Hoy LinkedIn se transformó en un canal estratégico para construir reputación y capital profesional. Quien no participa activamente en esta red corre el riesgo de perder oportunidades claves para visibilizar su trabajo y proyectar su carrera. En ese escenario, las mujeres juegan un rol determinante en la redefinición del liderazgo corporativo.
Nombres como: Magdalena Piñera, Gina Ocqueteau, Gabriela Gurovich y Dominique Rosenberg suenan fuertes como referentes de este cambio inspiracional. ¿El factor común que las ubica entre las más influyentes de la plataforma? El storytelling: una herramienta clave para potenciar perfiles no solo publicando hitos, sino conectando desde relatos auténticos y con propósito.
En conversación con Andreina Guariguata, especialista del equipo de Reputación Digital de la agencia Alta, analizamos las claves del crecimiento en LinkedIn, la humanización de los relatos ejecutivos y el impacto de esta red social para visibilizar las brechas de género en los altos cargos.
—Andreina, durante mucho tiempo se vio a LinkedIn como una plataforma para buscar únicamente trabajo o acumular contactos. ¿Cómo ha evolucionado esta mirada?
—LinkedIn ya no es una vitrina de currículums. Es, básicamente, el canal donde las personas están construyendo su marca personal y su camino profesional. Hay que entenderlo como un medio de comunicación en el que la idea no es ser visible por ser visible, sino por algo concreto. Funciona para amplificar el valor y la trayectoria que construyes fuera de la plataforma.
—¿Cuáles son las principales claves para que un profesional use esta red como un trampolín de crecimiento laboral?
—Es importante preguntarse algunas cosas antes de empezar. Lo primero es definir el por qué y para qué quiero construir mi reputación. En segundo lugar, identificar a quién le voy a hablar, porque no todos quieren o necesitan verme. El tercer punto corresponde a saber qué tengo para aportar, eso que me hace diferente desde mi experiencia.
Y existe una cuarta clave que es perder el miedo y comenzar a participar, porque LinkedIn es una red social en donde la interacción constante pesa más que una sola publicación. Esta no es una plataforma ansiosa, que te exija publicar todos los días. Basta con un par de posteos al mes muy bien pensados y dedicarle tiempo a comentar, responder y generar una red real.
—Si alguien está en búsqueda activa de empleo, ¿de qué manera puede comunicar su experiencia y talento sin que su perfil se perciba únicamente como una solicitud de trabajo?
—Es muy importante que en este proceso se deje de lado la ansiedad, porque acá lo importante es la consistencia más que la intensidad. No hace falta que estemos publicando todos los días ni a toda hora.
Si eres un profesional que está buscando trabajo, puedes hacerlo sin la necesidad de decirlo explicitamente. Basta con abordar las áreas o industrias en las que te gustaría estar, compartir tus conocimientos y visiones sobre la materia, y así comenzarás a conectar de forma natural con los líderes de esas organizaciones.
¿Qué peso tienen hoy las métricas tradicionales como la cantidad de seguidores o impresiones al momento de medir si se está construyendo una reputación sólida?
—Depende de tu objetivo, pero si hablamos de reputación pura, la cantidad de seguidores es la métrica menos importante. LinkedIn no es para acumular likes ni volverse viral, sino para posicionar tu capacidad profesional. Es preferible que un posteo lo vean solo 20 personas, pero que sean los stakeholders o contactos clave con los que necesitas conectar, a tener miles de impresiones que no se traduzcan en nada. La métrica real es cuántas conversaciones o “cafecitos” logras llevar fuera del espacio digital.
—Ustedes desarrollaron junto a WomUp un ranking sobre las chilenas más influyentes en la plataforma. ¿Qué distingue la forma en que las mujeres lideran y comunican en LinkedIn respecto a los hombres?
—Hay una diferencia sustancial. Históricamente, en los cargos de alta dirección, el perfil masculino ha tendido a comunicarse de manera más individual o como “islas”, usando la red para amplificar hitos corporativos o corporativos institucionales.
En cambio, el comportamiento de las ejecutivas es mucho más de red y comunidad. Hay un reconocimiento al trabajo en equipo, se habla desde la experiencia y hay una fuerte humanización de sus historias profesionales. Muestran el esfuerzo, el camino recorrido y los sacrificios. Un ejemplo claro es el de Gina Ocqueteau, a quien muchos ven como una alta ejecutiva inalcanzable de la minería, pero que en sus publicaciones ha compartido abiertamente que comenzó su carrera como enfermera, un dato muy poco conocido. Esa vulnerabilidad y autenticidad genera una inspiración real y la gente quiere ver y sentir esa cercanía.
¿Existe aún cierto recelo o temor en las ejecutivas al momento de exponerse en una red profesional, especialmente por cómo pueda reaccionar la empresa que representan?
—Sí, existen delgadas líneas y cuidados que muchas ejecutivas deben manejar. Al estar en LinkedIn no solo hablas a título personal, sino que representas a una empresa detrás. Hemos visto casos donde abordar ciertos temas o problemáticas de la industria genera aprensiones internas. Sin embargo, la clave está en el tono: abordar los debates siempre desde lo profesional, con datos y experiencias constructivas, evitando caer en la victimización y utilizando la plataforma como un canal de liderazgo y no de conflicto.
—¿Permite esta visibilidad reducir o al menos visibilizar las brechas de género que persisten en los directorios y la alta gerencia?
—Más que reducir la brecha de forma automática, la visibiliza y abre el debate desde el ámbito profesional. Muestra que una mujer puede ser madre, enfrentar un posnatal y, al mismo tiempo, liderar la empresa más importante del rubro. Ayuda a derribar estigmas y permite que otras profesionales encuentren modelos a seguir y entiendan cómo abrirse paso en espacios que históricamente han sido masculinos.
—Con los cambios que ha experimentado la plataforma desde la pandemia, ¿dónde debe ponerse el límite entre lo profesional y la vida personal?
—El límite lo pone cada persona, pero siempre debe enfocarse hacia el aprendizaje. En pandemia se abrió mucho la puerta a lo personal porque trabajábamos desde casa, pero los ajustes de algoritmo buscaron rescatar el carácter profesional. Si vas a contar algo de tu vida privada —por ejemplo, cómo vives un posnatal o un beneficio laboral—, el valor está en compartir cómo afrontas ese proceso y qué aprendizajes deja para tu entorno de trabajo, no en mostrar aspectos íntimos sin un propósito.
—Finalmente, ¿qué recomendación le daría a alguien que está partiendo desde cero en la red?
—Que entienda su perfil como una mini nota de prensa. Las tres reglas básicas son: publicar contando historias desde tu experiencia, conectar estratégicamente con referentes de tu área e interactuar activamente con comentarios constructivos en las publicaciones de otros. La visibilidad no depende del número de seguidores, sino de la relevancia del mensaje y de la capacidad de llevar esas conexiones digitales a conversaciones reales.