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Jaime de Aguirre: “Este es un país que no se hace responsable de su propio patrimonio”

Acaba de cumplir un mes como director ejecutivo del Centro Cultural Estación Mapocho. En esta entrevista habla de cómo llegó ahí, de por qué dejó su retiro y de cómo planea involucrar más a los privados en la recuperación del Centro Histórico de Santiago.

El lunes 16 de febrero, después de tomarse unos días de vacaciones en el sur del país y mientras Santiago aún vivía su espléndida calma veraniega, Jaime de Aguirre Hoffa (74) entró por primera vez a la Estación Mapocho con su nuevo cargo al hombro: el de director ejecutivo de ese centro cultural. Justo un mes después, y tras una jornada laboral que —dice él— fue bien intensa, está sentado en un sofá de su casa silenciosa. Todavía lleva colgando del cuello su nueva credencial de funcionario. Se lo ve contento y se declara contento: “Tengo que decirlo, estoy muy entusiasmado. No lo digo por obligación. Postulé a esta función y lo hice, realmente, por ganas y con entusiasmo”.

De Aguirre es un hombre que ha hecho toda su carrera alrededor de la cultura, la comunicación y la música, a través de la tele, los jingles y el jazz. También fue, aunque solo durante cinco meses, ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio durante el gobierno de Gabriel Boric. Cuenta que en este momento todavía está en “una fase de conocimiento” del nuevo mundo al que acaba de entrar: “Sería soberbio decir que me las sé todas porque no me las sé todas”, afirma.

También dice que quiere ir con paso firme, descubriendo dónde y cómo puede “hacer un aporte completo”. Agrega que encontró una recepción cálida en la Estación “por parte de la gente que trabaja ahí” y una recepción respetuosa y esperanzada en el directorio: “Por lo tanto, me siento muy respaldado”, añade.

La Estación Mapocho, que se autofinancia, es manejada por un directorio de diez personas, que representan a distintas entidades del quehacer local, como la Universidad de Chile, la Corporación Cultural de la Municipalidad de Santiago o la Fundación Pablo Neruda. La presidencia está a cargo del titular de las Culturas, en este caso el recién llegado Francisco Undurraga, y la vicepresidencia le pertenece a quien ocupa la alcaldía de la comuna de Santiago, hoy Mario Desbordes.

Un día antes de esta entrevista, De Aguirre tuvo una primera reunión oficial con Desbordes. Relata que se fue a la municipalidad caminando desde la oficina. Siente que él y el alcalde tienen sintonía: “En un proyecto como este, que es tan central para Santiago, incluso tan importante para el país y con tantas proyecciones, nos hemos puesto de acuerdo hasta aquí. Él y yo coincidimos en muchas cosas, y no habría un motivo real para que no siga siendo así, a pesar de ser de orígenes políticos muy distintos”.

De Aguirre estuvo históricamente ligado a la ya desaparecida Concertación de Partidos por la Democracia. Fue uno de los ideólogos de la campaña por el No, con el eslogan “Chile, la alegría ya viene”, para el plebiscito de 1988. También, a partir de 1991, fue el primer director de programación del recién reformado TVN. Desbordes es exoficial de Carabineros y milita en Renovación Nacional. Entre otras cosas, fue ministro de Defensa durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera.

—El nuevo ministro de las Culturas también es de otra sensibilidad política. ¿Ya lo conoció?
—Al ministro sí lo conozco, pero no como presidente de la Estación Mapocho. Le tengo mucha admiración como persona, sé de su historia. Él tiene la posibilidad de nominar a alguien para que lo represente en el directorio. Todavía no sabemos si lo hará.

* * *

Jaime de Aguirre entró a la Estación Mapocho para ocupar un puesto que estuvo vacante por cuatro años y casi dos meses. En diciembre de 2021, con el mundo aún metido en el encierro del Covid-19, Arturo Navarro Ceardi renunció a la dirección ejecutiva después de casi 30. Durante la vacancia, las gerentas de cultura, desarrollo, y administración y finanzas se repartieron sus funciones.

Hoy, De Aguirre se declara admirado: “La gente que trabaja en la estación es realmente muy comprometida. Es un equipo pequeño, 18 personas, y en las épocas de la pandemia, cuando se paralizó todo y la zona fue tomada por la gente sin casa y por algunas mafias de drogas, el personal de la Estación hizo de todo, desde barrer o bajarse el sueldo, lo que fuera, para sostener y evitar que el Centro Cultural se muriera”.

La historia del Centro Cultural Estación Mapocho comenzó en 1991. Se instaló en un monumental edificio Beaux-Arts cuya construcción partió en 1905, en la ribera oriente del Mapocho, frente al ex barrio de La Chimba y al lado de la calle Puente. Por décadas sirvió como estación terminal, al estilo de las grandes capitales europeas. El fin del reinado de los trenes en Chile y el cierre de la línea que unía Santiago y Valparaíso, en 1986, llevó a que el lugar perdiera su propósito.

Hoy, como Centro Cultural, la Estación tiene 33 espacios que permiten desarrollar grandes ferias, como la Filsa que está dedicada a los libros, y actividades de artes escénicas y visuales. También ha servido como recinto para grandes despedidas. Una de ellas fue el velorio de Eduardo “Gato” Alquinta, el vocalista de Los Jaivas, en 2003. En dos días de enero, pasaron por ahí alrededor de 400 mil personas. Anualmente, la Estación recibe unas 800 mil visitas, aunque ha tenido más: hasta 1,2 millones de personas en 1999. Reactivar y fortalecer es una de las misiones de De Aguirre.

—¿Cuál es el encargo que tiene?
—Lo primero es que me he comprometido a revisar el funcionamiento de la Estación Mapocho. Creo que tiene muchas potencialidades que no están siendo explotadas. Por ejemplo, una de las cuestiones que he planteado y que el directorio ha recibido muy bien es profundizar nuestra relación con el mundo privado. No puede ser que Santiago tenga un lugar como este y que el mundo privado tenga una participación que, para mi gusto, es insuficiente.

—¿Eso significa que va a salir a pasar el platillo?
—No, no. No es pasar el platillo. El platillo lo pasan los mendigos o los acólitos, y no es ni lo uno ni lo otro. Lo que yo voy a hacer es ir a buscar socios en el mundo privado que tengan la voluntad de contribuir a la recuperación del Centro Histórico de Santiago. Y no solo me refiero a los grandes empresarios, sino también a las personas de a pie. Porque no solo es andarse quejando de Santiago.

—Qué está tan feo, ¿no?
—Sí, eso se oye. O que a la Estación Mapocho no se puede ir. En fin, una serie de frases que no voy a repetir porque me alteran. Encuentro que los privados tienen un rol tan importante como el que tienen las platas estatales. Es un rol de los chilenos y hay que decirlo, aunque suene cursi. Hay que decir que este es un país que no se hace responsable de su propio patrimonio.

—Llegó a reemplazar a Arturo Navarro después de un vacío de cuatro años. ¿Encontró muy mal las cosas?
—No, están mucho mejor de lo que pensé. Las bases que se sentaron aquí, desde 1991, dieron espacio a un camino muy virtuoso. Hoy mismo, a propósito de eso, lo conversé con Ramón López, gran arquitecto que participó en la remodelación para transformar la Estación. Hubo una cosa muy virtuosa, que se inició en una época muy floreciente, muy en contraste con lo que tenemos hoy día, que es más bien nerviosa. Pese a que (Augusto) Pinochet estaba vivo, los gobiernos de la Concertación iniciales tuvieron muchas cosas buenas en términos del llamado a trabajar en armonía con la política.

—Y con “la alegría” que ya venía, a la que usted y otros invitaron.
—Y de la que tanto algunos se han reído. Pero yo encuentro que esa alegría sí llegó. Que ahora que se nos haya ido es otro tema. Pero aquí yo me encontré bastante con la alegría y creo que es muy posible que mejoremos. Evidentemente, hay que hacer algunos cambios porque los tiempos cambian.

—Una de las críticas que se oyen es que la Estación está desaparecida, fuera del radar.
—De entrada, tengo que decir, y lo digo con mucho respeto por lo que se está haciendo ahí, porque es una obra mayor, es que sí está un poco desaparecida. Pero es porque hay una construcción de un centro del Metro de Santiago que articulará muchas líneas.

—¿Habla de los paneles verdes que tapan la Estación?
—Exacto. Es una cosa gigante y puede ser que la Estación no aparezca a primera vista por los trabajos del Metro. Pero puede ser también porque hay una calle, que es Puente, que desde hace más de 100 años es, no sé por qué, un lugar muy convocador de personas en dificultades y en situación de calle.

—Pero también desapareció como un actor relevante en la actividad cultural.
—Mira, en el verano, por ejemplo, tuvimos a la maestra Alejandra Urrutia desarrollando el concepto Gran Concierto por la Hermandad, con orquesta. Es una cosa maravillosa, de gran volumen y con una cantidad de público emocionante. Creo que probablemente necesitamos fortalecer el tema de comunicaciones.

—¿O sea, la Estación tiene un problema de comunicación?
—Sí, puede ser. Puede que tengamos un problema de comunicación y que haya tareas pendientes ahí.

—Pero también en el entorno, ¿verdad?
—Mi sueño es ver la Estación Mapocho permanentemente llena. Llena de público, que puede tomar un café o ver una exposición o asistir a actos masivos, transversales, grandes. Desarrollar acción, eventos, conferencias. Dar cuenta de todo lo que es la vida que ocurre en este país y que necesite de un lugar hermoso, grande y seguro para poder desarrollar su actividad. Este es un lugar que no solamente es precioso, hay que verlo, sino que además alberga a grandes cantidades de gente. Yo creo que tenemos que involucrar más al mundo privado. Y tenemos que tener mejores comunicaciones y una curaduría de sus espectáculos original, emocionante y atractiva. Son todos desafíos que hay que desarrollar y con esto no quiero renegar de lo que se ha hecho.

—Y está la seguridad. Es una zona que se percibe insegura.
—Sí, probablemente se tiene esa sensación. Es difícil acceder y tenemos estacionamientos limitados. Es un tema que espero poder resolver. Ahora, yo no resuelvo nada solo, pero sí quisiera liderar un proceso. Conversaba con el alcalde y estamos muy determinados a contribuir en lo que se deba para que esto mejore, sin perder el horizonte de que estamos en una zona que tiene una historia muy ligada en algún sentido a ciertas manifestaciones de marginalidad.

—Igual pareciera que el signo de estos tiempos es que la gente que consume más cultura está volcada hacia el oriente.
—Yo veo que la cultura se está transformando, a Dios gracias. Existe una necesidad social general y debo decir que el Centro Matucana 100 no está en el oriente ni tampoco lo está el Teatro Municipal. Es cierto que se han desarrollado lugares muy competitivos en la zona oriente, pero no veo por qué no repetir aquí un gran espectáculo que se haga allá. Hay una cierta diferencia de público, sí. Pero eso lo hace muy diverso y nosotros somos conscientes. Me parece que es una buena noticia y quizás lo que hay que buscar es desestigmatizar lo que ocurre aquí.

FOTO: Melian Riffo

—¿A qué se refiere?
—O sea, terminar con eso de que la Estación Mapocho está en el centro y que el centro es un lugar inhabitable, porque no es cierto. Y nosotros tenemos el apoyo de seguridad y de Carabineros. Los eventos se desarrollan con entera normalidad.

—Habla de otros centros de actividad cultural en el centro de Santiago, pero esa también es su competencia. ¿Conoce a su público?
—Estamos haciendo un estudio. Yo, en realidad, creo que es muy sencillo. Hay que profundizar en lo que ya hay de conocimiento, para no competir frontalmente, sino para articularnos de la manera más lógica e inteligente, de tal modo que entre todos consigamos que esto funcione. Ahora, la verdad es que nosotros tenemos competencia por todos lados. Para ser justos, desde un buen programa de televisión hasta un Teatro Municipal con una obra especial. Todos somos competencia entre nosotros. Competimos por el tiempo libre de las personas y competimos por la divulgación cultural, y todos debemos ser capaces de transformar la cultura en un tema de primera necesidad.

* * *

El 10 de marzo de 2023, en un proceso de ajuste de gabinete, el presidente Gabriel Boric nombró a Jaime de Aguirre como titular del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Reemplazó entonces a la antropóloga Julieta Brodsky. Cinco meses después, no obstante, De Aguirre fue reemplazado por la actriz y gestora cultural Carolina Arredondo. En rigor, la rotación no es tan sorprendente. Ese es un ministerio complejo por su tamaño y la actividad de sus gremios. Su sede, de hecho, no está en Santiago sino en Valparaíso. Hasta hoy, el récord de brevedad en el puesto lo tiene el escritor e historiador Mauricio Rojas, quien en el segundo gobierno de Piñera alcanzó a estar solo cuatro días.

Tras su salida del Estado, De Aguirre pasó dos años en su casa, leyendo, juntándose con amistades, disfrutando de la libertad. A la Estación Mapocho postuló por concurso, en octubre del año pasado. “Se me ocurrió postular cuando supe que estaban buscando llenar la vacante que dejó Arturo Navarro. Mandé mis antecedentes y tuve un par de entrevistas con el directorio. Entiendo que quedé en una terna y finalmente me ficharon”, explica.

—Usted tiene 74 años. Se diría que son años buenos para el retiro. ¿Por qué postuló? ¿Por qué no dejar espacio a las nuevas generaciones?
—Sí, capaz que sería bueno dejar espacio. Pero si uno concursa en competencia leal, abierta, transparente y se gana un concurso, me parece justo. Y no sé qué sería mejor o peor, es una cosa muy relativa. Porque tampoco me parece buena idea exiliar de la vida activa a personas como yo, que se sienten bien, que van al gimnasio tres veces a la semana. Yo creo que hay que hacer ambas cosas. No hay que exiliar a la gente con experiencia y edad, como yo, ni quedarse indiferente frente a las nuevas generaciones que aportan una cantidad de cosas increíbles, de partida más energía. Pero nosotros podemos aportar, y digo nosotros porque no soy el único viejo que trabaja. Si podemos combinar experiencia con juventud es dos más dos igual cinco.

—Su puesto anterior fue en el Ministerio de las Culturas. ¿Quedó trasquilado después de esa experiencia?
—Mira, quiero ser muy franco. A nadie le gusta que lo cambien por otro, a nadie. Yo hubiera preferido tener tiempo para desarrollar y llevar adelante proyectos. Pero entré sabiendo, teniendo plena conciencia de que esa es una atribución que no es de uno. Ni siquiera es por la evaluación del trabajo, sino que a veces las circunstancias políticas obligan a armar el tinglado de otra manera. Es lógico que hubiera preferido que no me sacaran, pero lo asumo con mucho pragmatismo y con mucha tranquilidad. Esa es una de las virtudes que tiene la experiencia.

—Bonita frase, sin duda. Pero igual lo habrá pasado mal.
—No lo sé. Lo que sí valoro es la experiencia de haber conocido el Estado por dentro. Es muy útil.

—¿Útil para qué?
—Útil para la vida, para entender ciertos procesos, espero incluso que para este nuevo trabajo. Yo no soy un arrepentido de haber aceptado ser ministro. Al revés, soy más bien agradecido por el reconocimiento y entiendo que la política es así y el que no lo entiende pasa frustrado.

—La política es sin llorar, ¿no?
—Sí se puede llorar, pero en la casa y un ratito corto, porque la vida es muy corta.

—¿Cómo percibe a la comunidad nacional hoy?
—Está bastante tensa. Está pasando un momento, de mucha expectativa porque está entrando un nuevo gobierno. Suele ocurrir cuando hay un gobierno nuevo, pero particularmente este es un gobierno tan distinto del que acaba de dejar el presidente Boric. Hay mucha expectación, hay mucho nervio entre comillas y hay mucho miedo, por qué no decirlo. Es miedo a perder lo ganado en muchos ámbitos. También hay mucha incógnita de ver cómo se desarrolla un gobierno de esta naturaleza, tan distinto, siendo de derecha, a la personalidad del presidente Piñera, que ha sido la última representación de la derecha en el gobierno desde el presidente (Jorge) Alessandri, el año 1958.

—¿Y en su caso hay nervio? Podría ser que este nuevo gobierno prefiriera a otro director ejecutivo.
—Sí, podría pasar. Uno no está libre de que le pasen cosas que le pasan a todo el mundo. Igual me pareció interesante esta renovación, porque fue convocada por el directorio de la Estación, que es muy transversal y multidisciplinario. Hay mucha gente relacionada con el tema cultural, cosa que no lo hace completamente independiente, porque nadie lo es en este país, pero sí bastante autónomo. No creo que el cambio debiera alterar la marcha de nada, pero si ocurre, bueno, yo soy disciplinado.

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