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Lucy Ana Avilés y el sueño de cambiar cómo se atiende en Chile a niños víctimas de abuso

La filántropa radicada en Estados Unidos da su mirada a Mujeres D sobre los desafíos que tiene Chile para abordar la primera infancia. “Siento que todavía no ha llegado al punto que debería ser: sentarse a la mesa y ver cómo podemos ser más eficientes para proteger a la infancia”, advierte.

“Resulta imposible vivir sin Chile”, dice Lucy Ana Avilés desde Estados Unidos. Y es que desde hace más de una década, como presidenta de la Fundación Viento Sur, mantiene vivo su vínculo con el país mediante varias iniciativas filantrópicas, gran parte de ellas vinculadas a la primera infancia.

Hace un año, reunió a los decanos de las facultades de Derecho y Psicología de algunas de las universidades del país y les propuso concentrar en un mismo lugar todo lo que un niño que ha sido víctima de delitos sexuales necesita: atención jurídica, psicológica, psiquiátrica y social.

Pese a que el horizonte de este proyecto aún se ve lejano, los problemas que originaron este compromiso siguen vigentes. “Un niño que es víctima de abuso y quiere recibir apoyo psicológico hoy en día enfrenta una lista de espera de uno a tres años. Claramente eso hay que cambiarlo”, advierte Lucy Ana Avilés en esta entrevista que concedió a Mujeres D.

En ese intertanto, la psicóloga y filántropa trabaja por la prevención. Publicó Mi mundo seguro, una guía gratuita para que padres y tutores enseñen autocuidado a los niños e incluso un concurso nacional para que los niños integren estos conocimientos mediante una canción —”No, Para, Detente”— y una coreografía. Ahora planea extender esta iniciativa, que reunió a 142 cursos a nivel nacional, a otros países.

También, cada año busca concientizar sobre la prevención de la violencia cuando instala junto a la plataforma, Cuidemos la Infancia, más de 4.000 remolinos azules frente a La Moneda en el Día Internacional contra el Maltrato Infantil. “El tema de la infancia, por alguna razón, no hace mucho ruido o no se le toma el peso seriamente, como debiese tomarse”, lamenta. Aquí, su mirada sobre los desafíos pendientes para la primera infancia y cómo Viento Sur busca abordarlos.

— A pesar de tu origen en Chile, vives en Estados Unidos. ¿Cómo logras mantener tan vigente esa relación con el país?

Es imposible no mantener una relación con mi lugar de origen, con el lugar donde crecí, donde está mi familia y donde están las amigas de toda la vida. Entre eso y todos los proyectos que uno puede apoyar en Chile, que son tremendamente significativos para mí, resulta imposible vivir sin Chile.

— Siendo psicóloga, ¿qué te impulsó a involucrarte en la protección de la infancia contra el abuso y el maltrato, y en particular por la primera infancia?

Por un lado, como psicóloga infantil y juvenil, estuve durante algún tiempo haciendo voluntariado en un centro que atendía justamente a niños que habían sido víctimas de abuso. Se llama DCAC, o Denver Children’s Advocacy Center.

Me tocó trabajar dando terapia a niños de comunidades hispanas que habían sido maltratados o abusados. Me fui dando cuenta de cómo el sistema les estaba fallando a los niños, cómo no estaban en el centro de la toma de decisiones y cómo tenían que ir tras el sistema. Tampoco estábamos llegando de manera temprana; faltaban buenos programas de prevención. Me tocó también ver la otra parte, cuando uno llega tarde y tiene que ver de qué manera apoya a las víctimas de abuso para que puedan empezar su trabajo de reparación.

Por otro lado, al ser mamá uno se da cuenta de lo importante que es el desarrollo de los niños: que crezcan con amor, con respeto y conociendo cuáles son los límites, qué se puede y qué no se puede hacer. A medida que van creciendo y se hacen más autónomos, uno les va soltando la mano poco a poco.

Me pareció fundamental enfocarnos en la primera infancia porque, si queremos que las cosas cambien para mejor, sin ese enfoque es difícil producir transformaciones. Lo que sucede en los primeros años de vida está comprobado por estudios que va a marcar en qué se va a convertir tu vida.

— Imagino que compartes la premisa de priorizar recursos para la primera infancia, por ejemplo en educación.

De todas maneras, absolutamente. Creo que ahí está una de las bases fundamentales que podemos ofrecerle a los niños.

— ¿Sientes que la primera infancia queda al margen del debate público, desplazada por otros asuntos que se consideran más urgentes?

Lamentablemente, estás en lo correcto. El tema de la infancia, por alguna razón, no hace mucho ruido o no se le toma el peso seriamente como debiese tomarse. Pasa, por ejemplo, cuando acontece algo grave: cuando matan a un niño o se sabe de algún tipo de abuso o caso de explotación sexual. Ahí sí es noticia y todos supuestamente quieren cambiar las cosas, pero luego la gente se olvida. Es ahí donde a uno le duele mucho.

Sabemos que, mientras no se estén haciendo buenos programas de prevención, hay niños que están siendo maltratados y abusados. Depende de nosotros que eso no suceda y de ver de qué manera nos podemos juntar de forma transversal a tratar un tema que debe unirnos: el cuidado y la protección de la infancia.

— Vi que publicaste Mi mundo seguro, para promover la protección infantil y que creaste una canción y una coreografía para que el mensaje les llegara de mejor manera a los niños, en los colegios ¿sentiste que ellos lo comprendieron?

De todas maneras, sí. Lo del libro surgió porque, durante los años que estuve haciendo terapia, me fui encontrando con muy buenos materiales para hacer prevención y trabajar en colegios con los niños, padres o cuidadores. Pero a veces podían ser engorrosos o complejos.

Lo que quise hacer fue facilitar un material bastante dinámico donde los niños pudieran pintar, ver fotografías, comparar situaciones y contar historias. Me quedé corta con lo del libro y de ahí vino la canción; después de la canción vino el concurso, porque dije que de alguna manera teníamos que hacer llegar este mensaje a los niños, y a ellos les encanta bailar.

Sentí una recepción muy linda y con mucho orgullo. Al principio no le tomé el peso, pero cuando nos empezaron a llegar videos terminamos con 142 grabaciones de 12 regiones de Chile, donde bailaban unos 20 niños por curso. Ahí dije: «Dios mío». Entregamos superpoderes a estos niños, que hoy día sí saben decir «no, para, detente».

Saben la importancia de contar con un adulto en quien confiar y sentirse seguros, cuáles son las partes privadas del cuerpo que hay que cuidar y respetar, y la importancia de cuidarse y cuidar al otro. También el día de la premiación, ellos reconocían lo importante que es encontrarse con la familia.

— Al referirte a la familia, ¿apuntas a que los niños se sientan escuchados y acompañados?

Exactamente. Sabemos que la vida no está fácil: hay mucho estrés, muchas demandas y la vida está complicada. Muchas veces, no porque no se quiera, los padres y cuidadores llegan agotados a sus casas y no siempre se pueden dar el tiempo para estar con los niños y tener buenas conversaciones.

Más allá del tiempo, es ver cómo pasamos menos tiempo en las pantallas y damos prioridad. No se trata de la cantidad de tiempo que uno pasa con el niño, sino de la calidad. Los niños realmente quieren pasar tiempo con los adultos y aprender de nosotros.

— ¿Consideras que escuchar es el pilar fundamental que debemos tener los adultos para la prevención, o crees que se deben incorporar otros aspectos?

Llevamos tres años realizando un seminario donde el énfasis de la conversación es cuáles son las señales y síntomas de niños que podrían estar siendo maltratados.

Por supuesto que poder conversar con los niños y ver cómo están y cómo se sienten es un factor protector, pero también creo que es importante estar atento y alerta a cambios de comportamiento o de conducta. No necesariamente hay que ir a un taller para aprenderlo, aunque mientras más personas tengan herramientas para detectarlo, obviamente la prevención va a funcionar mucho mejor.

Cuando un niño que era súper sociable de un día para otro empieza a ser muy retraído o empieza a tener problemas nocturnos y pesadillas, uno debiese preguntarse qué puede estar pasando y por qué el cambio.

— Pensando a nivel institucional, donde tu labor implica articular al Estado, empresas y organizaciones, ¿identificas un desafío más macro que esté pendiente con la primera infancia?

Creo que se están haciendo los esfuerzos para poder trabajar en conjunto con el sector público y privado de manera más formalizada, concreta y de ayuda mutua. Como decía antes, el tema de la infancia tiene que ser algo que una.

Sabemos que todo está súper polarizado hoy en día y hay diversas opiniones, pero creo que estamos todos de acuerdo en querer criar niños sanos, alegres y en entornos de respeto donde puedan estar seguros.

Eso debería concretarse tratando de aunar fuerzas y juntar grupos, pero siento que todavía no ha llegado al punto que debería ser: sentarse a la mesa y ver cómo podemos ser más eficientes y productivos para proteger a la infancia.

— Para precisar esa idea, ¿en qué aspectos dirías que estamos al debe: en generar un entorno seguro o en la articulación?

En todos. Por ejemplo, es un poco lo que me pasaba acá en Estados Unidos, donde veía que cada sistema funcionaba de manera separada sin integrar la parte de psicología con la de las leyes. Un abogado podía decidir que el niño ya tenía que reunirse con su familia sin preguntarme a mí como psicóloga cómo veía al niño o si efectivamente estaba preparado para dar ese paso.

Se van tomando decisiones sin conversar entre las partes y eso puede generar un daño mayor. Por eso es importante que la atención a los niños ojalá pueda darse en un solo lugar, de manera multidisciplinaria, coordinada y colaborando entre las partes. Así es como realmente podemos trabajar en favor de los niños.

— ¿De esa carencia nace el centro de atención integral para niños víctimas de abuso que quieres crear? ¿en qué fase se encuentra?

Es un proyecto grande porque mi sueño es lograr muchas cosas con este centro integral. Por un lado, quiero facilitarle el proceso a las personas que han sido víctimas de abuso entregándoles diversos servicios en un solo lugar: que el niño pueda ser atendido y apoyado por abogados, psicólogos, psiquiatras si es necesario, y asistentes sociales.

Por la experiencia que tuve, muchas veces todas estas oficinas o servicios están en distintas partes. Para una familia que lo está pasando muy mal y sufriendo un shock al tener a un hijo o pariente víctima de abuso, tener que trasladarse de un lado para otro es un mundo. Para el niño también. ¿Cómo hacemos para facilitar y centrar estos servicios en un espacio acogedor? No en un lugar que parezca un hospital o una institución, sino como una casa donde prestar todos estos servicios y donde, al estar todos en el mismo sitio, se puedan discutir los casos y velar por la mejor atención y cuidado.

Por otro lado, me encantaría que fuera un centro donde participe la academia y muchas universidades, donde se pueda entrenar a futuros psicólogos y abogados en esta temática especial y conversar sobre mejorar las prácticas. Un centro de unión de varias universidades trabajando por los niños. La palabra clave acá es ser capaces de colaborar. Mientras más personas logremos unirnos en torno a este fin, más vamos a poder cuidar a los niños de manera eficiente.

— Considerando que es un proyecto de gran envergadura, ¿existe alguna fecha o etapa definida para su puesta en marcha?

No hay fecha ni etapa precisa, pero sí hay interés y voluntad. Todavía tenemos ciertas dudas sobre cuántos servicios vamos a poder otorgar en el centro, por ejemplo, si vamos a poder integrar o no las entrevistas videograbadas. Hay muchas preguntas sin respuesta, pero al mismo tiempo ha habido avances respecto a qué grupos pueden estar interesados en empezar pronto.

Hay que buscar el espacio, y eso es muy importante. Actualmente estamos apoyando un proyecto en la Clínica UC CHRISTUS que se llama Levantares, que realiza todo lo relativo al peritaje forense sexológico. Para nosotros sería importante que eso se mantenga en la clínica de Marcoleta y nosotros poder otorgar estos otros servicios muy cerca de ese lugar. La cercanía y proveer varios servicios en un solo sitio es fundamental por un tema de tiempos.

Un Las personas que estamos envueltas en esta temática manejamos esa cifra y nos duele: un niño no debiese esperar hasta tres años para comenzar su proceso de reparación. Claramente estamos fallando.

— Además de la primera infancia, ¿qué otras áreas están priorizando en Viento Sur?

Nos interesan las habilidades parentales: cómo entregar herramientas a los padres y cuidadores para ejercer la paternidad, porque a nadie le enseñan a ser papá. Tener buenos vínculos y conocimiento sirve mucho para proteger a los niños.

El otro punto de enfoque es la salud mental perinatal: que la madre embarazada, durante su proceso de gestación y posparto, pueda contar con terapias y ayuda psiquiátrica si lo requiere.

Mucho de esto nace de vivencias personales. Durante mis dos embarazos lo pasé muy mal y tuve síntomas de pérdida. Al ser tan apegada a la vida, la idea de perder a mi primera hija me generó mucha ansiedad y angustia, algo que se repitió en el segundo embarazo.

Ahí fue interesante ver cómo el sistema no apoyaba a la paciente, porque tenía dos grupos hablándome de cosas distintas: los obstetras y ginecólogos decían que no debía tomar ciertos medicamentos porque podían dañar a la guagua, y por otro lado, en salud mental decían que sí se podían tomar medicamentos específicos demostrados que no generan daño. Tener estas dos voces no coordinadas me generaba aún más angustia.

Por cosas de la vida logramos formar un equipo, y de ahí viene este enfoque en salud mental perinatal. Hoy en día, en Estados Unidos, cualquier mamá embarazada tiene su screening, terapia de apoyo y puede ser derivada al psicólogo o psiquiatra. Eso antes no existía.

— Pensando en la caída de la natalidad a nivel general, ¿sientes que influyen estos factores como la falta de acompañamiento?

Creo que, por un lado, la vida está muy cara y criar tiene sus costos. Por otro lado, hay mucho desconocimiento y susto sobre lo que significa el compromiso de ser papá o mamá.

Pero cuando uno sale del hospital con la primera hija, en la clínica estás súper contenida, pero llegas a la casa con un bebé diminuto y vulnerable y te preguntas: «¿Y ahora qué hago?». Es súper normal; hay desconocimiento y no nos preparan. También hay una generación que no quiere estar atada, que prefiere estar más libre, viajando y explorando.

— En el país siempre se te vincula con la gestión del Supertanker y Chile suele enfrentar catástrofes naturales constantemente. ¿Sigues con atención estos desastres y las emergencias de la temporada?

Chile es impresionante lo castigado que es. Frente a catástrofes naturales y niños, nosotros hemos seguido apoyando la construcción de escuelas.

Con lo que pasó durante el verano en Penco, nos comprometimos a construir unas sedes sociales que se quemaron y estamos viendo con qué otras construcciones vamos a apoyar.

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