Existen muchos críticos de las posibilidades constitucionales actuales (nueva propuesta o constitución vigente), generando que las dos propuestas mayoritarias sean “Rechazo un nuevo proceso” o “Apruebo para reformar”. Buena parte de la posición, respecto a en cuál de las dos posturas ubicarse, se logra al responder la siguiente pregunta: ¿con cuál de los dos escenarios –a partir de un triunfo del Apruebo o en caso de triunfo del Rechazo- es más fácil cambiar la constitución que quede vigente tras el plebiscito?
A grandes rasgos hay dos formas de responder esta pregunta: mediante un cálculo de quórums o mediante un análisis de factibilidad política. Quiero detenerme en este último tipo de análisis ¿Cuál de las siguientes alternativas es políticamente y socialmente más defendible?
Alternativa 1 – Gana el Rechazo: Esto implicaría entonces que se tendría que tratar de cambiar una constitución que el 78% de los chilenos ya votó por derogarla, que está siendo criticada por todos los sectores políticos (salvo excepciones en la extrema derecha), deslegitimada socialmente y que hoy sólo fuerzas políticas minoritarias parecen defenderla. Es importante aclarar que, si gana el Rechazo, no es una votación directamente a favor de la constitución del 80, sino una votación en contra del proyecto presentado, por tanto, no se podría extraer directamente una conclusión de legitimación plebiscitaria a la constitución del 80.
Factibilidad política de cambio: media alta.
Alternativa 2 – Gana el Apruebo: Cambiar una constitución recién votada y respaldada por un plebiscito popular, con toda la legitimización social que eso conlleva. Aquí si es una validación directa plebiscitaria al texto en cuestión. Está es una propuesta con una base política importante de apoyo, contando con el respaldo de un grupo mayoritario e importante de la convención y con casi la totalidad de respaldos en el Gobierno vigente.
Factibilidad política: media baja.
Si tuviese que apostar, apostaría 10 a 1 que la modificar la Alternativa 1 (constitución vigente) es mucho más factible políticamente que la Alternativa 2 (nueva propuesta), sobre todo si hablamos de cambios estructurales y no cosméticos. Lo anterior tiene un segundo elemento a favor, además de la legitimidad política, en caso de ganar el Apruebo se han establecido dos bloqueos de cambios constitucionales importantes: (i) trabas que ha establecido la norma transitoria mediante 2/3 de quorum o bien 4/7 más referéndum e (ii) incertidumbre sobre un posible poder de veto de los pueblos originarios –mediante consulta indígena- para modificar elementos constitucionales que los atañen (si bien se ha dicho, por parte de convencionales que promueven el Apruebo, que es más acotado de lo que se lee, lo claro es que es interpretativo y no tenemos certeza de como derivará esto). A grandes rasgos, la combinación de altos quórums para modificar una constitución socialmente recién legitimada –en caso de ganar el Apruebo- en un plebiscito popular, suena difícil, muy difícil.
Por otro lado, sectores de izquierda señalan que, en caso de ganar el Rechazo, no existe posibilidad de tercera vía. ¿Creen que estos mismos actores, que señalan que no existe probabilidad de tercera vía, se quedarán de brazos cruzados en caso de ganar el Rechazo? Les apuesto 100.000 a 1, que esos sectores serán los que más promoverán la tercera vía que hoy declaran que es potencialmente imposible. Por tanto, parece más un chantaje electoral, mediante lo que en teoría de juegos se llama “amenaza estratégica”, que una posición honesta. ¿Cuál sería la “amenaza estratégica”? Reducir opciones para inducir un cambio de comportamiento.
Por último, han salido dirigentes de centro-izquierda (pienso en particular en José Antonio Viera Gallo) a decir “¿Por qué vamos a confiar en la palabra de la derecha que tantas veces no la cumplieron en el pasado?”. Para está argumentación citan la actuación de Onofre Jarpa en 1989 y otras de viejos dirigentes de la derecha. Lo curioso, es que, si nos referimos a los actuales dirigentes de derecha, pese a su paupérrimo desempeño político, si algo tienen es que éstos si han cumplido su palabra en todo lo referente a los pasos procedimentales del acuerdo del 15 de noviembre de 2019. Es decir, lo que plantean es desconfiar de ellos tomando como referencia la conducta de sus antecesores y no por la conducta de ellos mismos.
Lo anterior, me lleva a tener mi postura, a partir de un análisis racional de posibilidades. Rechazar para cambiar la constitución, pero por una buena constitución, no la que nos están ofreciendo.