Basta un voto para que la pesadilla se transforme en realidad

Jadue propone irresponsablemente aumentar aún más la carga tributaria, estableciendo tributos confiscatorios, que harán que los dueños de capital chileno se vayan y quedemos a merced de los chinos y/o extranjeros que compren esas empresas. Quizás ese y no otro sea su objetivo.

Por Christian Aste Abogado › Actualizado: 13:12 hrs
"Pero lo más grave de Jadue y que lo hace un candidato peligroso para todo lo que hemos construido, es que no defiende el orden público". AGENCIA UNO/ARCHIVO
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No es mi intención descalificar el programa de un candidato presidencial. Menos el que pertenece a un partido que solo le anima representar al precariado, el que como sabemos ha sido la principal víctima de nuestro sistema económico.

Si esa fuera mi intención, esto es, descalificar al candidato Jadue, había partido por enrostrarle qué hizo su partido con los estudiantes que se endeudaron para cursar una carrera en la universidad que ellos administraban, o lo habría interrogado respecto de cómo se explica el que en su programa se oponga a que la propiedad pueda defenderse judicialmente, en circunstancia que su partido hizo valer esas acciones, contra quienes osaron cuestionar sus derechos. Le preguntaría si está de acuerdo con las acciones violentas contra el Estado Judío, y si él sirvió a las milicias palestinas, y si es así, si lo hizo también por Chile.

Pero nada de eso haré, porque no dudo de su honestidad. Menos de su consecuencia. El diagnóstico que hace sin duda es acertado, porque la gente está cansada de los abusos, de la segregación y de las trampas del modelo. No puede ser que después de trabajar una vida, las personas tengan que vivir de la beneficencia y poner cara de víctima para tener derecho a algo. Muchos terminan sus días en asilos, sin visitas, y sólo dependiendo de la bondad ajena. Esa realidad, sin embargo, se acentúa y no se reduce con las ideas que el candidato en cuestión propone, el que -subrayo- goza de un innegable carisma y de una locuacidad envidiable.

Las personas son naturalmente distintas. Cada persona es un mundo, con objetivos, ideas y experiencias propias, que hacen que cada uno sea único. El modelo económico que regula la convivencia, cuando es democrático parte por reconocer y respetar esa individualidad. Eso significa asumir que hay personas que nacen con ventajas – físicas, intelectuales y/o de entorno -, y que es deber del Estado no eliminar esas ventajas. No se puede pretender que el Bombo Fica deje de ser gracioso. Lo es, naturalmente. Tampoco que Medel, Vidal, Sánchez o Marcelo Ríos, dejen de ser lo talentoso que son. Eso es imposible. Lo que debe hacer el Estado en una democracia es lograr que los talentos emerjan y que las oportunidades existan para todos. Su deber también es lograr que los que menos tienen obtengan el apoyo que requieren para acceder a una vida digna.

En esa ecuación es condición necesaria que los ricos, talentosos o no, existan. Ojalá que muchos, porque solo si eso ocurre, habrá suficiente recaudación para ayudar con el gasto social a los que menos tienen, sea para que puedan exhibir los talentos que ostentan y que no han sido descubiertos, o simplemente para que vivan mejor de cómo viven. 

Esto que es de perogrullo, resulta absolutamente obviado en el programa del candidato comunista Daniel Jadue, quien además de no reconocer que la recaudación se ha incrementado y significativamente el último tiempo, omite hacerse cargo de las ineficiencias del Estado. De hecho, sabiendo o debiendo saber las ventajas que presentan las transferencias directas, nada dice sobre ellas. 

Lo paradójico es que pese al desprecio patológico que tiene contra el capital, centra todo su programa en la necesidad de que exista riqueza para que pueda haber una mayor contribución y por lo tanto un incremento en el financiamiento del gasto público. 

Junto con esta contradicción inexplicable, aduce sin ninguna base empírica que en Chile lo que más tienen no contribuyen del modo que corresponde. Se olvida que aparte del IVA, existen las contribuciones, las patentes comerciales, los permisos de circulación, el impuesto a la renta que pagan las empresas, el impuesto que pagan las personas dependientes (Único de Segunda Categoría) y las independientes (Global Complementario). También de los peajes, el TAG, el impuesto a las herencias y donaciones, el impuesto por los créditos que se piden a los bancos, los impuestos específicos y el impuesto adicional a los productos más caros. Eso sumado a que los más tienen no reciben del Estado ninguna contraprestación – subsidio ni bono – y que se costean por sí mismos su salud, su vivienda, su educación, su transporte y su previsión. Ahora también su seguridad personal. 

Propone irresponsablemente aumentar aún más la carga tributaria, estableciendo tributos confiscatorios, que harán que los dueños de capital chileno se vayan y quedemos a merced de los chinos y o extranjeros que compren esas empresas. Quizás ese y no otro sea su objetivo. 

Afirmar que el Fisco termina haciendo un cheque al final de la Operación Renta y señalar eso como una prueba de su aserto, implica que no entiende nada de cómo funciona el sistema, porque si lo supiera sabría que intertanto el Fisco recibió anticipos contra el saldo final y si devuelve es porque recibió más de lo que debió habérsele enterado. No entender o ignorar algo tan básico, y postular a la primera autoridad de un país, es muy peligroso. Habla de las Pymes, como hermanos gemelos de los más pobres, sin saber o sabiendo pero sin decir, que las Pymes integran la cadena de valor, y que si la gran empresa minera no está, tampoco estará la Pyme. Existen porque existen otros actores con los que interactúan. Es como la persona que vende colaciones. Sólo venderá si hay gente trabajando. Su negocio que es chico, depende de que la gente vuelva a su trabajo. Lo mismo pasa con los vehículos que trasladan gente a los aeropuertos, o los que venden café en las salas de espera. Sin aviones volando, ninguno de esos negocios funciona, por más beneficios que se les den. Esa lógica de enfrentar a los pobres contra los ricos y ahora las Pymes contras las grandes empresas es retrógrado y fatalmente absurdo, y demuestra que a diferencia de las personas, el dogma comunista no aprende de sus errores, ni de sus crisis, ni de sus hambrunas ni de sus autoritarismos.

Pero lo más grave de Jadue y que lo hace un candidato peligroso para todo lo que hemos construido, es que no defiende el orden público. Por el contrario, excusa a quienes pasando por encima de toda la institucionalidad, han impuesto una agenda de impunidad, en la que valiéndose de la destrucción – incendio del metro, robos, saqueos y obstrucción a la libertad-, lograron que el gobierno cediera a cambios en el sistema electoral, los que permitieron que personas absolutamente incompetentes, y que representan listas de menos del 2%, se erijan en los catones del Chile de hoy.