Solemos discutir la participación de las mujeres en los directorios desde la perspectiva de la equidad. Y aunque ese argumento sigue siendo válido, creo que hoy debemos ampliar la conversación. Incorporar más mujeres en los espacios donde se toman las decisiones estratégicas no es solo una cuestión de justicia. Es, sobre todo, una decisión inteligente para las empresas.
El mundo cambió. Las organizaciones enfrentan mercados más complejos, consumidores más exigentes, riesgos que evolucionan a gran velocidad y una transformación tecnológica permanente. En ese escenario, seguir tomando decisiones desde miradas homogéneas simplemente dejó de ser una ventaja competitiva.
Los datos son contundentes. El informe Women in the Workplace 2025, elaborado por McKinsey & Company y LeanIn.Org, muestra que las empresas que avanzan en diversidad de liderazgo desarrollan culturas organizacionales más sólidas, retienen mejor el talento y generan mejores condiciones para la innovación. A ello se suma un estudio de Boston Consulting Group que concluyó que las empresas con equipos de liderazgo más diversos obtienen hasta un 19% más de ingresos provenientes de la innovación, precisamente porque incorporan perspectivas distintas al momento de resolver problemas.
Chile también enfrenta un desafío importante. De acuerdo con el VI Reporte de Indicadores de Género en las Empresas, elaborado por los ministerios de Hacienda, Economía y la Fundación ChileMujeres, la participación femenina en los directorios de las empresas que reportan a la Comisión para el Mercado Financiero alcanza apenas un 24%, mientras que aún existen numerosas compañías que no cuentan con una sola mujer en su mesa directiva. La pregunta entonces ya no es si necesitamos más mujeres en los directorios, sino cuánto talento estamos desperdiciando como país al seguir tomando decisiones con una representación limitada de la sociedad.
Durante años conocimos mujeres extraordinarias liderando empresas, emprendimientos, fundaciones, universidades y organizaciones sociales. Mujeres acostumbradas a gestionar equipos, enfrentar crisis, administrar recursos y construir acuerdos. Sin embargo, muchas veces esas trayectorias no llegan a los directorios porque siguen predominando redes de confianza que históricamente han sido masculinas.
Romper esa lógica no significa desplazar a nadie, sino ampliar la mirada. Los mejores directorios son aquellos capaces de reunir experiencias distintas, generaciones diferentes y conocimientos complementarios. Esa diversidad fortalece el debate, mejora la calidad de las decisiones y permite anticipar riesgos que un grupo homogéneo podría pasar por alto.
No se trata de incorporar mujeres para cumplir una meta o una cuota, sino de reconocer que la diversidad agrega valor al negocio. Cuando una empresa entiende que distintas perspectivas enriquecen la estrategia, deja de ver la inclusión como una obligación y comienza a abordarla como una ventaja competitiva.
Pero este desafío también requiere que más mujeres se preparen para asumir estos espacios. Formarse en gobierno corporativo, fortalecer redes, compartir experiencias y confiar en sus propias capacidades es parte del camino. El talento existe. La experiencia también. Lo que necesitamos es abrir más puertas y generar más oportunidades para que ese liderazgo llegue donde hoy se definen las grandes decisiones. Chile necesita empresas más competitivas, más innovadoras y preparadas para el futuro. Y ese futuro difícilmente podrá construirse dejando fuera a la mitad del talento disponible.
La diversidad en los directorios no es una tendencia pasajera ni una moda impulsada por los mercados, es una visión de largo plazo. Porque cuando las decisiones incorporan más miradas, las organizaciones no sólo representan mejor a la sociedad, también toman mejores decisiones para crecer, innovar y crear valor de manera sostenible.