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Comprometidos para luchar contra la pobreza multidimensional

“Sin embargo, una de las dimensiones más importantes tiene que ver con la ética, porque aquellos que menos tienen también nos tienen que importar”.

La pobreza multidimensional se entiende como un concepto que va más allá del nivel de ingresos para la satisfacción de necesidades, sino más bien como personas que tienen carencias en las dimensiones de educación, salud, trabajo, seguridad social, vivienda y cohesión social.

Ver la pobreza desde esta perspectiva aumenta considerablemente la cantidad de individuos que la padecen -alcanzando a más de 20% de la población, muy por sobre el 8,6% que arrojó la CASEN del 2017 respecto a la pobreza por ingresos-, pero también permite atender la vulnerabilidad de manera más integral. Es así como el Gobierno diseñó el programa Compromiso País, con el objetivo de llegar a los grupos más vulnerables, aunando los esfuerzos y conocimientos del mundo público y privado, académicos y la sociedad civil.

De esta manera, la metodología de trabajo consiste en la creación de mesas intersectoriales que consideran temas como la falta de agua potable y servicios básicos, violencia intrafamiliar y violencia de género, personas en campamentos o hacinamiento crítico, adultos mayores con discapacidad y dependencia, escolaridad incompleta en adultos, cesantía, personas en situación de calle y reinserción laboral.

La idea es trabajar, en el plazo de un año, cada una de estas mesas generen propuestas que permitan resolver las problemáticas detectadas en el mapa de vulnerabilidad que realizó Desarrollo Social durante el año pasado, y que se relevan en cada una de las mesas intersectoriales.

Datos oficiales nos restriegan en la cara que en el país hay 29.642 hogares sin luz, la mayoría de ellos en las regiones de Los Lagos y La Araucanía. Otro problema es el agua, pues casi medio millón de chilenos -el 8% de la población-, no cuentan con servicios sanitarios ni conexión a la red pública de agua potable, lo que no garantiza un servicio de excelencia pues ya sabemos cuál es la realidad de los habitantes de Osorno por estos días.

La pobreza estanca el desarrollo y promueve los males sociales. Hacerse cargo de ella influye directamente en disminuir -o evitar- la delincuencia, drogadicción, violencia intrafamiliar, entre otros. Sin embargo, una de las dimensiones más importantes tiene que ver con la ética, porque aquellos que menos tienen también nos tienen que importar. Abordar esta problemática desde ambas perspectivas, sin duda, nos acercará a ser un país de clase media.

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