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"Amo a mi sicóloga", por Andrea Silva

– ¿Me quieres dar de alta?, pregunto en shock.

Es ahí cuando ella, mi sicóloga, la igualita a la protagonista de “Pantaleón y las visitadoras”, la que siempre usa zapatos impactantes, la que me pasa los tissue para que me suene, la que me hace ir a reembolsar boletas a la isapre de mierda una vez al mes, la que me guía y me calma y me anima y me agobia, se echa en su sillón (el cómodo) y desarrolla su sentencia.

 

– ¿Me quieres dar de alta?, pregunto en shock.

Es ahí cuando ella, mi sicóloga, la igualita a la protagonista de “Pantaleón y las visitadoras”, la que siempre usa zapatos impactantes, la que me pasa los tissue para que me suene, la que me hace ir a reembolsar boletas a la isapre de mierda una vez al mes, la que me guía y me calma y me anima y me agobia, se echa en su sillón (el cómodo) y desarrolla su sentencia.

 

-Sí, te doy de alta Andrea. Durante estos años de terapia has ido desarrollando herramientas para enfrentar la vida con autonomía y solidez, te felicito, hemos hecho un gran trabajo.

 

Estoy mareada, me falta el aire, me quiero hundir para siempre en mi sillón (el incómodo). ¿Qué hice mal? ¿La aburrí? ¿Conoció a Pedro, se enamoraron y se quiere deshacer de mí? ¿La agoté? ¿Le empecé a caer mal? ¿Le llegó un paciente más atractivo y quiere hacerle un cupo en MI horario?

 

Me acerca con su mano estilizada de uñas perfectas los tissue para que me suene y me seque las lágrimas que comienzan a caer descontroladas. Es ese gesto técnico de compasión el que da la alarma y todo mi ser decide aplicar la materia aprendida en estos seis años de terapia. Agarro la caja y la lanzo estrellándola violentamente contra el vidrio.

 

-¡No, no, no, no! Cuando llegué desvalida a esta consulta me hablaste del rollo de la manzana. Que yo era de las mujeres que muerden la manzana y mientras mastican el pedazo dicen: “uf, parece que tiene un gusano, pero qué voy a hacer, solo queda tragármelo! Tú me enseñaste que hay que reaccionar en el momento del mordisco escupiendo la manzana con fuerza y gritar “¡Un gusano!”.

 

¡Gusano, gusano, gusano! ¡No me como tu gusano con el cuento de las herramientas y la solidez! No me vas a abandonar ahora que Pedrito me preguntó cómo se hacen las guaguas, ahora que los curitas son malos, ahora que faltan tres meses para mi cumpleaños y empecé con el tránsito lento. No ahora que Pedro quiere comprarse un descapotable rojo, que Danielito le dice mami a la señora Gladis y que cada vez que estornudo me hago pipí, no ahora que empece con la depilación láser, que a Zeus le dio distemper y que tengo sueños eróticos con su veterinario. Ahora no por favor, te lo suplico, te necesito.

 

Mi sicóloga se levanta, recoge los tissue y aferrándose a ellos vuelve a hundirse en su sillón que ya no me parece tan cómodo. Se suena y me dice:

-Te espero en tu hora de siempre. Me queda otro horario libre los miércoles y los viernes a las siete. También te los voy a reservar.

 

Le pido que me acerque los tissue y me sueno. Amo a mi sicóloga.

 

 

Andrea Silva es chilena, bilingüe, casada, con hijos, profesional sin pega estable, con ahorros, un poco católica, sobrepasada, sobreexigida, adicta a la sicóloga y al dulce. Con mañanas horrendas, pero con tardes lindas.


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