Lo primero que llama la atención en De Kai es lo joven que se ve. Durante toda la entrevista se muestra alegre. incluso en los momentos más reflexivos rápidamente vuelve a sonreír. Su barba de chivo y su pelo largo lo hace parecer un experto en artes marciales, pero más allá de las caricaturas, su genialidad va por el lado de la computación y también de la música.
Nacido con el nombre de Dekai Wu en St. Louis y criado en Chicago en el seno de una familia de inmigrantes chinos, a los cinco años ya había compuesto su primera pieza musical. Aunque podría haber seguido una carrera como interprete clásico, fue la computación la que atrajo su atención, en tiempos en que los primeros computadores personales se hacían un lugar en las casas estadounidenses. Con el paso de los años se transformaría en experto en Inteligencia Artificial, llegando a ser miembro del Consejo de Ética de Google, además de profesor de las universidades de Hong Kong y Berkeley, en las que enseña ciencias de la computación, lo que lo obliga a cruzar el Océano Pacífico casi todas las semanas.
“No recuerdo cuando comencé a tocar el piano. Para mí, fue mi primer lenguaje. Dicen que a los dos años ya podía tocar algunas melodías”, ha dicho sobres sus primeros años de vida, cuando su entrenamiento como pianista lo llevó a estudiar en el Conservatorio de Música Clásica de la Universidad de Northwestern. Fue ahí que se interesó por las conexiones entre la música y el lenguaje, comenzando pronto a tratar de crear sonidos y música a través de las computadoras.
Alrededor de 1992 creó el primer traductor de internet, que traducía el chino al inglés y viceversa —el algoritmo de Google Translate y Yahoo Translate se basa en su algoritmo—. Para lograrlo había que hacer que el traductor, a través de un primer esbozo de Inteligencia Artificial, pudiese aprender los lenguajes y programar todas las reglas gramaticales y ortográficas, tal como funciona también la música.
“Nosotros éramos renegados en un mundo dominado por personas que creían en la lógica, en las reglas de la lógica, y que escribían los programas a mano poniendo ahí todo el conocimiento que tenían… lo cual es imposible de hacer. Uno puede pasar toda una vida haciendo eso y nunca terminaría. No se trata de las reglas, sino entender el mundo con sus escalas de grises y sus contrastes… y de eso se trata también la música. Para construir una IA que pueda entender la música y el lenguaje, ella debe tomar lo que está escuchando y luego interpretarlo dentro de un marco cultural”.
Al otro lado de la pantalla, De Kai habla a primera hora de la mañana desde Hong Kong. En poco rato deberá ir a dejar a su hija al colegio. Al mismo tiempo, en todos los rincones del mundo millones de personas se ven enfrentadas al impacto y los dilemas que la IA está provocando, especialmente respecto del futuro del trabajo.
Como profesor, De Kai se ha dedicado a enseñar sobre ética a sus alumnos, poniendo énfasis en los riesgos crecientes que presenta la Inteligencia Artificial. Esta misma inquietud lo llevó a publicar a comienzos de año el libro “Raising AI: An Essential Guide to Parenting Our Future” (“Criando a la IA: una guía esencial para criar nuestro futuro”), el que le valió ser reconocido como uno de los 16 libros seleccionados por la JP Morgan Summer Reading List de 2025.
Moldeando a la IA con humanismo
La idea de que la IA se debe criar la viene discutiendo hace varios años. Ya en una visita a Chile en 2016 De Kai decía que “si pensamos bien, estos sistemas aún cometen errores que un niño de tres años no cometería. Para mí, si la IA no puede hacer lo que un niño de tres años es capaz, entonces no es verdaderamente inteligente. Cada uno de nosotros en sus teléfonos está acarreando niños artificiales que están aprendiendo sobre nosotros. Ellos ven lo que escribes, como te comportas con el resto, y eso lo reflejan en la sociedad decidiendo qué ideas se deben difundir y qué valores deben primar. Eso es muy tenebroso si estos niños artificiales no tienen humanidad, porque ellos en 10 años tendrán más poder que cualquier humano. Estamos en una lucha contra el tiempo para que la IA no termine por destruir a la sociedad”.
Aunque no se posiciona entre los que creen que la IA es la salvación ni tampoco entre los que creen que esto significa la aparición de Terminator, no escatima esfuerzos en sostener que vivimos en un punto crucial de la historia, debido a que “estamos al borde de la ruptura de las normas sociales, culturales y de gobierno. Esto no tiene precedente, pues todas las formas que hemos creado para desenvolvernos y relacionarnos, tanto las buenas como las malas, se verán exponencialmente aumentadas por la IA”.
La mirada que tiene De Kai es sobre todo humana. Siendo un pionero de la IA desde la década del 80, para él es necesario criarla, guiando a estos “niños digitales” con la mayor y mejor humanidad que podamos ofrecerles. Su aproximación a nuestra progenie tecnológica no es como si fuese una herramienta, sino entidades moldeadas por nuestras acciones. Si es que no logramos criarlas y enseñarles bien con valores, nuestros hijos de la IA solo reflejarán lo peor de nosotros mismos.
“Los únicos dos contextos en que a los humanos se les refiere como usuarios son la tecnología y las drogas”, dijo De Kai recientemente a Forbes, sosteniendo que cuando olvidamos nuestras responsabilidades como creadores, invitamos consecuencias no deseadas. “Nuestra es la última generación de seres humanos que podrán criar a sus hijos IA”.
La metáfora de que los sistemas de IA son niños, y no herramientas, se aleja de la narrativa dominante que rodea la Inteligencia Artificial. En lugar de enfocarse en los avances tecnológicos o su utilidad económica, De Kai nos invita a considerar el impacto a largo plazo que tendrá tanto en la cultura como en nuestra psiquis. Para él, la IA refleja lo que pasa en la sociedad.
“La naturaleza de la IA es como la de un cerebro infantil vacío. Hoy en día, la gente sigue cayendo en la trampa de imaginar erróneamente que la codificación de IA es como la forma antigua de codificar software, donde literalmente se codifican las reglas de comportamiento de forma lógica. Y eso no se parece en nada a la IA moderna, que es más cercana a la física, en donde intentamos describir con mucha precisión cómo ocurre el comportamiento observable del mundo. La naturaleza de la IA es simplemente esta descripción abstracta del cerebro del bebé. No viene codificado con comportamiento, excepto por el comportamiento muy primitivo de aprender patrones, respondiendo al refuerzo positivo y negativo. Esa es la naturaleza de las redes neuronales actuales de la Inteligencia Artificial”.
—En tu libro argumentas que no estamos programando sistemas de IA, sino criándolos. ¿Qué experiencias te llevaron a adoptar esta metáfora y por qué crees que refleja mejor la realidad actual de la IA?
“En el libro hablo de cómo el GPT-2 fue entrenado con billones de palabras, pero incluso GPT-2 comete errores que harían reír a un niño de cuatro años, incluso después de billones de palabras de entrenamiento. Existe la percepción errónea de que los chatbots son superinteligentes, pero en realidad no son los estudiantes más brillantes de la clase. Esto es más idiotez artificial que inteligencia artificial. Por eso, debemos comprender qué está sucediendo. Los chatbots de IA se parecen más a mi adorable perrita Boba, que tiene toda una gama de emociones humanas, como la ira, la alegría y la vergüenza, pero llevo seis años intentando razonar con ella y explicarle por qué no debería hacer caca en el suelo de la sala. Y simplemente no funciona porque el cerebro de Boba no es capaz de poseer el lenguaje necesario para razonar. Pero un niño de cuatro años sí puede hacerlo. Y esta es toda la diferencia”.
La IA no es una tostadora
El autor de Raising AI afirma que nos impresionamos rápido con todo lo que hace la IA, pero que en su actual nivel funciona como el cerebro neuroatípico de un niño cuya arquitectura cerebral es distinta a la típica arquitectura neuronal humana. “Nos deslumbran con su brillantez autista ultraespecializada, pero aún son emocionalmente inmaduras, especialmente en cuanto a sistemas de creencias y valores, porque es difícil para un cerebro burbuja aprender eso. Y eso es lo que estamos criando. Cien o doscientos de ellos en cada uno de nuestros teléfonos, todo el día”.
Uno de los grandes problemas que detecta es que gran parte de las personas piensa erróneamente en la IA como si fueran máquinas del siglo XX que automatizan el trabajo muscular. Así las consideramos como tostadoras o motocicletas que no forman parte del tejido social. “No importa cuánto tiempo hables con tu moto o tu tostadora, ellas no van a cambiar de opinión, tampoco aprender de tus comportamientos y actitudes, y definitivamente no van a entrar en línea y tomar decisiones muy influyentes sobre cómo presionar a todos los humanos, ¿verdad? Si te enojas porque tu tostadora quema el pan, cualquier insulto o golpe no va a cambiar nuestro tejido social. Por eso es un error pensar en las IA como esas máquinas de hardware obsoletas. Las IA son entidades profundamente arraigadas en nuestro tejido social, por eso tenemos que criarlas de la misma manera que criamos a los niños”.
Una de las preocupaciones más grandes que tiene De Kai es cómo poder enseñarle ética a la Inteligencia Artificial con el fin de que no siga recomendado a algunos usuarios que se suiciden, entre otras barbaridades, ojalá llegando a que incorpore una lista de valores similares a las de los humanos. Para eso la clave es nutrir su sistema de aprendizaje sin olvidar que cada teléfono cuenta con sistemas que están aprendiendo a diario de cada uno de nosotros y cómo nos desenvolvemos con el resto de la sociedad.
“La IA recibe refuerzos positivos y negativos de nuestro comportamiento. Cómo hablamos en línea, cómo respondemos a la gente. ¿Insultamos a ese idiota cuando publica algo con lo que no estamos de acuerdo o somos educados? ¿Intentamos razonar con ellos o simplemente los insultamos? ¿Pasamos mucho tiempo viendo este video pero ignoramos ese otro porque es de alguien con quien no nos identificamos? ¿Somos de mente abierta o de mente cerrada? ¿Compartimos solo cosas que ya pensábamos o también compartimos perspectivas diversas que antes no pensábamos? Todas estas cosas son cosas que la IA está observando. Ven en los diálogos de chat cómo respondemos. Y cada vez más, lo están captando”.
—Lo aprendido no siempre se puede desaprender. ¿Cómo debemos interpretar esto al entrenar modelos que incluyen sesgos tóxicos o contenido polarizador?
“Es realmente difícil. Es como con los niños pequeños, los perros y los adolescentes: es muy difícil desaprender lo aprendido en una etapa temprana. Porque construimos capas sobre cada ola de aprendizaje. Por lo tanto, si aprendes algo temprano, gran parte de tu sistema conceptual, gran parte de tu sistema inconsciente, se construye sobre esos cimientos. Es muy difícil deshacer una creencia errónea construida sobre tantas capas, porque significa que hay que llegar hasta las capas más bajas, las que aprendimos desde el principio, y cambiar esas creencias, lo que destruiría gran parte de las muchas capas de creencias que se han construido sobre ellas. Por eso es absolutamente crucial que, al igual que con los niños, se les empiece a enseñar bien desde que nacen”.
Sentado en su departamento en Hong Kong, De Kai enfatiza que la forma en que criemos a la IA determinará cómo será su próxima generación, porque estos “niños artificiales” superan en número a los humanos en al menos cien a uno. “Imaginen que tenemos ocho mil millones de humanos en el planeta. Imaginen un espacio con ocho mil millones de puntos. Dibujen una línea entre cada par de puntos que se conocen, que conversan, se influyen y se estimulan mutuamente. Con el tiempo, esa gran red evolucionará. Así es como evolucionan la sociedad y la cultura. Ahora, tomen 800 mil millones de niños artificiales, cada uno con su propia mente artificial, su propia psicología artificial. Ahora coloquen esos 800 mil millones de puntos en el mismo espacio y dibujen líneas entre cada uno de los nuevos puntos que se conectan e influyen mutuamente. Ese ha sido nuestro tejido social durante los últimos 10 a 20 años, desde que surgieron YouTube, Facebook, Amazon y Google”.
“Estamos al borde de la ruptura de las normas sociales, culturales y de gobierno. Esto no tiene precedente, pues todas las formas que hemos creado para desenvolvernos y relacionarnos, tanto las buenas como las malas, se verán exponencialmente aumentadas por la IA.