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Cuando los juegos sexuales pasan a ser una afición peligrosa

El criterio fundamental que debe primar es que “todo está permitido entre personas adultas y con consentimiento mutuo”. No obstante, aunque exista tal acuerdo entre las partes el límite entre el juego sexual placentero y el riesgo de daño (psicológico o físico) puede ser alto.

Todos sabemos que el sexo es una experiencia placentera. Algunas parejas prefieren un sexo “tranquilo”, sin demasiadas piruetas sexuales, pero lo suficientemente satisfactorio para ambos.

Otras parejas, sin embargo, requieren de niveles altos de estimulación y excitación. Y esto lleva a diferentes opciones: cambio de lugares y de poses, expresión de fantasías, “palabras calientes”, uso de juguetes sexuales, juegos de dominación y sumisión, inclusión de un tercero, sexo grupal, intercambios de pareja,etc.

El criterio fundamental que debe primar es que “todo está permitido entre personas adultas y con consentimiento mutuo”. No obstante, aunque exista tal acuerdo entre las partes el límite entre el juego sexual placentero y el riesgo de daño (psicológico o físico) puede ser alto, sobre todo en algunas prácticas que hacen uso de la fuerza física, la violencia psicológica o comprometen funciones vitales como la respiración (hipoxifilia o asfixiofilia). Este tipo de juegos con ribetes de riesgo forman parte de muchos encuentros eróticos tanto hétero como homosexuales y no se consideran un trastorno, siempre y cuando no sea una conducta imperiosa, repetitiva y necesaria para lograr el placer sexual, además de que la persona pueda perder el control de sus impulsos.

El extremo patológico: las parafilias

Se consideran parafilias a las perversiones o desviaciones sexuales cuya práctica es persistente y recurrente, de carácter impulsivo a ansioso y a partir de las cuales se alcanza el máximo de placer sexual. Los encuentros, además, deben sostenerse con personas que no acuerdan el contacto, con objetos inanimados, niños, animales, o dejándose agredir, o agrediéndose para sentir goce.

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