El caso de Gisèle Pelicot, la mujer francesa violada durante años por más de 50 hombres con la complicidad de su entonces esposo, vuelve al centro del debate público tras la publicación de su libro autobiográfico. En Un himno a la vida: Mi historia la autora de 73 años reconstruye no solo la década de abusos sufridos, sino también el impacto que las revelaciones tuvieron en sus tres hijos adultos.
“¿Qué hacer con estos recuerdos?”, se pregunta Pelicot al inicio del libro, escrito junto a la periodista y novelista Judith Perrignon. La obra, lanzada simultáneamente en 20 idiomas, abre una ventana íntima a la experiencia de una mujer que insiste en no ser definida únicamente como víctima.
Dominique Pelicot, su ex marido, fue condenado a 20 años de prisión tras comprobarse que la drogó durante casi una década para permitir que decenas de hombres la violaran mientras permanecía inconsciente.
El libro revive el 2 de noviembre de 2020, cuando Gisèle acudió a la policía de Carpentras creyendo que acompañaba a su esposo por un incidente de mirar debajo de la falda de una mujer en público. Allí, el sargento adjunto Laurent Perret le advirtió: “Les voy a mostrar fotos y videos que no les van a gustar“. Eran registros de ella siendo violada mientras estaba inconsciente. Y habían más de 20.000.
“Sentí la tentación de soltar el volante y estamparme, pero solo por unos segundos, lo que tardé en descartarla. No era yo. Nunca le echaré una mano a la muerte”, escribe sobre el momento en que comprendió la magnitud de lo ocurrido. La incredulidad fue inmediata: “No reconocí a los hombres. Ni a esta mujer. Tenía las mejillas tan flácidas. Su boca tan lacia. Parecía una muñeca de trapo”. Luego llegó la cifra: “El policía mencionó un número. Cincuenta y tres hombres vinieron a nuestra casa a violarme”.
La revelación a su hijos: el impacto expuesto en el libro de Gisèle Pelicot
Para sus hijos, David, Caroline y Florian, la revelación supuso el derrumbe de la figura paterna y de la historia familiar. La reacción más desgarradora fue la de su hija Caroline, quien emitió un “alarido de angustia” descrito por la autora como “el aullido de un animal herido”. “Mi hija se estaba derrumbando. Las palabras que le decía para intentar calmarla no le llegaban”, recuerda.
La ira reemplazó pronto al shock: “Todo se estaba astillando. Los objetos. Nuestra historia. Nosotros”. En el juicio concluido en 2024, Caroline declaró: “La única diferencia entre mi madre y yo es que en su caso hay pruebas. Para mí, es una tragedia absoluta”.
Pelicot concluye que, para sus hijos, las revelaciones “querían borrarlo todo (los recuerdos). Y ese borrado también me incluía a mí”. Su libro, sin embargo, busca lo contrario: preservar la memoria y cambiar la vergüenza de bando.