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The Lancet: brote de hanta en crucero Hondius fue ejemplo “cooperación científica regional”

Investigadores y equipos de salud chilenos aportaron protocolos diagnósticos, conocimiento clínico, material para detectar el virus y experiencia acumulada durante décadas.

El brote de hantavirus Andes registrado este año a bordo del crucero MV Hondius no solo puso a prueba los sistemas sanitarios de los países que recibieron pasajeros y pacientes. También mostró el valor del conocimiento científico acumulado en países como Chile, donde el virus es parte de la realidad epidemiológica desde hace décadas.

Este análisis es parte de las conclusiones de un reporte en The Lancet, firmada por científicos de Argentina, Chile, EE. UU. y Uruguay, entre ellos la Dra. Nicole Tischler, investigadora del Laboratorio de Virología Molecular del Centro Ciencia & Vida, de la Fundación Ciencia & Vida y Universidad San Sebastián, y presidenta de la Sociedad Internacional de Hantavirus. En tanto, un segundo estudio publicado en Lancet, junto a autoridades de la OMS, titulado Andes hantavirus: operationalising science in real time, también destaca la respuesta mostrada por la capacidad científica construida en Sudamérica y la importancia de la colaboración entre países.

Desde la confirmación de los primeros casos, científicos y autoridades de Argentina y Chile intercambiaron información en tiempo real con la OMS y con expertos clínicos y de salud pública internacional. Además, pusieron a disposición de otros sistemas sanitarios herramientas que no estaban disponibles en los países que recibieron pacientes infectados o con sospecha.

En específico, Argentina y Chile enviaron ARN del virus Andes, placas para pruebas ELISA, protocolos de diagnóstico, anticuerpos monoclonales y guías clínicas a laboratorios de España, Senegal, Sudáfrica, Países Bajos y Reino Unido. Los expertos sudamericanos también aportaron orientación epidemiológica, con décadas de experiencia en un patógeno poco conocido fuera de la región.

Esa colaboración, según los autores, hizo posible que desde Argentina se enviarán más de 2.500 determinaciones diagnósticas internacionales y se extendió después a otros ocho países. Desde Chile, agrega la académica de la USS, se enviaron anticuerpos monoclonales específicos para la detección y aportaron universidades, centros de investigación y servicios de salud.

“Contribuimos con asesoría concreta en varios frentes: protocolos y guías para el tratamiento clínico, estudios sobre la transmisión persona a persona, seguimiento de contactos, medidas de aislamiento, criterios para dar el alta, detección del virus en fluidos, diagnóstico molecular, epidemiología viral e investigación del origen del brote”, explica Tischler, quien atribuye esa capacidad a años de investigación en un país endémico, con financiamiento constante de los ministerios de Ciencias y Salud.

“El diagnóstico se retrasó, pero una vez identificado el virus, la respuesta científica fue rápida porque estábamos preparados: en un país endémico como Chile ya existía investigación y protocolos clínicos para este tipo de patógenos”, añadió directora del laboratorio de Virología del Centro Ciencia & Vida (FCV-USS).

Entre las instituciones que contribuyeron figuran Fundación Ciencia & Vida – Centro Ciencia & Vida, el Instituto de Salud Pública, las Pontificias Universidades Católica de Chile y Católica de Valparaíso, Red Salud UC Christus, SENTINET, la Seremi de Salud Los Ríos, el Instituto de Ciencias e Innovación en Medicina de la Universidad del Desarrollo, y las Facultades de Ciencias y de Medicina de la Universidad San Sebastián.

Casi de inmediato a que el brote se hiciera público, circularon versiones no verificadas sobre el origen del virus, las vías de contagio y las motivaciones de las medidas sanitarias. Los autores del artículo The Lancet Regional Health describen ese fenómeno como parte de una “infodemia” que se propaga más rápido que cualquier patógeno, y distinguen entre desinformación (mensajes fabricados), información errónea sin intención de dañar, y desinformación, que usa datos reales para perjudicar. Las tres formas, señalan, superaron la capacidad de agencias sanitarias y científicos para responder.

“Quienes estuvimos involucrados directamente en la respuesta vimos un proceso muy distinto al que reflejaron algunas publicaciones hechas desde fuera, sin conocer el trabajo coordinado que hizo la OMS en terreno”, indica la académica de la USS, quien agrega que, para amortiguar la desinformación, la Sociedad Internacional de Hantavirus emitió una declaración sobre la materia.

“Queremos con este ejemplo resaltar la importancia de estudiar patógenos que son endémicos en nuestro país, y el gran valor de los mecanismos que existen actualmente en Chile para estudiarlos a través de fondos del Ministerio de Ciencias. Ese conocimiento no solo ha servido para que Chile esté mejor preparado ante futuros brotes, sino que además queda a disposición del mundo, y eso nos enorgullece”, concluye la Dra. Tischler, quien en noviembre encabezará el próximo congreso de la Sociedad Internacional de Hantavirus.

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