Cambio climático y escasez de alimentos: ¿Qué pasa en Chile?

La menor disponibilidad de alimentos significa un riesgo aún mayor para las personas más vulnerables, con precios más altos y dificultades para el acceso. Ya lo estamos viendo en las cifras del Banco Central, que calculan en 4,5% la inflación acumulada en los últimos doce meses, por encima del rango de tolerancia de la entidad, ubicado entre 2% y 4%. Si sigue en aumento, esto provocará una profundización de la desigualdad.

Por Daniel Vercelli Ingeniero comercial
Es muy probable que países como Chile se vean resentidos desde el punto de vista social, en nuestra búsqueda por disminuir desigualdades entre los habitantes (esta vez, provenientes del costo de acceso a alimentos frescos). AGENCIA UNO/ARCHIVO
Es muy probable que países como Chile se vean resentidos desde el punto de vista social, en nuestra búsqueda por disminuir desigualdades entre los habitantes (esta vez, provenientes del costo de acceso a alimentos frescos). AGENCIA UNO/ARCHIVO
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Muchos son los efectos del cambio climático en nuestra vida diaria y no todos tienen que ver únicamente con el aumento de las temperaturas. Hay otras consecuencias: las sequías hacen que la cadena de producción y distribución de alimentos se ralentice y no sea capaz de satisfacer la creciente demanda de la población actual.

Un informe elaborado por la organización no gubernamental Chatham House pronostica que, para 2050, los rendimientos de los cultivos básicos podrían disminuir en casi un tercio a menos que las emisiones se reduzcan drásticamente en la próxima década. Paralelamente, los agricultores necesitarán cultivar casi un 50% más de los alimentos que producen hoy para cumplir con la demanda global.

Si a esto le sumamos el alza histórica que están viviendo los precios de los alimentos por las interrupciones debidas a la pandemia, la situación en Chile es por lo menos desafiante considerando que somos un país productor y exportador de productos agrícolas y forestales, dependemos de esas industrias para que nuestra economía sea estable. Esa dependencia peligra si la producción se ve afectada por los efectos adversos del cambio climático.

Además, la menor disponibilidad de alimentos significa un riesgo aún mayor para las personas más vulnerables, con precios más altos y dificultades para el acceso. Ya lo estamos viendo en las cifras del Banco Central, que calculan en 4,5% la inflación acumulada en los últimos doce meses, por encima del rango de tolerancia de la entidad, ubicado entre 2% y 4%. Si sigue en aumento, esto provocará una profundización de la desigualdad.

Volviendo al problema en la agricultura, si bien el reporte se enfoca mayormente en cultivos de ciclo corto (trigo, arroz, etc.), el mismo peligro lo afrontan los cultivos de ciclo más largo (frutales, por ejemplo), donde las decisiones de inversión se toman considerando plazos más extensos, por lo que las apuestas de hoy deben considerar los impactos que se prevén para las próximas décadas.

Si no se toman medidas pronto, es muy probable que países como Chile se vean resentidos desde el punto de vista social, en nuestra búsqueda por disminuir desigualdades entre los habitantes (esta vez, provenientes del costo de acceso a alimentos frescos), y también desde el punto de vista económico, en su capacidad para generar ingresos provenientes de exportaciones agrícolas.

Los efectos impactan en toda la cadena, porque no sólo aumentan los riesgos en cuanto a operatividad y costos para las empresas que trabajan directamente en la industria agrícola, también se verán afectadas las empresas proveedoras y aquellas que tienen como insumo principal el uso de esos productos, las que pueden verse enfrentadas al aumento de los precios o al desabastecimiento.

Los riesgos son altos, pero es posible mitigarlos con un plan de trabajo que tenga por objetivo minimizar las consecuencias del cambio climático y buscar opciones sustentables para reducir la contaminación del medio ambiente. Este es un problema que están viviendo todos los países del mundo, así que también es recomendable formar alianzas, mirar cómo lo están trabajando las economías más desarrolladas y aunar esfuerzos globales para reducir las emisiones que dañan nuestro ecosistema. La crisis climática es -como su nombre lo dice- una crisis, pero al mismo tiempo una oportunidad para cambiar el rumbo, hacer las cosas de una manera distinta y encauzar el camino. Mientras antes lo hagamos, mejor estaremos para enfrentar lo que venga a futuro, o incluso para intentar diseñar ese porvenir.