Secciones
Entrevistas M

Alejandra Urrutia: “En Chile la música clásica está muy viva”

Alejandra Urrutia, actual directora de la orquesta de cámara del Teatro Municipal, vive en Viena pero viaja todo el año debido a su nutrida agenda de presentaciones internacionales y a su objetivo de vida: impulsar, con su ONG, que la música sea una herramienta de transformación social.

Desde hace cinco años Alejandra Urrutia vive en Viena, ciudad donde se respira música. La capital austriaca, que fuese hogar de compositores como Schubert, Mahler y Mozart, es cuna de sinfonías, óperas y oberturas, y es por eso que muchas veces Alejandra siente que puede ver a sus héroes caminando por las mismas calles que ahora transita. Según cuenta, “una vez fuimos a un concierto en un teatro que se llama Theater an der Wien, y en ese teatro fue donde Beethoven estrenó su Quinta Sinfonía por primera vez. Cuando me contaron esa historia se me erizó todo, pensé: ¡qué impresionante!”.

Más de 30 años de trayectoria como violinista y 15 como directora de orquesta han llevado a Alejandra a ocupar hoy el cargo de directora titular de la Orquesta de Cámara del Teatro Municipal de Santiago. Pero su trabajo no se agota en el podio. Entre la dirección orquestal y la creación de nuevos espacios para la música, impulsa iniciativas como un Hub (o desarrollador) de Directoras, PortilloFest y el Gran Concierto por la Hermandad, proyectos producidos por Vibra Clásica, la ONG que lidera junto a Caroline Ward y Angélica Fajul y que busca hacer de la música clásica una herramienta de transformación social.

Nacida en Concepción en el seno de una familia con un padre y un hermano músicos, cuenta que en su casa tocaban juntos y se enojaban y peleaban… por la música. Incluso tenían de vecino a Claudio Santos, reconocido chelista penquista, con quienes desde chicos se instalaban a leer tríos de Mozart y de Beethoven. “Yo apenas los podía tocar, era chica, tenía doce años, pero nos entreteníamos con eso. Fue muy hermoso”. A diferencia de muchas historias de músicos precoces, la de Alejandra Urrutia está libre de padres dominadores que la obligaban a practicar hasta el cansancio. “Mi historia no tiene nada que ver con eso. No tengo recuerdos de que mi mamá o mi papá me hayan dicho: Ale, a estudiar violín. No, yo iba sola y me pasaba horas ahí con mi instrumento”.

Al salir del colegio partió a estudiar violín a Estados Unidos. Primero a Georgia y luego a Michigan a hacer su magíster y doctorado. Estando ahí empezó a interesarse en la dirección orquestal. “En muchas universidades norteamericanas, dentro del programa de dirección orquestal, existe una orquesta laboratorio para los directores. Yo era muy activa en esa clase, me encantaba, porque me interesaba lo que iba a decir el profesor, e incluso empecé a pensar: esto yo lo haría así. Además, tenía muchos amigos que eran directores de orquesta, y pasaba mucho tiempo con ellos hablando de música, de vida, de filosofía”.

Tras regresar a Chile en 2003, se hizo cargo de la Orquesta Bicentenario de Curanilahue, una de las comunas más pobres de Chile. Fue ahí que se dio cuenta del poder que tiene la música en la vida de las personas. “Cuando me pidieron ser parte del proyecto para enseñar violín, no estaba muy segura, porque nunca había enseñado violín, y menos a niños chicos. Pero para mí esa experiencia fue increíble, porque al final me proyectaba en ellos como violinista. Yo tuve la suerte de irme a estudiar afuera, pero tenía dieciséis años cuando me fui, y estos niños tenían seis, siete, ocho años. Pensé: aquí puedo hacer cosas increíbles. Me di cuenta de cómo una clase de violín, en ese momento, podía hacer una gran diferencia. Al estar con alguien cuarenta y cinco minutos, en un espacio cuidado, con mucha paciencia, empiezas a caminar el camino con ellos. De repente se sorprendían de lo que lograban”.

En 2011 Andrea sufrió una trombosis cerebral que le provocó un vuelco en su vida. Tras estar dos meses recuperándose y reflexionando se dio cuenta que lo que más quería hacer era dedicarse a la conducción.

“Hacía rato que me gustaba la dirección orquestal, pero tal vez me daba temor dejar el violín y todo lo que estaba haciendo con él para dedicarme a esto otro. Y, bueno, como que la vida me dijo: ¿qué estás esperando? ¡Vamos! Y así fue: salí el 1 de agosto de la clínica y el 15 de agosto ya estaba dirigiendo la Orquesta de la Usach aquí en Santiago. Esa fue mi primera invitación como directora profesional”.

—Y ahora tienes una agenda que no para en todo el año. ¿Qué significa ser pionera en la dirección, sobre todo como mujer?
“Me pasa que ahora soy más consciente del proceso. Cuando lo estaba viviendo sentía más bien que un paso me llevaba a otro, y ese mismo a otro más. No era muy consciente, y eso fue bueno, porque así una no siente que tiene que estar probando algo, lo cual puede ser una responsabilidad paralizante. Tal vez ahora siento más responsabilidad. Puede ser porque estoy más consciente de que soy un referente para las nuevas generaciones. Y probablemente el Hub también me ha hecho darme cuenta del impacto que una puede tener en otras, en este caso en las directoras, no solo chilenas sino también extranjeras”.

—La dirección orquestal siempre estuvo muy asociada a los hombres, y a cierto tipo de personalidad. Para muchos, ir a ver una orquesta dirigida por una mujer todavía es algo extraño. Tú que viajas mucho dirigiendo, y que además vives en Viena, ¿ves una percepción distinta en el extranjero?
“Creo que sigue siendo un tema, aunque ya se ven muchas directoras buenas. ¿Cuáles son las dificultades que aún hay que remover para las directoras? Una es la visibilidad. Una gran directora norteamericana, Marin Alsop, que es un referente para todas nosotras, decía que todo esto se resolverá cuando tengamos tantas directoras mujeres mediocres como directores hombres mediocres, a la par en número; ahí recién vamos a poder decir que la cosa es igualitaria. Es un poco duro decirlo así, pero es cierto, porque todavía existe la creencia de que, de entrada, ellas no pueden estar a cargo”.

—¿Cómo es dirigir una orquesta?
“Es un proceso que comienza mucho antes de dirigir. Primero hay que abrir la partitura y empezar a descubrir lo que pasa en ella. En ese proceso cada director usa metodologías distintas: algunos usan el piano y tocan la partitura, quizás no toda, pero lo más posible; otros, como yo, somos violinistas y podemos tocar las partes con el instrumento. Probablemente hay directores que no usan ningún instrumento y desarrollan la habilidad de escuchar la partitura directamente en el oído, que es lo ideal. Después de ese proceso, una desarma la obra para volver a armarla de nuevo, para poder entenderla, darle sentido”.

—Tú has dirigido obras de un abanico grande de compositores. ¿Con cuáles disfrutas más?
“Es difícil, porque siempre me gusta pensar que me enamoro del compositor que estoy estudiando en este momento. Por ejemplo, esta semana estamos haciendo a Joaquín Turina, Schubert y Tchaikovski, y mi foco está ahí, a full. Cada uno tiene su propio lenguaje, vienen de culturas distintas, la sonoridad es distinta, y una va descubriendo cómo cada compositor usa los instrumentos de cierta manera. Son tantos los detalles. La partitura es como un mapa que vas explorando, y mientras más la estudias, idealmente mejor te sale. Por eso también es interesante cuando estudias una obra de Tchaikovski y después otra de un período distinto del compositor: siempre hay algo nuevo”.

El Hub y la visibilidad femenina

Este año, además de los distintos roles para directoras, el Hub que se realizará en octubre contará con un programa que incluye investigación sobre la participación femenina. En ese sentido, Alejandra Urrutia pone énfasis en que este año la Sinfónica de Chile tuvo siete mujeres directoras invitadas y la Filarmónica, dos. “El número es sustancialmente más grande. En la Orquesta de Cámara de Chile también están trayendo muchas directoras mujeres. Nunca vamos a saber con certeza si es gracias al Hub, pero es un espacio que obliga a otros a tomar conciencia. Ha abierto una ventana, una puerta súper importante y eso es lo que queremos: dar visibilidad a las directoras mujeres, porque si no tenemos visibilidad, no existimos”.

—¿Qué es lo que ocurre en el Hub que lo hace tan especial?
“El Hub es una especie de taller de dirección orquestal que tiene distintas patas. Una es la dirección orquestal en sí, junto con la Orquesta de Cámara Municipal de Santiago, es decir mi orquesta. Las directoras seleccionadas son nueve activas este año, cinco pasivas, y además agregamos un nivel nuevo, el de las observadoras. Este año postularon veintitrés chilenas al Hub, algo que no había pasado nunca antes. Sentimos que algunas todavía necesitaban más experiencia, así que creamos esto de las observadoras, para que puedan vivir el proceso sin sentir la presión de tener que dirigir o ser criticadas”.

—Junto con el Hub también hay otros desafíos importantes: está el Concierto por la Hermandad y el Festival Portillo a comienzos de 2027, que reúnen a una gran cantidad de músicos y donde aparece esta cantera de jóvenes instrumentistas…
“Sí, eso es muy especial. En Chile la música clásica está viva, y me encanta, porque después de la pandemia muchos decían que se iba a morir, que era música de museo. No creo eso; ahora mucha más gente va a conciertos, hay mucha más curiosidad, sobre todo entre los jóvenes. Y creo que va a seguir: necesitamos conectarnos con algo que nos haga vibrar, y la música clásica hace eso. Hablando del Gran Concierto por la Hermandad (8 de enero de 2027) donde participa un gran coro ciudadano con gente que nunca había cantado en su vida, yo me pregunto qué haría yo si tuviera que hacer algo que nunca he hecho y me muero por hacer. Eso es lo hermoso en este proyecto. Cuando te encuentras con doscientas personas que están en lo mismo, es muy potente. Creo que una de las cosas que tiene el Gran Concierto por la Hermandad es que es muy poderoso. Cuando vas como público, cuando tocas en la orquesta, cuando cantas en el coro, sientes esa energía. Este año queremos hacer una especie de festival durante la semana en que se ensaya el concierto. Hemos invitado a músicos de distintas partes del mundo como jefes de fila, para trabajar con los músicos chilenos”.

—¿Se puede adelantar un poco el repertorio?
“Vamos a comenzar con una obertura, la de Guillermo Tell, de Rossini. Y seguimos con una obra de Edward Elgar que se llama The Music Makers, los hacedores de música, que en el fondo nos celebra a nosotros. Cuando empezamos a escuchar esta obra y nos dimos cuenta del texto, pensamos: ¡tenemos que celebrarnos a nosotros mismos! Jamás lo habíamos pensado así”.

—Entre Vibra, el Hub, Portillo, el Concierto por la Hermandad y tu agenda de conciertos internacionales ¿Cómo compatibilizas tu tiempo?
“Es una vida intensa, pero una tiene que encontrar herramientas para sostenerla: ahí entra la meditación, el ejercicio diario, el estudio, la buena alimentación… nada es casualidad realmente. No son solo los conciertos y los ensayos: hay todo un proceso de preparación en el que una tiene que estar muy tranquila, porque eso es lo que después te da sustento cuando te paras frente a la orquesta”.

—La música de cámara probablemente está viviendo su mejor momento en décadas, y además hay muchas instancias donde la música clásica está saliendo hacia otros escenarios, creando audiencia.
“De todas maneras. Y específicamente con la música de cámara, que hay que pensar que en su momento era música tocada para la nobleza en los salones de los palacios. Incluso a Schubert, que era un gran compositor pero un poco desordenado en su vida (nunca tenía plata ni lugar fijo donde vivir, así que vivía donde sus amigos) le decían: Franz, ¿por qué no haces un concierto aquí, ya que tienes el piano, y a lo mejor puedes ganar algo de dinero? Así nacieron las Schubertiadas, donde Schubert mostraba su música nueva, desde canciones hasta música de cámara. Era algo muy habitual en su momento, y creo que en Chile está comenzando de nuevo un auge. En el Festival Portillo, una de las cosas importantes es que los primeros cinco días los estudiantes hacen música de cámara: cuartetos de cuerdas, quintetos de vientos. Y hay un pensamiento detrás de eso. Como violinista tuve la oportunidad de hacer mucha música de cámara en la universidad, y ese formato es el que desarrolla el oído: el repertorio es increíble para empezar, pero ahí es cuando tienes que estar presente al 150 %, escuchando, reaccionando, a veces liderando, a veces siguiendo; trabajando la afinación, el ensamble, el fraseo. Con la música de cámara el músico se refina, y luego todos esos conceptos los puedes usar cuando tocas en orquesta, cuando tocas como solista. Como violinista y directora de orquesta, me parece esencial para la formación de los músicos del futuro”.

Notas relacionadas








Cielos en disputa

Cielos en disputa

Más del 50% de las investigaciones astronómicas mundiales se realizan desde observatorios ubicados en nuestro país. El rol de Chile se vuelve crucial en este aspecto, justo en momentos que Estados Unidos admitió poseer sistemas de armas en el espacio. Mirando hacia futuro, nuestros cielos pueden ser sinónimo de riquezas en este nuevo escenario de disputas geopolíticas.

Foto del Columnista Juan Pablo Toro Juan Pablo Toro


La ciudad que queremos

La ciudad que queremos

La infraestructura, cuando se piensa con visión, es una forma de decirle a las personas que importan. Por eso insistimos tanto en la idea de obras de confianza, intervenciones visibles y rápidas que le devuelvan a la gente la fe de que las cosas sí pueden cambiar, y que sirvan para abrir la puerta a las transformaciones más grandes y lentas que toda ciudad necesita.

Foto del Columnista Alejandra Mustakis Alejandra Mustakis