El país donde estamos siempre a punto de perderlo todo
En Chile, en cualquier momento alguno de los miles de kilómetros de choque entre placas tectónicas, puede generar un terremoto de enorme magnitud y tragarse casi cualquier parte del territorio. O una ola gigante puede arrastrar cualquiera de las cientos de localidades distribuidas a lo largo de nuestros 6.435 kilómetros de costa. Un aluvión puede arrastrar parte de la cordillera y sepultar una ciudad. Tenemos tantos volcanes activos que casi resulta una benevolencia del destino que no hayan grandes erupciones simultáneas. Afrontémoslo, a pesar de nuestra relativamente sólida República, todo lo que tenemos por propio y seguro puede desintegrarse en menos de 24 horas. Y sin que nadie tenga la culpa. Esa sí que es precariedad, miércale.
Columnista