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Viña Concha y Toro desafía la desaceleración global y apuesta por subir dividendos

La viña chilena cerró 2025 con crecimiento en ventas, impulsada por sus líneas premium, y envió una señal al mercado al proponer un mayor reparto de utilidades junto con la recompra de acciones.

viñas chilenas

En medio de un escenario internacional marcado por la incertidumbre económica y la desaceleración del consumo de alcohol, Viña Concha y Toro logró cerrar 2025 con un desempeño que va a contracorriente. La compañía registró un alza de 1,7% en sus ingresos, consolidando por segundo año consecutivo una expansión en su primera línea, en un contexto donde gran parte de la industria enfrenta presiones tanto en volumen como en valor.

El resultado no es casual. Detrás está una estrategia que ha puesto el foco en la “premiumización” del portafolio, una apuesta que vuelve a mostrar resultados concretos. Las marcas de mayor valor de la viña crecieron 4,3% en ventas, confirmando que, incluso en ciclos de consumo más débiles, los segmentos altos logran sostener e incluso expandir su demanda. En esa línea, etiquetas como Casillero del Diablo continúan siendo un motor relevante, mientras que Don Melchor —su carta en el segmento de lujo— registró un salto especialmente significativo, evidenciando el potencial de crecimiento en nichos más sofisticados.

“El desempeño de 2025 refleja la solidez de nuestra estrategia”, sostuvo el gerente general, Eduardo Guilisasti, quien subrayó que la combinación de un portafolio robusto, un modelo de negocio integrado y una red de distribución global ha permitido sortear un entorno particularmente desafiante. La lectura es clara: más que resistir el ciclo, la compañía busca capitalizarlo.

En paralelo a estos resultados, la viña decidió dar una señal directa al mercado financiero. El directorio propondrá elevar la distribución de dividendos al 50% de las utilidades, por sobre el 40% que ha sido su política habitual. A esto se suma el anuncio de un programa de recompra de acciones por hasta el 3,93% de los títulos emitidos, una herramienta que apunta a reforzar la valorización bursátil y a transmitir confianza respecto de las perspectivas futuras del negocio.

Ambas decisiones no solo responden a los resultados del ejercicio, sino que también se insertan en una estrategia más amplia de disciplina financiera y optimización operacional. Durante 2025, la compañía implementó un plan de eficiencia que incluyó la racionalización del portafolio, ajustes en contratos de viñedos y mejoras en la gestión de insumos. Si bien estas medidas implicaron cargos extraordinarios sin impacto en EBITDA, se espera que generen ahorros relevantes en los próximos años, fortaleciendo la estructura de costos de la viña.

De cara a 2026, el foco seguirá puesto en profundizar la estrategia de “premiumización”, acompañada por el desarrollo de nuevos productos y el fortalecimiento del enoturismo, especialmente a través del renovado Centro del Vino en Pirque. En paralelo, la filial argentina Trivento —que mantiene una posición sin deuda financiera— aparece como una plataforma clave para capturar oportunidades de crecimiento en ese mercado.

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