Admiro a la gente ahorrativa, pero cuando se ponen muy apretados me da un poco de risa, los encuentro miedosos. Nunca pienso en que la plata se acaba ni miro mucho mi cuenta corriente.
Si me gusta algo lo compro y si hay que invitar a alguien que no tiene, lo invito. Sin pensarlo demasiado. Bueno, sí: por suerte sumo y resto y siempre cuadra. Así también, conozco gente muy generosa que a veces me invita a mí.
Y en cambio, hay personas que se relacionan con el dinero como si éste fuera un karma. Se preocupan demasiado por las cuentas y se quejan todo el tiempo de que nunca tienen (aunque a veces tengan un grueso saldo a favor en la billetera).
Esta relación, creo, es un asunto de crianza o de rebeldía frente a la crianza. En mi caso, mi madre era -y es- sumamente austera, medio “mano de guagua” diría mejor. Con mis hermanas la molestamos harto y le decimos “La mucho derroche”. Pero ella tiene, siempre tiene, ¡porque nunca gasta!…