Las mujeres reciben entre un 18% y un 20% menos ingresos que los hombres a nivel mundial por trabajos de igual valor, una brecha que continúa evidenciando las desigualdades que enfrentan en el mercado laboral.
La cifra fue destacada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Coalición Internacional para la Igualdad Salarial (EPIC), en el marco del Día Internacional de la Igualdad Salarial.
Aunque las diferencias de remuneraciones no siempre responden a una discriminación directa, existen factores estructurales que afectan los ingresos femeninos durante su trayectoria profesional. Uno de ellos es la distribución desigual de las labores domésticas y de cuidado, responsabilidades que recaen principalmente sobre las mujeres y que pueden limitar sus posibilidades de acceder a jornadas completas, asumir mayores responsabilidades o avanzar hacia puestos mejor remunerados.
A esto se suma la segregación ocupacional, debido a que las mujeres suelen concentrarse en actividades como educación, salud, trabajo social y servicios de cuidado, sectores que históricamente presentan remuneraciones más bajas que otras áreas, como tecnología, ingeniería y finanzas.
Asimismo, el denominado techo de cristal dificulta su llegada a cargos ejecutivos y espacios de liderazgo, reduciendo sus posibilidades de acceder a los salarios más altos.
El impacto de esta desigualdad también trasciende el ámbito individual. La menor capacidad de ingresos de las trabajadoras repercute en el consumo de los hogares, la inversión familiar en educación y salud, y el crecimiento económico de los países.
Frente a este escenario, una de las herramientas que ha comenzado a ganar terreno es la transparencia salarial, mediante normativas que exigen a las empresas informar sus bandas de remuneraciones, revisar sus estructuras internas y justificar eventuales diferencias entre trabajadores que desempeñan funciones de igual valor.
Sin embargo, cerrar esta brecha todavía representa un desafío de largo plazo. Las proyecciones internacionales advierten que, si se mantiene el ritmo actual de avances, la igualdad económica entre hombres y mujeres podría tardar más de un siglo en alcanzarse.
Debido a lo anterior, y para acelerar ese proceso, la OIT plantea la necesidad de fortalecer las políticas públicas de cuidado, promover auditorías salariales en las empresas y utilizar la negociación colectiva para detectar y corregir diferencias injustificadas.