidados de piedra por los partidos que lo acompañaron originalmente, básicamente el Partido Republicano y los Social Cristianos”.

—¿Cómo ve a esas otras derechas?
“Las veo en la cancha chica, en el camarín; no las veo con voluntad de ayudar al gobierno a trazar una hoja de ruta de largo plazo. No las veo disponibles para preguntar: Presidente, ¿qué hacemos?, ¿a quiénes más sumamos?, ¿cuáles son los desafíos que tiene Chile —no solo el gobierno— en cuatro, ocho o doce años? Las veo generando ciertas canchas morales bastante deprimentes, poniéndole palitos en la rueda al gobierno de Kast, enredando la conversación. Y eso que tenemos por delante años no electorales, una gran oportunidad para salir de la calculadora electoral —que es legítima, porque la política se mide con votos— y consolidar un gran proyecto para Chile que tome más de cuatro años”.

—La pregunta es cómo se mantiene la unidad durante todo este tiempo para que no ocurra lo que pasó con la izquierda, que terminó fracturada, pasándose cuentas.
“Una clave práctica es que no tenemos elecciones hasta 2028, o sea, hay un año y medio por delante. Eso da tiempo para generar complicidad en el buen sentido: estamos todos en este barco, queremos que llegue a un mejor destino para Chile, y cada uno tendrá que remar donde le corresponda. Está el barco, pero todavía falta que los marineros comprendan cuál es la misión. Tenemos tiempo para hacerlo. Y el liderazgo, no cabe duda, tiene que encarnarlo el Presidente Kast. Pero me llaman la atención algunos elementos. Por ejemplo, no he visto una foto de todas las bancadas parlamentarias en Cerro Castillo junto a él. Tenemos años por delante para ordenar eso, para construir un relato, una narrativa, y ofrecerle al país un proyecto a partir de este gobierno. Para generar esas complicidades y esas confianzas hay que pensar en lo que costó armar Chile Vamos, con partidos que habían convivido veinte, veinticinco años. Acá estamos hablando de partidos que conviven apenas desde el 11 de marzo de este año. Se necesita un trabajo importante”.

—¿Le falta liderazgo al Presidente?
“Creo que él sabe que lo tiene. No formo parte de los núcleos donde se toman las decisiones, pero tengo la impresión de que toma cierta distancia de todo lo que pueda leerse como exclusivamente político o, como dicen los argentinos, de la rosca”.

—También se ha dado el fenómeno de los caudillismos.
“Sí, y se ponen agendas propias encima, ya sea para figurar o para hablarle a la base electoral. Los liderazgos de los partidos también tienen que llamar al orden, con un horizonte”.

—Mucho se ha hablado de quién pone la música. El Partido de la Gente dice que la han puesto ellos. ¿O son los libertarios, como sostiene Kaiser?
“Es interesante. Creo que los DJs fueron compartidos, y en buena hora, en distintas etapas. La música de fondo la pone, por supuesto, el gobierno, y creo que ahí tiene mucho que ver el ministro Quiroz, a quien no conozco personalmente, pero observo que, si bien no tiene mayores habilidades políticas, sí las tiene en el ejercicio del poder y para instalar una hoja de ruta. La música de fondo la pone el gobierno, y hay distintos capítulos, como diría alguien de la ópera, distintas arias. El Partido de la Gente, no cabe duda, estableció ciertas banderas que permitieron que el proyecto clave se aprobara en la Cámara. Pero hay una escena que no podemos olvidar. No es el PDG desde la Cámara de Diputados o desde la Plaza de la Constitución con un cartel exigiéndole algo al gobierno: es Parisi reuniéndose con Quiroz varias veces. Es Pamela Jiles reuniéndose con Alvarado. Es esa música programada la que permite avanzar, y eso está muy bien”.

—Al buscar los acuerdos, sobre todo con el PDG, ¿no hay un riesgo de entregarle demasiado poder a Parisi, que se muestre como el único y gran facilitador?
“Los poderes no se entregan, se ganan. Ellos tienen una bancada con 14 diputados y votos que son relevantes: se ganaron un lugar importante en esta legislatura, en la que el oficialismo está en el filo de una mayoría, pero va a necesitar cruzar muchas veces a buscar otros apoyos. El PDG es una expresión muy nítida de cuán excluido se sentía un sector importante de la clase media emergente e ilustrada de las decisiones que se tomaban en política. Los partidos tradicionales —y hablo desde la derecha— en reiteradas oportunidades les negaron a esas personas la posibilidad de ser candidatos a diputados o senadores. Está el caso de Zandra Parisi: yo la conozco mucho, porque ella era dirigente de la UDI en los años noventa, y trabajamos juntas como diez años. Ella quiso ser candidata a concejala por Peñalolén en 2012 y la UDI le dijo que no; en su lugar pusieron de candidata a Carla Ochoa. Ahí uno se da cuenta de qué es el Partido de la Gente: personas que fueron desechadas o excluidas por distintas fuerzas políticas y encontraron ahí un espacio para su aspiración de poder. Y cuando se gana ese poder y la ciudadanía entrega ese mandato, también hay una responsabilidad. Franco Parisi tiene que demostrar que tiene capacidad de organizar equipos, que ya no está en ese discurso populista que sinceramente me chirriaba en los oídos. Y su bancada tiene que demostrar responsabilidad fiscal y de igualdad ante la ley”.

Buenos y malos modales

—En su última columna en “El Mercurio” sobre los buenos y malos modales en política, plantea que tanto la derecha como la izquierda han llegado a la misma conducta vociferante. ¿Qué tipos de comportamientos hoy pesan más en la política chilena?
“No lo dejemos solo en los extremos: hay vociferación también en sectores que no son extremos, como el diputado Manoucheri y la senadora Ciccardini, en el PS. También lo he visto en mi propio partido y en RN. Ahora, los verdaderos especialistas en vociferación son esas nuevas derechas e izquierdas más radicales. Eso pesa mucho, pero no es de ahora: es un fenómeno mundial que se está estudiando porque afecta a la democracia, y cuando se afecta la democracia se afectan también las condiciones de vida, el crecimiento, la separación de poderes. Las sociedades empiezan a enfrentar nuevas amenazas, porque una política sin forma y sin fondo es pura consigna y populismo”.

—¿Ejemplos?
“El tema de los retiros fue un ejemplo importante, ya que fueron impulsados por la vociferación, la irresponsabilidad y, por cierto, muy malos modales. Yo llamaba a algún diputado y le preguntaba: oye, ¿por qué vas a votar a favor? Y me contestaba: es que si no me matan en redes sociales. Me lo dijeron muchas veces. Los buenos modales, el comportamiento, la forma en política son muy importantes, porque además siempre hay que pensar que las personas que están en cualquier poder del Estado, en las municipalidades o en los gobiernos regionales, tienen mucha visibilidad y son un espejo para la ciudadanía”.

—Pareciera que a mucha gente en política le cuesta distinguir entre el escaño y la silla de streaming.
“Son espacios distintos. Las campañas son una cosa, pero además veo una responsabilidad de los partidos políticos, que han perdido autoridad en sus filas. A un presidente de partido o una directiva no puede darle lo mismo si sus alcaldes y concejales tienen un discurso destemplado. Jaime Guzmán decía que hay que ser implacable en los argumentos pero gentil en la forma, apelando a la dignidad de la persona. También creo que es importante lo que hizo Paulina Vodanovic cuando llamó al orden a una senadora de sus filas que, cinco días después de asumido el gobierno, le pedía la renuncia al ministro de Hacienda. Los partidos políticos son muy responsables del debilitamiento de la democracia y de las instituciones y tenemos que ser muy exigentes y críticos con ellos, con todos, aunque a mí me importan especialmente los de mi sector”.

Empleo y desafíos

—Tras la tramitación de la reforma pareciera que el gobierno encontró ciertos vientos favorables, sin embargo, el camino sigue cuesta arriba, sobre todo por el tema del empleo.
“Tenemos una situación mundial difícil, y una situación en Chile compleja, pero con horizonte. Es compleja porque los cuatro años anteriores fueron muy malos en lo económico y estructuralmente en materia de empleo —eso ya es casi cosa juzgada— y además se profundizó el deterioro fiscal. La ley de Reconstrucción ya está prácticamente aprobada, pero el desafío está en implementarla: el solo hecho de promulgar una ley no va a disparar el Imacec ni a bajar el desempleo, aunque genera condiciones. El gobierno tiene harta tarea por delante para que esa ley se traduzca en crecimiento; su sola promulgación ya envía una señal importante, pero no basta, porque enfrentamos el encarecimiento del empleo y todo el análisis que ya se ha hecho sobre las razones por las que el desempleo alcanzó niveles históricos en los últimos treinta años. Pero también enfrentamos realidades globales: primero fue la automatización en los últimos cinco o seis años, y hoy es la inteligencia artificial. El gobierno tiene ahí una tarea muy importante: acercar a la gente que busca empleo a esas posibilidades”.

—Ahí el desafío de la derecha es tener un discurso sobre los temas del futuro. No sé si se ha discutido lo suficiente el cambio del escenario del trabajo.
“Uno de los déficits que tuvo la derecha chilena desde 1990 en adelante fue pensar que el progreso y la prosperidad se explicaban solos. Hoy, aunque tengamos crecimiento y empleo, hay que seguir explicándoles a los chilenos que son las reglas del libre comercio, de la libertad económica, de la focalización y de la responsabilidad fiscal las que permiten esto. La prosperidad nunca se explica sola. Y creo que la derecha, aun teniendo las ideas más consolidadas respecto de qué hace prosperar económica y socialmente a un país, nunca ha desarrollado una narrativa coherente que conecte con la gente. El que sí lo hacía era Sebastián Piñera. Era doctor en Economía, un tema que lo apasionaba; en sus dos gobiernos implementó políticas públicas muy importantes, pero además lograba explicar con sencillez, en un lenguaje masivo, las razones detrás de ciertas decisiones. La derecha está al debe en armar una narrativa que conecte con las expectativas de la gente. La gente quiere prosperar, y prosperar forma parte de sus anhelos de felicidad: no es solo tener más plata, es también una satisfacción familiar y personal. La prosperidad tiene una profundidad subjetiva. Nos falta eso; la izquierda sí lo tiene, para explicar la otra parte”.

—Usted fue ministra de la Mujer, y hoy el desempleo femenino está en una cifra muy alta.
“Está sobre el diez por ciento. Cuando yo era ministra estaba en el siete u ocho por ciento. Después llegó la pandemia y se disparó; luego retrocedimos, porque el primer trimestre de 2022 el desempleo femenino era del 7,5%, y desde ahí fue subiendo, subiendo”.

— ¿Cómo se revierte eso? ¿Qué tan necesaria es, por ejemplo, la ley de Sala Cuna, que pareciera que ahora sí va a salir?
“El empleo femenino forma parte de un panorama más grande, que es el empleo en sí. Cuando el desempleo general crece, el desempleo de las mujeres también crece: está indexado a las oportunidades económicas y a la inversión en el país. Pero el desempleo femenino siempre es más alto, incluso cuando tuvimos casi pleno empleo en 2011 y 2012, porque está asociado a otros elementos que tienen que ver con el cuidado de la familia, pero también con temas culturales, como mirar a la mujer como una potencial generadora de problemas laborales. La ley de Sala Cuna es muy importante, porque la regulación actual —el artículo 203 del Código Laboral— es un candado a la puerta del empleo: tiene un incentivo a no contratar porque eleva el costo para el empleador al contratar a la trabajadora número veinte. Esa trabajadora número veinte quizás está en una edad no reproductiva y no va a tener hijos, pero las diecinueve restantes sí podrían, y eso hace que muchas empresas chicas y medianas prefieran quedarse en diecinueve trabajadoras para no asumir el costo de una sala cuna. Reformar esto no crea empleo por sí mismo —hay que tenerlo presente—, pero va a permitir que las mujeres compitan en mayor igualdad con los hombres por un empleo, y eso es una señal importante para el mercado”.

—Hay otros temas que han generado ruido últimamente, como el proyecto sobre aborto de los libertarios. ¿Qué le ha parecido?
“Yo rechazo todas aquellas propuestas que buscan un atajo. La prevención de los abortos, la disminución de los abortos, la posibilidad de que las mujeres tomen otra decisión, no se logra por ley ni por decreto ni por cambios constitucionales. Tiene que haber un cambio cultural, y eso toma tiempo. A quienes impulsan este tipo de proyectos les ha costado entenderlo: castigar socialmente a las mujeres que no quieren escuchar el latido de su ser en gestación no genera cambios reales. No quiero usar la palabra batalla, pero esto tiene que asumirse como un proceso de largo plazo, con humanidad, con inteligencia, pero también comprendiendo las razones por las que las mujeres optan por un aborto. El aborto en Chile, además, es restringido a tres causales. Cuando se plantean cambios legislativos en materias tan sensibles, es muy importante hacerlo bien, hacerlo por arriba. Dudo del interés real que tienen los autores de ese proyecto en ayudar a las mujeres o en evitar abortos, porque si así fuera, habrían trabajado con el Ministerio de Salud, con el de Educación, con el de la Mujer. Más bien tiendo a pensar que lo que buscaban era provocar de alguna manera al gobierno, desafiarlo, pararse desde un lugar de superioridad moral frente a sus electores. Y eso es una doble falta: la utilización de un tema muy sensible y a la vez muy complejo”.

Notas relacionadas








Isabel Plá:

Isabel Plá: "La prosperidad nunca se explica sola"

La exministra de la Mujer y exvicepresidenta de la UDI, actual presidenta de la corporación Somos Mujeres por Chile, columnista de El Mercurio y panelista de 13 radio, una de las figuras femeninas más importantes del segundo período de Sebastián Piñera, analiza el momento de “las derechas”, el rol del Gobierno y del PDG en el escenario actual y denuncia cómo se han ido perpetuando los malos modales en la política.

Felipe Ramos
Una sospecha selectiva

Una sospecha selectiva

En Chile existen sectores que defienden la dictadura cubana o que, durante la primera Convención Constitucional, estuvieron dispuestos a quebrar el orden institucional, sin que por ello recibieran de los suyos la etiqueta de ultraizquierda. Si la preocupación fuera realmente la democracia, se juzgaría con la misma severidad.

Foto del Columnista María José Naudón María José Naudón


El catequista del mercado

El catequista del mercado

Kast le da la razón a Norberto Bobbio: mientras la izquierda piensa que la desigualdad es artificial y, por tanto, injusta, la derecha cree que forma parte del orden natural de las cosas, no necesariamente porque así lo haya querido Dios, sino porque refleja un legítimo diferencial de talento, esfuerzo y mérito.

Foto del Columnista Cristóbal Bellolio Badiola Cristóbal Bellolio Badiola