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El patrimonio vive en las porteñas y porteños. Una reflexión en el 21° aniversario de la declaratoria de la UNESCO

En el año 2003, el casco histórico de Valparaíso es el tercer sitio chileno en ser reconocido en esta lista, que hoy ya asciende a siete en nuestro país, que destacan tanto por su valor cultural y por ser algunos de ellos también patrimonio de pueblos originarios.

La Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de la UNESCO se creó en el año 1972 teniendo en cuenta la necesidad de proteger elementos patrimoniales a escala nacional ante el deterioro natural, pero también ante el daño y destrucción que pudiesen ser consecuencia de las condiciones económicas y sociales que las naciones atraviesen. Así entendida, la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad, no es tan solo un reconocimiento al valor de un sitio como herencia de toda la humanidad, sino que también una gran responsabilidad con su cuidado y preservación.

En el año 2003, el casco histórico de Valparaíso es el tercer sitio chileno en ser reconocido en esta lista, que hoy ya asciende a siete en nuestro país, que destacan tanto por su valor cultural y por ser algunos de ellos también patrimonio de pueblos originarios. En el caso de Valparaíso, su declaratoria está firmemente ligada a su carácter de ciudad puerto, como testimonio de una sociedad que en los albores de globalización adaptó una particular geografía con un diseño urbano único para formar parte de una red de comercio internacional que hizo del Puerto Principal una ciudad cosmopolita conectada con el mundo entero.

En este 21° aniversario de la declaratoria, y con la UNESCO solicitando información a las autoridades por el deteriorado estado en el que se encuentran los ascensores patrimoniales, si bien es imposible no hacer un análisis de cuán efectiva ha sido la capacidad del Estado de resguardar el patrimonio de la humanidad y de preguntarse por las responsabilidades detrás de ello, existe también la oportunidad de hacer un ejercicio de pensar el futuro teniendo en cuenta la historia que nos antecede.

Los valores culturales por los cuales el casco histórico es reconocido como patrimonial son extensivos a la totalidad de la ciudad y sus habitantes. Es motivo de discusión si nuestra historia de ciudad puerto fue interrumpida, se encuentra dormida o sigue adelante, pero lo cierto es que mucho de lo que Valparaíso heredó como ciudad conectada con el mundo, sigue vivo en nuestro presente. Los ascensores, un medio de transporte que le cae como anillo al dedo a quienes vivimos la vida cerro arriba, siguen siendo utilizados y necesitados a pesar de un siglo de innovaciones en transporte de por medio y quienes los utilizan se han organizado para defenderlos férreamente ante el deterioro y abandono. Santiago Wanderers, patrimonio inmaterial de la ciudad y club decano del fútbol chileno que este año cumplirá 132 años, continúa dando testimonio de la rebeldía porteña por apropiarse de un deporte que ingresó por su puerto en los pies de extranjeros y en el presente su hinchada se resiste al manejo irresponsable y sin cariño bajo el modelo de las sociedades anónimas.

El patrimonio está vivo gracias a quienes lo viven y defienden en su día a día, a quienes transitan calles, mantienen el comercio y habitan los barrios. Las instituciones del Estado deben tomar nota de que la conservación del patrimonio del pasado y la construcción del patrimonio del futuro es con las porteñas y porteños. Sin duda una gestión más democrática de la ciudad, que incorpore la diversidad de visiones y sea capaz de construir puntos comunes desde las diferencias permitirá incorporar al patrimonio dentro del quehacer cotidiano y, por qué no, pensar nuevamente en un modelo de desarrollo que haga de Valparaíso una ciudad global que brinda bienestar a quienes la habitamos.

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