Un aumento proyectado de hasta 9°C para las próximas décadas en la zona sur y temperaturas que podrían alcanzar los 39°C en Valdivia para el año 2080 son parte de los hallazgos con que la ciencia alerta sobre el avance del cambio climático en Chile. De acuerdo con la ecóloga y directora del Centro de Investigación para la Sustentabilidad (CIS) de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Olga Barbosa, los eventos meteorológicos extremos registrados recientemente —como las lluvias inusuales en el desierto de Atacama— responden a un fenómeno estructural global y no a una simple fluctuación natural de la Tierra.
“En 2023 desarrollamos un modelo climático exclusivo para Valdivia en colaboración con instituciones de Estados Unidos y varias universidades. Nos arrojó cómo va a cambiar la temperatura proyectada a 2080, la cual llegaría a los 39°C. Esto es demasiado para esta zona del sur, que registraría un aumento de 9 grados respecto a sus promedios históricos”, señala Barbosa, quien enfatiza que las lluvias extremas de las últimas semanas que afectaron a casi todo el territorio nacional habrían calificado como un evento climático severo incluso sin la presencia del fenómeno de El Niño.
El impacto de la era del clima extremo
De acuerdo a Greenpeace, se considera clima extremo cualquier fenómeno meteorológico inusualmente severo, frecuente o inesperado para el clima local. En la era del cambio climático, el clima extremo implica más olas de calor, sequías, lluvias torrenciales, tormentas e incluso temperaturas muy frías.
“Una forma de entenderlo mejor esto es por ejemplo, viendo el número de días de temperatura máxima, que sería una temperatura mayor a 30 grados. En los años 2000-2010 el número de días de temperatura máxima era 7 días, pero para el año 2050 proyectamos que van a ser 14 días y para el año 2080 serán 35 días”, explica la académica de UNAB.
Cabe destacar que el clima no es lo mismo que el tiempo atmosférico. El primero corresponde a las condiciones meteorológicas analizadas durante un periodo prolongado, mientras que el segundo es la medición diaria de las variables locales, incluso dentro de una misma zona climática.
Asimismo, la experta enfatiza la necesidad de diferenciar los eventos atribuibles al cambio climático de aquellos factores cíclicos que intensifican las condiciones meteorológicas, como el fenómeno de El Niño.
“Hay dos cosas que se están mezclando y es importante distinguirlas. Por un lado está el fenómeno de El Niño, que es un evento más o menos cíclico que se presenta cada dos a siete años, que además se mezcla con el hecho de que ya estamos teniendo eventos climáticos extremos constantemente producto del aumento de gases invernadero en la atmósfera”, argumenta, agregando que sin la presencia de este fenómeno, la cantidad de lluvia caída durante las últimas semanas también hubiese podido catalogarse como un evento climático extremo.
Riesgo y planificación urbana
Pese a los estragos generados por las recientes lluvias —como aluviones y socavones—, la experta UNAB aclara que un evento climático extremo no desencadena automáticamente una catástrofe, ya que el factor de vulnerabilidad humana resulta determinante. “Una ola de calor extrema no se convierte directamente en un incendio si es que un ser humano o una actividad asociada no lo inicia”, sostiene.
Finalmente, la directora del CIS de la Universidad Andrés Bello recalca la urgencia de desarrollar modelos locales que predigan temperaturas máximas promedio o precipitaciones extremas, herramientas clave para una adecuada planificación urbana.
“El cambio climático llegó para quedarse y no va a cambiar, pero hay que seguir mitigándolo, por lo que debemos trabajar muy duro para evitar que siga avanzando su efecto. Desde la partícula atómica que estudiamos a través de la física teórica, hasta la cultura de comunidades indígenas a través de la antropología, son la base de solución y la tecnología necesaria para salvar vidas y evitar catástrofes producto del cambio climático”, declaró Barbosa.