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Plurinacional y Multicultural

Somos un Estado constituido por varias naciones y no tiene sentido que haya sectores políticos intentando negar esa realidad.

En estos últimos días hemos visto un triste y preocupante ingrediente que viene a recrudecer un panorama que por décadas, y cientos de años, no ha logrado allanarse en un camino de encuentro cultural y político que reconozca y se haga cargo de una historia mal contada. Qué duda cabe de que por largo tiempo el pueblo mapuche ha sido discriminado y maltratado, sin embargo, el fin de semana quedamos estupefactos por actos que califican abiertamente de racismo e incitación al odio.

Se trata de expresiones brutales y gravísimas que el mundo político transversalmente debiera condenar. No sólo porque se trata de acciones lesivas contra la integridad y que pueden repetirse con graves consecuencias, sino también porque cualquier base de entendimiento se debe asentar en principios claros, recíprocos de respeto y reconocimiento de las diferencias como un factor que nos enriquece como país y como sociedad.

Es imperioso investigar los hechos, su origen y convocantes, pero acompañado de una condena que ha sido débil e incluso ausente, en especial, de parte del gobierno. En actores de la derecha más conservadora se insiste en una solución de orden público, pero se hace vista gorda y se guarda silencio ante las vulneraciones graves hacia nuestro pueblo originario. Esos sectores deben abrirse a una verdad irrefutable: somos un país multicultural y plurinacional. Esa definición se debe incorporar en una nueva Constitución para construir una carta fundamental que realmente sea -como dicen muchos- la casa de todos.

A partir del Plebiscito de octubre tenemos una oportunidad de corregir un grave error historiográfico que, con más o menos políticas publicas, se ha intentado parchar sin lograr un entendimiento que contenga la puesta en valor y reconocimiento cultural, ancestral y territorial que nuestra multiculturalidad requiere y sentar las bases de un nuevo trato real hacia el mundo indígena. No hacerlo no solo sería profundizar ese error, sino también profundizar la injusticia y dejar abierta la puerta para el racismo y la discriminación.

Somos un Estado constituido por varias naciones y no tiene sentido que haya sectores políticos intentando negar esa realidad. Ese mismo Estado ha cometido abusos frente a los pueblos originarios y debemos asumir como sociedad esa deuda no reconocida, ni reparada. No hay razón alguna para no definirnos como una Nación multicultural y plurinacional, de la misma forma que no hay sustento para que los liderazgos políticos sigan negando el origen de lo que somos.

Se requiere de este gobierno, y los sectores que lo sustentan, una acción más enérgica sobre la violencia, porque si no se pronuncia se hace cómplice del racismo y la discriminación. Si a eso se suma su negativa a reconocer constitucionalmente a los pueblos indígenas, entonces dejarán un triste legado para las futuras generaciones y así serán recordados.

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Daniel Lillo