El modernísimo estadio Moulay Abdullah, ubicado en las afueras de Rabat, capital de Marruecos, está a tope. Más de 70.000 espectadores quieren ver a su selección levantar el título de la Copa Africana de Naciones, en su propia casa, que también será sede del mundial del 2030. Todo está listo para la gran final. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino observa todo desde los palcos junto a las autoridades locales. Con saludos y gestos cómplices hacia el público, confían en que todo funcionará a la perfección. El equipo marroquí, con grandes figuras en las ligas europeas y con el recuerdo vivo de su cuarto lugar en Catar 2022, es el favorito para levantar el título. Sería una jugada perfecta. Locura total en las calles de todo el país y todo ante los ojos del mandamás Infantino, que hasta aquí ha aprobado la impecable organización del torneo. Suena el pitazo y comienza el partido. Nadie imaginó que ese sería también el inicio de uno de los momentos más insólitos y rocambolescos en la historia del fútbol.
Minuto 92, el marcador está 0-0. Solo faltan segundos para que finalice el duelo y es casi seguro que el siguiente paso será el alargue. Pero hay gol de Senegal. El de la gloria, el que los convertía en campeones. Por eso mismo los “Leones de Teranga” no lo pueden creer cuando el árbitro anula correctamente la anotación. Instantes más tarde, se cobra penal para Marruecos. Explota la galería y también los furiosos senegaleses contra el réferi. Ocurre lo impensado. A modo de protesta, deciden abandonar la cancha, azuzados por el su entrenador. Nadie reacciona, bochorno total. Tras 17 minutos encerrados en el camarín, la selección de Senegal decide volver al campo de juego, liderados ahora por su estrella y capitán, Sadio Mané. La final se reanuda. Volvemos al penal para Marruecos. Brahim Díaz del Real Madrid tiene la posibilidad de terminar esta historia desde los 12 pasos y por fin levantar la copa. El tiro es un disparate y el portero Mendy contiene el balón sin problemas. Ahora sí, nos vamos al alargue.
Minuto 100, gol de Senegal. El silencio invade el estadio. Minuto 120, termina el partido. Son campeones, lo lograron. Y con escapada incluida. Tenidos sobre el césped, los jugadores de Marruecos lloran desconsolados, aún sin entender nada de lo ha pasado.
No hay registros de algo parecido. Renunciar al partido, a la competencia, simplemente porque el criterio del árbitro, que más encima era acertado, no les pareció. Aunque reaccionan tras unos minutos y vuelven a la cancha, el equipo de Senegal ha distorsionado el duelo, ha decidido detener el espectáculo justo en el clímax. Los anfitriones, desconcertados, nunca pudieron recuperar la sintonía y vieron en vivo y en directo cómo les arrebataban el trofeo de las manos.
El 17 de marzo de este año, justo dos meses después del bochorno de Rabat, el Comité de Apelaciones de la Confederación Africana de Fútbol acogió el reclamo de Marruecos para revertir el resultado y aplicó los artículos 82 y 84 del reglamento del torneo, declarando a Senegal perdedor por incomparecencia. Los subsaharianos no se quedaron de brazos cruzados y llevaron el caso hasta la última instancia, el Tribunal Internacional de Arbitraje Deportivo, TAS.
¿Quién es el legítimo ganador?, de hecho ¿existe un legítimo poseedor del título?, ¿cómo fue posible que un equipo haya abandonado el campo de juego para luego retornar, descolocar al rival y terminar siendo campeón?, ¿qué hubiese pasado si Brahim Díaz anotaba el penal y Marruecos era el vencedor?, hubiésemos simplemente olvidado la antideportiva invitación que el entrenador senegalés Pape Bouna Thiaw hizo a sus jugadores?, ¿cuál era el tiempo prudente por parte del árbitro para esperar a los fugitivos?…
Las deliberaciones del TAS ubicado en la ciudad suiza de Lausana, ya comenzaron y se espera que la decisión final se anuncie a fines de noviembre. En Marruecos confían en que se les confirme como campeones apelando al reglamento, que indica que el abandono significa la derrota, a pesar del retorno. En Dakar, ponen sobre la mesa argumentos deportivos y su triunfo en cancha por 1-0, agregando además el condimento del enorme acto de grandeza de los jugadores, que volvieron a la cancha y continuaron jugando. La repetición de la final también aparece como opción.
En las próximas semanas, conoceremos el veredicto del tribunal y eventualmente al monarca de la Copa de África. En todo caso, este episodio ya aseguró un título que quedará en los libros, el de la final más larga y extraña de todos los tiempos.