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La arrolladora melancolía del regreso de Aimee Mann

“El regreso de la cantautora estadounidense es sencillo y poco pretencioso, básicamente es su voz, su guitarra acústica, un pianito y uno que otro arreglo de cuerdas por aquí o por allá”.

Buenos compositores hay por doquier, sin embargo son pocos o pocas bien digo, las que saben contar historias desgarradoras con la dulzura que lo hace ella. Arjona quisiera la mitad de tacto y delicadeza que le sobra a Aimee Mann para escribir canciones. Tras cinco años sin publicaciones musicales, la cantante de cincuenta y siete años está de regreso con Mental Illness.

Mann es dueña de una voz que suena en nuestros inconscientes hace más de treinta años. Durante los ochentas formó parte de la banda new wave Til Tuesday. A pesar de publicar tres discos, sólo una canción se convirtió en hit, la clásica “Voices Carry” (1985). Un par de años después cada integrante tomó su camino y la rubia compositora empezó su carrera como solista con un par de entregas que no tuvieron mayor repercusión en una escena musical noventera dominada por el grunge y el britpop. Todo cambió cuando Paul Thomas Anderson la convocó para que trabajara en la banda sonora de la inolvidable película Magnolia (1999). El mundo entero quedó paralizado ante aquella conmovedora interpretación que nos repetía una y otra vez: it’s not going to stop, til you wise up”. Y no sólo con “Wise up”, el citado soundtrack además incluye las obras mayúsculas “One”, “Deathly” y para qué hablar de “Save me”.

Gracias a lo anterior Aimee Mann se transformó en la nueva sensación del pop rock alternativo norteamericano. En la actualidad su catálogo está compuesto de nueve discos, de los cuales se destacan Bachelor No. 2 (Or, the last remains of the Dodo) (2000) y The Forgotten Arm (2005) además del magnífico registro en vivo Live at St. Ann’s Warehouse (2004).

El regreso de la cantautora estadounidense es sencillo y poco pretencioso, básicamente es su voz, su guitarra acústica, un pianito y uno que otro arreglo de cuerdas por aquí o por allá. El arranque con “Goose snow cone” es dulcemente nostálgico para continuar con “Stuck in the past” que habla de aquellos momentos del pasado en donde pudimos haber hecho o dicho algo y no lo hicimos. Después llega como un rayo al corazón “You never loved me”, cuyo título lo dice todo. Así, transitamos por un viaje de emociones suavemente oscuras que dialogan con la sensibilidad única que la artista es capaz de transmitir.

Mental Illnes es triste y solitario, para ser escuchado en el calor del hogar con alguien muy amado y ahuyentar los fantasmas del pasado. Es un disco íntimo que logra conectarnos con la profundidad de nuestro ser. Las once canciones, a pesar de ser directas y con temáticas dolorosas, se transforman en melodías capaces de llevarnos a estados reflexivos y esperanzadores. Bendita melancolía.

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