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Un viaje en el Tren del Vino a San Fernando, la puerta de entrada al Valle de Colchagua

Un recorrido que busca realzar la tradición vitivinícola de la zona y rescatar el patrimonio ferroviario del país.

En el primer andén de la Estación Central de Santiago, hay un grupo de adultos mayores preguntando por el tren a San Fernando. Otros más apurados, viajeros habituales, preguntan cuál de todos es el tren que va a Rancagua. 

En medio del atareo, los asistentes de la Empresa de Ferrocarriles del Estado redirigen a los pasajeros por accesos distintos, con pasillos separados por mamparas de vidrio. Al costado derecho estaba por el que preguntaban los jubilados: el Tren del Vino, menos demandado y menos frecuente, en comparación con los más de 22 mil pasajeros que se transportan a diario en el trazado Estación Central- Rancagua, con sus salidas de entre 15 minutos a media hora en horario punta.

El Tren del Vino Sabores Alto de Colchagua sale una vez al mes de Estación Central hasta la puerta de entrada del valle de Colchagua, San Fernando, como parte del servicio de trenes turísticos que ofrece la empresa. Sabores Alto de Colchagua, es solo una de las tres rutas operativas del Tren del Vino. Considerando los recorridos Valle del Cachapoal y Valle del Maule, 3.868 pasajeros han utilizado esta alternativa en 2025 que permite relevar el turismo ferroviario, incorporando además la vitivinicultura, que ha posicionado a Chile como el cuarto productor de vino en el mundo.

La combinación tren y vino

Hace justo un año atrás Sabores Alto de Colchagua comenzó a operar. Según describe EFE en su sitio web, los turistas pueden escoger entre siete recorridos, cinco de ellos son en viñas de la comuna -Casa Silva, viña Maturana, viña Ravanal, viña Koyle y desde abril la viña Viu Manent- y los otros dos en la Hacienda Los Lingues y la recién incorporada destilería Gin Provincia. 

Este servicio especial se hace en un tren similar al que llega hasta Chillán, del tipo UTS basado en la serie 444 de Renfe, y con capacidad para 160 pasajeros, con asientos individuales y otros que poseen mesas. El valor del servicio, dependiendo de si se opta por una butaca de salón o una preferencial que ofrezca mayor privacidad y movilidad, va desde los $112 mil hasta los $120 mil pesos por pasajero. 

El viaje pretende poner en valor la tradición vitivinícola del valle de Colchagua, y en especial de San Fernando, que cuenta con una oferta un poco más emergente en comparación con su vecina en la provincia, Santa Cruz. Todo ello, de la mano del tren, de manera de recuperar el patrimonio y proyectar una imagen innovadora del país, explican desde EFE.

Paula Fernández, gerente de pasajeros de EFE Central, lo resume así: “El servicio turístico en tren es una experiencia en sí misma. No somos comparables a ninguna otra experiencia con otro medio de transporte, porque uno puede disfrutar del viaje en tren, estar sentado o de pie, disfrutar el paisaje de una forma mucho más sostenible. Hemos trabajado fuertemente con las comunidades y proveedores locales para tener marcas asociadas al país, que representen nuestra identidad cultural”.

Paulo Sommaruga, gerente de marketing de Casa Silva, una de las viñas que visitarán los pasajeros, también hace hincapié en las particularidades del recorrido. “Es una combinación muy especial la del tren con el vino, porque hay cierta nostalgia del tren, de movilizarse en este medio. El vino, a su vez, trae recuerdos de sabores, de gustos, de cuando almorzabas con tu familia, con tus abuelos. Juntar ambos mundos es bonito”.

Los pasajeros

Antes de subir a uno de los vagones es posible oír entre los murmullos de los connacionales, acentos anglosajones, franceses, paraguayos y otros más complejos de identificar con precisión. Y es que tal como explica Angélica González, gerente comercial del operador turístico Colchagua Andes Experience, usualmente el porcentaje de extranjeros que accede al recorrido varía entre 30% y 40% cada ocasión. 

En esta oportunidad, la prensa extranjera, invitada por la Fundación Imagen de Chile con el fin de visibilizar experiencias que den cuenta de lo distintivo del país, aumenta la variedad de los pasajeros. 

“Vine al concierto de ACDC. Una de mis amigas estudia un máster aquí. Había venido antes a Chile, pero en otoño y a otra viña, en otra región. Esa vez no nos gustó tanto el recorrido, que fue en un automóvil, y quedamos con deseos de visitar otra. Nos gusta mucho que este viaje incluya tren, porque en Honduras no hay. Se ve que es una experiencia bastante completa”, relata la hondureña Ana Arriaza. 

Otras mujeres chilenas explican que buscaban replicar en Chile el tipo de experiencia que buscan en otros países, para conocer las tradiciones de éste. Otros connacionales como Thomas Thayer, criado en Estados Unidos, lo vio como una oportunidad para acercarse a sus raíces, y Alejandra Navarro, adulta mayor de La Cisterna, suele acudir a estos panoramas de esparcimiento junto a su hermana y su cuñado, también jubilados. 

El viaje en tren

A las 10.20 de la mañana el tren inició su recorrido hasta uno de los vértices de la Región de O’Higgins, ubicado a 140 kilómetros de Santiago. A los pasajeros, entre otros objetos, se les entrega una caja con varios aperitivos, varios de ellos de la industria nacional, un mapa de la región, y una copa que podrá ser rellenada con vino en más de una ocasión por las poco más de dos horas que se extiende el viaje. 

En medio de la cata de vinos, uno de los dueños de la viña Selentia, Felipe Mayol, da a conocer las particularidades del brebaje: un cabernet sauvignon, denominado 1903, debido a que desde ese año data la antigüedad de las parras.

Más adelante en el viaje, y flanqueados por las ráfagas amarillas y verdes que asoman por las ventanas, aparece el trío de Los Gañanes, compuesto en esta oportunidad por el cantor popular Samuel Morales, el músico Sebastián Urrutia y la cantante Javiera Cortés.

El repertorio incluye en su inicio un bloque ininterrumpido con Yo vendo unos ojos negros, un clásico folclórico chileno de autor desconocido, Chile lindo de Clara Solovera y popularizada por Los Huasos Quincheros y La Jardinera de Violeta Parra. 

En las ventanas, a veces animitas, rejas y paisajes urbanos que combinan a ratos casas de adobe y ferreterías. Los músicos saben que el recorrido es tomado por extranjeros así que preguntan por ellos antes de entonar Si vas para Chile de Chito Faró. Y como una suerte de tour acústico, Los Gañanes pasan a interpretar clásicos del folclore austral y cómo no -dice uno de ellos- cerrar con La Consentida, el clásico con el que Jaime Atria inmortalizó a su esposa, Alicia Rosselot. 

“No tomen tanto, tomen tinto”, dicen al despedirse. 

A Casa Silva

A medio camino, entre Rancagua y Las Cabras, el tren se detuvo por 20 minutos. No forma parte del itinerario, pero es una de las eventualidades que pueden ocurrir y que luego son solucionadas por los maquinistas.

Casi a las 13.00 horas, un letrero descolorido por el sol, finalmente, anuncia la llegada a la estación San Fernando, a estas alturas, más que centenaria. Los Gañanes, entre medio, descienden del vagón y se van a buscar las picadas de San Fernando. “Lo importante es que a donde sea que lleguemos, busquemos la plaza de armas y el mercado. Desde ahí se construye cierta identidad de antes”, explica Javiera Cortés sobre ese intertanto.

Buscamos de alguna forma, nutrirnos con eso, alimentarnos de eso. Y buscar inspiración desde allí para poder seguir cantando”, complementa.

Los pasajeros se quedan a la salida de la estación, donde un conjunto folclórico baila tres pies de cueca. Un bus los llevará, en esta oportunidad, a la viña Casa Silva, la más antigua del valle de Colchagua. A su llegada, serán recibidos con una copa de sauvignon blanc, ideal para degustar antes de comer, de manera que acentúe los sabores del plato principal. 

Poco más de una hora dura el recorrido, que incluye una visita al viñedo, las bodegas en las que se añeja el vino e incluso una colección de autos antiguos. Todo ello, acompañado del relato de los orígenes del negocio fundado por Emilio Bouchon en 1887, y de al menos cuatro cepas distintas de vino tinto y blanco. “Son los más representativos en cuanto a calidad y cantidad de Casa Silva. Primero es un sauvignon blanc, después un chardonnay, luego pasamos al carmenere que es la estrella de Casa Silva, y terminamos con el cabernet sauvignon”, detalla Paulo Sommaruga, gerente de marketing de la viña.

Actualmente producen 12 millones de botellas al año. El 70% se exporta y el 30% queda en territorio nacional.

Parada en Hotel Ontiveros

Luego de una pausa para adquirir los vinos que ofrece Casa Silva, el bus lleva a los turistas al Hotel Ontiveros. Allí, usualmente a las 15.00 horas, es posible degustar un cóctel que incluye consomé, sopaipillas pequeñas con pebre, variedades de tostadas y una copa de vino rosé. 

En un amplio comedor, más tarde, la mesa ofrece ensaladas, trozos de tortilla al rescoldo con lactonesa, y de fondo un plato de carne mechada y puré, con cebolla caramelizada en vino. Por si fuera poco, el postre vuelve a incluir el brebaje típico, esta vez, sobre peras con merengue en punto nieve y frutos secos. 

Antes de enfilar al bus, los viajeros pueden pasear por una feria artesanal al interior del hotel. A los típicos imanes de verdadera fabricación artesanal, se suman recuerdos en lana, piezas de cerámica hechas a mano, aceites esenciales, entre otros productos.  

De regreso

De vuelta al vagón, y con un ánimo más festivo, los pasajeros serán recibidos nuevamente por Los Gañanes. El repertorio esta vez no se ceñirá mayormente al cancionero chileno, sino que también incluirá música popular de otras latitudes del continente, como rancheras o rock argentino

“Lo que se trata de hacer es dejar un mensaje, de que hay que rescatar no solo la música chilena, sino también el repertorio popular”, explica Samuel, la voz principal del conjunto.

Y que se acuerden que esta música se toca en Chile, en realidad”, complementa Urrutia, que hace de guitarrista y segunda voz en esta ocasión.

“Y el tren es una oportunidad perfecta también para ir mostrando, este vestigio del Chile campesino, popular y antiguo”, añade Javiera Cortés, la voz femenina. 

Después del generoso vino que ofrece el recorrido quedan dos alternativas a esas alturas: reclinar el asiento y entrar al sueño con el paisaje de fondo o moverse al vagón que alberga la “Disco-tren”, con su DJ, sus luces y los clásicos del euro dance que Chile bailaba en los 90, el reggaeton de los 2000 y sus variantes que evocan a Mecano, y los hits de hoy. Elija usted.

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