El fenómeno de El Niño que afecta a Chile esta temporada podría agudizar el estrés térmico del ganado lechero, con caídas de hasta ocho litros diarios por vaca en las regiones más expuestas al calor, según advierten especialistas que han indagado en los últimos años el fenómeno.
Uno de ellos es el equipo liderado por el Dr. Rodrigo Arias, académico del Instituto de Producción Animal de la Facultad de Ciencias Agrarias y Alimentarias de la Universidad Austral de Chile (UACh), en conjunto con investigadores de la misma casa de estudios y de DeLaval Chile.
En un trabajo reciente, publicado en la revista International Journal of Biometeorology, recopiló cinco años de datos del período primavera-verano (más de cien días entre noviembre y marzo) gracias a los registros horarios de 19 estaciones meteorológicas del Instituto de Investigaciones Agropecuarias. Estas se encuentran ubicadas en las ocho macrozonas lecheras que el Consorcio Lechero definió según su geografía, clima y sistema productivo.
Con esos datos, el equipo calculó dos índices de confort térmico —el de temperatura y humedad (THI) y su versión ajustada por radiación solar y velocidad de viento (THIa)— para determinar en qué momentos las vacas superan el umbral de estrés calórico. Los registros muestran que si bien la magnitud del estrés calórico no es constante de un año a otro, la cantidad de días con esta condición es altamente variable, oscilando entre el 5% y el 50% (el primero de la medición).
El fenómeno climático de este verano, una versión especialmente intensa de El Niño conocida como Niño Godzilla, apunta al escenario más severo de esa serie. “Con esto deberíamos tener probablemente un año con al menos la mitad de los días del verano con estrés térmico”, advierte el Dr. Arias.
Cuatro variables, un mismo riesgo
Además de las variables climáticas (temperatura, la humedad relativa, la velocidad del viento y la radiación solar) las características propias del animal también determinan si este entra o no en estrés calórico. Para evaluar este riesgo de estrés existen distintos índices de confort térmico como lo es el THI, el cual combina los valores de la temperatura y humedad ambiental, mientras el THI ajustado y el índice comprensivo del clima (CCI) suman también la velocidad del viento y radiación solar. El umbral a partir del cual los animales sufren estrés se fijó en 65 para ambos índices en el estudio mencionado, con base en la literatura internacional sobre bienestar animal y pérdida de producción.
Cabe señalar que el estrés calórico no depende de un único valor de temperatura, sino que es la resultante de la carga de calor que recibe cada animal durante el día y que combina el calor de fermentación que proviene de lo que ingiere como alimento junto con las condiciones ambientales a las que está expuesto. Así, el umbral de tolerancia cambia de un ejemplar a otro. “Los animales tienen una zona de confort térmica o de zona termoneutral, que usualmente se habla de que es entre 15 y 25 grados, pero que puede ser modificada en función de cómo varían estas variables climáticas y las del próprio animal”, explica Arias.
La elección del índice no es un detalle menor. El estudio encontró que las horas diarias bajo estrés calórico fueron, en promedio, 5,3 con el THI y 7,7 con el THIa, una diferencia que se explica por el peso de la radiación solar sobre el balance térmico del animal. Las macrozonas I, II y VIII registraron los valores más altos con ambos índices. Esta diferencia entre índices importa más en el sur del país, donde el ganado permanece a pastoreo. “En la zona sur, hablemos de las macrozonas tres a la ocho, en general los animales están en condiciones de pastoreo, por lo que están expuestos a la radiación solar, y a la velocidad del viento, o más bien a la falta de velocidad de viento, junto a las temperatura ambiental y a la humedad existente”, señala Arias.
En la zona central, en cambio, la mayoría de las lecherías opera bajo confinamiento, con ventiladores y techos que reducen la radiación directa sobre los animales. La ausencia de este tipo de infraestructura explica por qué las pérdidas económicas por vaca en esa zona resultan ser las más altas del país.
Pérdidas que varían por región
El impacto económico se calculó a partir de cinco factores: la reducción en la ingesta de materia seca, la caída en la producción de leche, el aumento de los días abiertos –el tiempo que tarda una vaca en volver a preñarse–, la tasa de descarte y la mortalidad. En conjunto, la pérdida de leche y el descarte explican entre 66% y 92% de las pérdidas totales, según la macrozona y el índice usado.
A nivel país, las pérdidas fluctúan entre 29 y 108,4 millones de dólares por temporada de 150 días, dependiendo de si se usa el THI o el THIa para el cálculo. La brecha entre ambos índices supera el 90% en algunas macrozonas, lo que sugiere que el THI –el más usado tradicionalmente– podría estar subestimando el impacto real del calor sobre el ganado lechero.
Las macrozonas I y II, que concentran el sistema de confinamiento de la zona central, registraron las pérdidas más altas por vaca: entre 83 y 184 dólares mensuales durante el verano, según el índice utilizado. Las macrozonas VI y VII, en el sur andino, tuvieron los promedios más bajos, aunque con una tendencia al alza en los últimos años.
La pérdida de producción puede llegar hasta 8 litros diarios por vaca en las macrozonas I y II, las de mayor concentración de ganado en confinamiento, cuando se calcula con el índice THI ajustado por radiación solar y viento (THIa). El dato coincide con lo que los propios productores de esas zonas reportan durante los veranos más calurosos, cuando el ganado no tiene acceso a sombra ni a sistemas de refrescamiento.
El estudio también proyectó el efecto sobre la fertilidad: a mayor estrés acumulado, aumentan los días abiertos –el tiempo que tarda una vaca en volver a preñarse– y la tasa de descarte, dos factores que en las macrozonas I y II pesan tanto como la pérdida directa de leche en el cálculo de las pérdidas totales.