A lo largo de la historia fueron muchos los que trataron de encontrar las claves para identificar a un asesino en potencia. Uno de los primeros que lo intentó fue el Dr. Cesare Lombroso, quien en 1870 comenzó sus estudios en Turín. El llamado padre de la criminalística pensaba que el homicida se podía identificar por sus rasgos primitivos, que lo acercaban al simio.
Sin embargo, tiempo después muchas de sus afirmaciones fueron desacreditadas por la ciencia, así como todos los esfuerzos e investigaciones que sólo quedaron en “supuestos” por las pocas herramientas con que contaban los científicos.
Sin embargo, la utilización de la resonancia magnética funcional en los años 80 permitió saber un poco más. Fue así que el primer escáner de cerebro de un asesino se realizó en California, por el eurocientífico británico Adrian Raine. El lugar fue elegido específicamente “por el gran número de individuos muy violentos y homicidas”.
Maltrato infantil
Desde aquella oportunidad y a través de diversos estudios, se determinó que una de las principales razones del “nacimiento” de un asesino era el abuso y maltrato infantil, que puede causar daños físicos en el cerebro, específicamente en el córtex prefrontal.

Gen
Pero también hay otros factores que predisponen a un asesino. Fue el caso de una familia donde todos los hombres tenía un historial de violencia, a quienes luego de una minuciosa investigación se descubrió que les faltaba el mismo gen.
Precisamente era el gen que produce una enzima llamada MAOA, que regula los niveles de neurotransmisores relacionados al control de los impulsos. Según estudios, un 30% de los hombres tiene este problema, pero depende mucho de los que ocurra durante la infancia.

Infancia feliz
Otro experto que pone énfasis en las experiencias de la niñez es Jim Fallon, profesor de psiquiatría de la Universidad de California, que además tiene un interés personal en esta investigación.
Sus investigaciones comenzaron luego de ver la gran cantidad de asesinos que habían en el árbol genealógico de su familia. Por ello se realizó una gran cantidad de exámenes genéticos, descubriendo que tenía una serie de genes relacionados con comportamientos violentos.

Sin embargo, él era un destacado académico y no un homicida por lo que llegó a la siguiente conclusión: “si tienes el gen de alto riesgo pero no fuiste maltratado, entonces no hay realmente mucho riesgo. Así que el gen solo por sí mismo no afecta dramáticamente el comportamiento, pero en ciertas condiciones de entorno hay una gran diferencia”.
Al parecer todo estaría en la importancia de controlar estas conductas en la infancia y exponer lo menos posible a los menores a situaciones de maltrato y abuso.