Roberto Fantuzzi juzga la reforma tributaria: “Empezaron al revés. Pusieron la carreta delante de los bueyes”

"Si no sabemos cuánto requerimos para educación y salud, ésta es una reforma coja, y seguramente vamos a tener que estar discutiendo en tres años más otra reforma", dice el líder de Asexma.

Por Cindy Rivera
Roberto Fantuzzi juzga la reforma tributaria: “Empezaron al revés. Pusieron la carreta delante de los bueyes”
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Roberto Fantuzzi, el histórico líder de las pymes y de Asexma (Asociación Gremial de Exportadores de Manufacturas), va por la vida con un ánimo justiciero poco habitual en los gremios empresariales.

Fue de los primeros, el año pasado, en levantar la mano para apoyar la idea de una reforma tributaria, y no tuvo complejos para afirmar que los empresarios tenían que hacerse cargo del “reventón social” que estaba experimentando el país, pagando la estabilidad social con un aumento de impuestos. “Que los que ganan más; paguen más. Así de sencillo”, viene repitiendo hace tiempo.

Sin embargo, conocida la reforma anunciada por el Gobierno la semana pasada, pasó a encabezar la lista de los frustrados. “Es más de lo mismo”, dice, cortante, aunque tampoco le gusta ser apocalíptico.

En su opinión, nada grave va a pasar con las pymes. “El impuesto de primera categoría es parte de tu global complementario. Si bajas el global complementario, en el fondo el impuesto es el mismo. Esta reforma va a afectar a los neumáticos y a las pilas (impuesto verde), y al alcohol, pero los que hacen elusión no son los Juan Soto. Son empresas muy grandes; no pymes”, dice.

Aclara que aún cuando se suele hablar del famoso 80% en mano de obra que aportan las pymes, eso no es efectivo. “El 43% de la mano de obra en este país es generado por los microempresarios, y de ellos, el 99% no paga impuestos de primera categoría, que es de lo que se habla tanto en estos días. Las pequeñas y medianas empresas, por su parte, aportan el 37% de la mano de obra, pero los dos sectores en su conjunto, es decir las microempresas, las pequeñas y las medianas empresas, no aportan casi nada al crecimiento de este país. Si el país creciera al 10%, el 8% lo ponen las grandes empresas y el 2% las chicas. Por lo tanto, en términos económicos, son las grandes empresas las que empujan el carro”.

Para él, el tema de fondo es otro: más que una reforma, se necesita revisar el sistema tributario, detectar las incontables injusticias que contiene, y corregirlas una por una. Sólo hacer ese ejercicio, en su opinión, tendría un impacto mucho mayor que cualquier reforma.

Así, explica, se terminarían las sociedades de inversión creadas para eludir el pago de impuestos, y se acabaría también el Fondo de Utilidades Tributables (FUT), ese espacio en el que las empresas acumulan miles de millones de dólares sobre los cuales no pagan impuestos.

Frente al aumento del impuesto a las utilidades de las empresas a un 20 por ciento, asegura que no será la empresa la que asumirá el gravamen, sino sus accionistas, quienes no pueden descontar el 20 %, cosa que sí pueden hacer los dueños de las empresas.

¿Sigue habiendo el mismo espacio para la elusión?

Tuve discusiones con economistas, que me negaban que el impuesto de primera categoría lo va a terminar pagando sólo el trabajador. Les tuve que mandar un informe de una firma auditora como argumento. Hay muchos economistas que no tienen idea lo que están discutiendo. Tan grande debe ser la elusión, que hace unos meses el SII informaba que el contribuyente más grande de este país era el dueño de una bomba de bencina. Y no era precisamente Roberto Angelini. Los demás hacen elusión, tienen sociedades de inversión y empiezan a hacer cascadas con ellas. La casa donde viven es de una empresa de inversiones, el auto es de otra empresa, etc… Ahora, todas estas reformas van a pasar por el Congreso y seguramente van a sufrir modificaciones, no me cabe duda. Al menos eso espero.

¿No encontró nada nuevo en la reforma?

Creo que los impuestos verdes son lo único distinto respecto de lo que se ha discutido anteriormente. Lo otro son ingenierías que las pymes no conocen. Tú a una mipyme le hablas de elusión y ni la conoce, porque su contabilidad es muy rústica. Ahora, con respecto al impuesto de primera categoría, insisto en que el único que lo está pagando en definitiva es el trabajador. Esta es una ley antigua e injusta. Yo digo que no hay que hacer una reforma tributaria, sino buscar una justicia tributaria, que son dos conceptos distintos. La justicia tributaria es vertical y horizonal. Horizontal significa que los que ganan menos, pagan menos, y vertical que los que ganan más pagan más.

¿Cuántas injusticias tributarias observa usted en el sistema?

Te pudo nombrar 100. El FUT es un antecedente. Hoy no sé ni leer el monto que se ha acumulado ahí. En ninguna parte contable del Estado de Chile está considerado ese pasivo. Ese FUT considera un derecho de descuento en los globales complementarios de las personas, y eso no está considerado en ninguna parte del presupuesto, porque es un pasivo estatal. E insisto, como el FUT, puedo nombrar 100. Las patentes en Chile, donde pagan más los chicos que los grandes. Con la tasa de accidente del trabajo pasa exactamente lo mismo. En mi opinión, partieron al revés. Pusieron la carreta delante de los bueyes.

¿Por dónde había que empezar?

Lo primero que tenemos que saber es qué inversión requerimos en educación. El Presidente dijo que toda la recaudación adicional iría a educación, pero eso no significa necesariamente tener un proyecto de educación. Yo al menos no lo conozco. Son cosas distintas. Y agregaría la necesidad de saber la inversión que necesitamos en salud. Porque esta última es la futura bomba que le va a explotar a este país. Le puede tocar a este gobierno, como le puede tocar al otro, porque ahí está la máxima inequidad y eso en algún momento va a reventar. Si no sabemos cuánto requerimos para educación y salud, ésta es una reforma coja, y seguramente vamos a tener que estar discutiendo en tres años más otra reforma. Este sistema (tributario actual) fue muy importante para estimular la inversión y lo logró, pero todo proyecto de vida se agota en un momento dado. Y en este caso, creo que llegó el momento de hacer los cambios.

¿Cuál es su postura frente al debate del sueldo mínimo?

Hace años que estamos diciendo como organización gremial que está bueno de desgastarnos en esto. Todos los años, políticos, Congreso, Ejecutivo, empresarios y trabajadores nos enfrascamos en una discusión eterna. Al “sueldo ético” de $ 250.000 propuesto hace más de cuatro años por monseñor Alejandro Goic (obispo de Rancagua y vicepresidente de la Conferencia Episcopal), si le aplicáramos sólo el reajuste del IPC, ya estaría convertido en un sueldo de $ 290.000. Soy partidario de la armonía en el desarrollo y el crecimiento de nuestro país, para que crezcan tanto los empresarios como los trabajadores. Determinemos en UF el salario mínimo, y pongámonos metas.

¿De qué plazos habría que hablar?

El Presidente ha dicho que el 2018 se va a acabar con la extrema pobreza. Pongamos ese año como meta. Porque los economistas son divertidos. Calculan el crecimiento, la inflación, la tasa de interés, pero nunca te dicen a cuánto va a ascender el salario mínimo. Me pregunto por qué esa variable la dejan fuera. Si es tan importante como dicen que es, entonces deberíamos incluirla en el análisis.

¿Está de acuerdo en que se hubiera corregido hace tiempo el salario mínimo?

Nosotros lo estamos diciendo hace mínimo siete años. Hay espacio para un gran acuerdo.

¿Se acaba el mundo?

Si lo haces de un día para otro sí, porque se produce un desajuste, pero tenemos que respetarnos y hacer un esfuerzo. 

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