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Las penas del fútbol se pasan con fútbol: Mathías Vidangossy, el distinto de los distintos

Alexis, Vidal, Medel e Isla. Nombres que sostuvieron la columna vertebral de la Generación Dorada y llevaron a la selección chilena a conquistar dos Copas América. Pero antes de la consagración, hubo un punto de partida común: el Mundial Sub 20 de Canadá 2007, donde un grupo de jóvenes se ganó al país con un histórico tercer lugar. Entre todos ellos, hubo uno que destacó por encima del resto. El distinto entre los distintos.

Volante ofensivo, talento natural, regate corto y esa “cachaña” que hoy parece en peligro de extinción, Mathías Vidangossy representaba al jugador de barrio en un equipo lleno de proyección. En una selección donde todos brillaban, él sobresalía. Su actuación en Canadá fue tan impactante que rápidamente dio el salto a Europa, siendo el primer jugador de ese plantel en hacerlo. Villarreal fue su primer destino, pero esa versión nunca volvió a repetirse con la misma fuerza. Para muchos, Vidangossy jugó ese Mundial… y nunca regresó del todo.

Una carrera errática y una herida silenciosa

Tras su salida a España, la carrera de Vidangossy estuvo marcada por decisiones forzadas, cesiones frustradas y regresos anticipados. No logró debutar oficialmente en Villarreal, volvió a Chile y comenzó un largo peregrinar por clubes nacionales y extranjeros: Audax Italiano, Everton, Ñublense, Ceará en Brasil, San Luis, La Serena, Colo Colo, Palestino, Jaguares de Chiapas, Pumas UNAM, Melipilla, Valdivia, Colchagua, Unión La Calera, Curicó Unido.

Hubo chispazos de talento, buenas campañas aisladas y títulos (como el Clausura 2014 con Colo Colo), pero nunca la continuidad esperada. Años más tarde, el propio jugador reveló que durante gran parte de ese recorrido convivió con una depresión profunda, una carga invisible que terminó afectando su rendimiento y su relación con el entorno futbolístico.

En entrevistas, Mathías Vidangossy reconoció que llegó a sentir miedo de recibir la pelota, que su carrera dependía demasiado del vínculo con los entrenadores y que tocar fondo lo obligó a buscar ayuda. Estudio, lecturas y un cambio de enfoque le permitieron reencontrarse con el juego, volver a disfrutar y entender que, a veces, sobrevivir también es ganar.

Otro fútbol, otro Vidangossy

Ese reencuentro con la pelota encontró un escenario inesperado: la Kings League. El formato de fútbol 7, creado por Gerard Piqué e Ibai Llanos, mezcló espectáculo, reglas especiales y ex futbolistas profesionales, convirtiéndose rápidamente en un producto global. Fue la expansión del torneo a América lo que despertó el interés de Vidangossy.

Contactado por Germán Garmendia, se sumó al Real Titán y volvió a mostrar ese talento que parecía dormido. Su nivel llamó la atención de Aniquiladores FC y, posteriormente, lo llevó a convertirse en una de las figuras de la selección chilena en la Kings World Cup.

Chile avanzó invicto hasta la final del torneo, dejando en el camino a España en una definición dramática. En ese partido, Vidangossy fue decisivo, con el marcador adverso, tomó la pelota, eludió rivales y clavó un remate al segundo palo que devolvió a La Roja al partido. El gol desató la euforia (incluida la de su ex compañero Arturo Vidal) y confirmó que el talento seguía intacto.

La final ante Brasil se disputará en el Allianz Parque de São Paulo, estadio del Palmeiras, con Vidangossy como uno de los líderes futbolísticos y anímicos del equipo chileno.

Volver a sonreír

A los 38 años, Mathías Vidangossy volvió a disfrutar del fútbol lejos de la presión, pero cerca de la esencia. Su historia ya no se cuenta solo desde lo que pudo ser, sino desde lo que logró reconstruir. Las redes sociales explotaron con su nombre, no solo por los goles o las asistencias, sino porque muchos entendieron que, a veces, el verdadero triunfo es volver a sonreír dentro de una cancha.

Porque, al final, las penas del fútbol ,como las de la vida, también se pasan jugando.

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Italo Arce