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REC: ven aquí

El anuncio de un cartel encabezado por Travis, junto a una nutrida presencia de artistas nacionales relevantes, ratifica una línea curatorial que el festival ha ido afinando con los años.

El Festival REC (Rock en Conce) no solo es uno de los encuentros musicales más masivos de Chile: es, sobre todo, un ejercicio sostenido de identidad cultural. Desde su primera edición en 2015, en el Parque Bicentenario de Concepción, el REC ha logrado algo poco frecuente en el ecosistema de festivales nacionales: construir sentido, no solo programación. Hoy, con 11 ediciones confirmadas y una convocatoria que en su versión 2025 superó las 360 mil personas, el REC dejó hace rato de ser una promesa regional para convertirse en un modelo cultural de escala país.

La reciente confirmación de su edición 2026, a realizarse los días 28 y 29 de marzo, no fue menor. Llegó después de una licitación compleja, con cambios administrativos y dudas razonables sobre su continuidad. Sin embargo, el anuncio de un cartel encabezado por Travis, junto a una nutrida presencia de artistas nacionales relevantes, ratifica una línea curatorial que el festival ha ido afinando con los años: un número internacional fuerte -desde Suede hasta Kula Shaker, pasando por Cardigans, Garbage y Ub40, entre otros- que dialogue con una escena local sólida, sin convertir lo extranjero en un gesto aspiracional vacío ni lo chileno en simple relleno.

Ahí está una de las claves del REC. No se trata solo de traer nombres, sino de ponerlos en contexto. Porque Concepción no es cualquier ciudad. Es una zona con una historia musical profunda, formativa, casi estructural para el rock chileno. Desde Los Tres hasta De Saloon, desde Emociones Clandestinas hasta Julius Popper, el Gran Concepción ha sido una cantera creativa permanente. Un festival de este tamaño, entonces, no llega a “activar” un territorio: está obligado a estar a la altura de él.

Y el REC lo ha entendido. Por sus escenarios han pasado artistas como Los Tres, Ana Tijoux, Inti Illimani Histórico, Lucybell, Gepe, Suede, Garbage, Café Tacuba, Julieta Venegas, entre muchos otros. No como una suma caótica de estilos, sino como parte de un relato más amplio: el de una ciudad que se reconoce musical, que se sabe público exigente y que responde masivamente cuando la propuesta tiene coherencia y respeto por su historia.

En ese sentido, el REC también instala una discusión mayor: la descentralización cultural no se decreta, se diseña y se sostiene. No basta con mover eventos fuera de Santiago ni con replicar festivales de verano de lógica municipal. El REC es otra cosa: un proyecto de largo plazo, gratuito, con identidad territorial y con vocación de permanencia. Un formato que podría y debería replicarse en otras zonas del país con historia, público y escena, si existe voluntad política y curatorial real.

Porque cuando un festival logra convertirse en tradición, deja de ser solo un evento. Se vuelve memoria, orgullo y proyección. Y eso, en tiempos donde la cultura suele medirse solo en impactos inmediatos, no es poco. Es exactamente lo que hace falta

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Foto del Columnista Mauricio Jürgensen Mauricio Jürgensen