Si en Chile no desarrollamos las capacidades para hacer mejor y más ciencia y tecnología, no podremos desarrollar innovaciones de alto impacto ni generar impactos relevantes de aumento de la productividad.
La política de los conglomerados tradicionales ha evidenciado el predominio de intereses particulares, la reproducción de prácticas ilícitas, una lógica elitista, y vínculos incestuosos con el poder económico, lo que no cambiará por el hecho de impulsar candidatos presumiblemente nuevos o jóvenes.
Este tal vez uno de los hechos más concretos que demuestran que la estabilidad del país no se mide según parámetros reales, sino según cuánto amenacen algunos hechos a ciertas personas.
"Al ejercer un oficio o profesión desde la independencia, se encuentran las primeras trabas en el sistema tributario que castiga los ingresos independientes".
"Desde el Ministerio del Deporte tenemos la firme convicción de que la Política Nacional de Actividad Física y Deporte logrará generar hábitos de vida saludable en nuestro país".
"El apellido “Tecnología” (dentro del nombre de este nuevo Ministerio) pasará a ser irrelevante, a pesar de que la industria TI ha demostrado que sí puede sacar a un país de la producción de commodities".
Este caso nos demuestra que en Chile la impúdica mentira es recurrente porque existe una impunidad asegurada para los de arriba, esos políticos y grandes empresarios mecenas de los anteriores, los que en conjunto conforman el 0,1% de la población, a diferencia de lo que sucede en los países serios en donde la falsedad, provenga de donde provenga, es penada con el máximo rigor de la ley. Por estas latitudes las leyes sobre estos asuntos son muy contemplativas porque existe una efectiva asociación de socorros mutuos que resguarda los intereses de esos regalones.
Todo indica que habrá que esperar bastante tiempo para ver en qué terminará la rebelión de los “inútiles” (todos ellos nacidos después de 1973 y, de algún modo, epígonos de Joaquín Edwards Bello), pero habrá que esperar más tiempo aún para ver si la derecha será capaz de decir: ¡Adiós, General…!
Me pregunto si el 2017 aunaremos fuerzas por construir un mejor país o terminaremos por la ruta de la envidia, la desconfianza o el engaño. Sabemos que el mundo ideal no existe, pero esa no es razón para olvidarnos que, como seres humanos, debemos ser capaces de tomarnos de las manos y transitar hacia un futuro mejor. Es un derecho que todos nos merecemos.