Lo último que se pierde…

Se necesita una coalición de los tres movimientos desde el centro hasta JAK. Porque un posible Gobierno de este necesitará al excelente programa de Sichel y a sus creadores y a las regiones que ubicaron a Parisi en el tercer lugar: en suma, los votos de 27.95%+12,9%+12,69 dan una débil esperanza ganadora de un 53,54% si todas/os aceptan elegir a Kast.

Por Tomás Szasz
José Antonio Kast encabezó las preferencias con un 27,91% de los votos. AGENCIA UNO/ARCHIVO
José Antonio Kast encabezó las preferencias con un 27,91% de los votos. AGENCIA UNO/ARCHIVO
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Ayer, al ver los primeros resultados de la presidencial, pasé este mensaje por WhatsApp a algunos amigos: se cuenta del inmenso actor inglés, sir Charles Laughton, que una noche llegó muy tarde a casa y entró a puntillas para no despertar a su esposa. Ésta, sin embargo, preguntó en la oscuridad “¿eres tú, Charles?”, a lo que él contestó “sí, mi amor. ¿Por qué? ¿acaso esperabas a otro?”

Viendo cómo se desarrollaban los acontecimientos durante los últimos meses, yo tampoco esperaba un resultado muy diferente, pues analizando ahora, ya a la distancia y conocidas las cifras, la sorpresa es apenas sorpresa. Lo último que se pierde es la esperanza (según los pesimistas, la desesperación) y a pesar de las encuestas donde la izquierda sumaba una ventaja de 4 puntos, la suma y resta hoy invierte un resultado final previsible.

Los que me conocen, saben que desde el principio traté de trabajar para el único candidato que representa mis convicciones: Sebastián Sichel. Espero haber aportado aunque sea una piedrita, pero no fue suficiente. No es este el lugar para explicaciones, pero debo decir que, después de las primarias ganadas, la declinación en las intenciones de voto demostró que lo más atrayente es estar en el centro, a no inclinarse hacia ningún lado, al contrario: denostar los extremos. Y el que con mucho menos “trabajo”, sin presencia física y sin grandes movilizaciones demostró esa gran verdad, es Franco Parisi, que con la correcta prédica relegó – esa es la gran sorpresa – a mi candidato del tercer lugar.

La meteórica ascensión de José Antonio Kast al primer lugar, a mi parecer, fue producto del franqueamiento del tándem FA/PC, representado por Boric, pero públicamente manejado por Teillier y Jadue. De repente parece que las y los votantes se asustaron: ¿Me quieren quitar los ahorros? ¿Controlarán los medios? ¿Justifican a Maduro y Ortega? Fueron crasos errores de Apruebo Dignidad. Seguro que moderarán la publicidad en los finales, pero la credibilidad ya menguó y todo hace prever que la derecha se podrá quedar con la Presidencia. Otro cantar es si lo dejarán gobernar. Y ahí por desgracia se me pierde la esperanza. No hablo del Parlamento, donde también se equilibró bastante la balanza. Es la desesperación de la izquierda que tiende a destrozar al país y está preparada para ello. La primera línea está intacta e impaciente a actuar. Los subversivos en la zona de conflicto, más activos que nunca. La inflación parece imparable. Solo una mano fuerte, acompañada por una política agresiva para atraer la inversión extranjera y frenar la fuga de la nacional, podría resultar a mediano plazo.

Aún en el ahora cada vez menos probable caso que Gabriel Boric llegue ser mandatario, la izquierda ya no tendrá la fuerza para la tan mentada refundación. Tampoco tendrá una mayoría decisiva en el Congreso y los resultados del 21/11 hasta pueden afectar la aprobación de una nueva Constitución íntegramente reformista.

Así que decidí, a pesar de ser pesimista, mirar el futuro con esperanza. El país de repente ya no me parece tan polarizado. Sorpresa grata. Comienzo de nuevo a creer en la sensatez de algunos políticos. Nunca vi tan clara oportunidad de tener dos corrientes políticas – cuan los Demócratas y Republicanos americanos – para ostentar el poder y alternarse según sus éxitos y falencias. Falta la sensatez, o por lo menos la expresión pública, de los perdedores de ambos lados: Parisi y Sichel, a pesar de sus comprensibles diferencias con el ganador, sí deben convencer a sus seguidores a votar por JKA en el balotaje. Estoy muy lejos del escenario de conversaciones habidas y por haber entre los tres candidatos y sus comandos. Pero es evidente – como expresé varias veces en mis artículos – que Gabriel Boric, es decir, la gente que lo maneja, no deben, no pueden gobernarnos.

En cambio, una coalición de los tres movimientos desde el centro hasta JAK, sí. Porque un posible Gobierno de este necesitará al excelente programa de Sichel y a sus creadores y a las regiones que ubicaron a Parisi en el tercer lugar: en suma, los votos de 27.95%+12,9%+12,69 dan una débil esperanza ganadora de un 53,54% si todas/os aceptan elegir a Kast. Para ello, sería imprescindible una llamada conjunta de los tres precandidatos y donde el ganador del domingo se comprometiera a formar una coalición. Soñar no cuesta nada. Se los contaré en diciembre.