El debate sobre el fenómeno migratorio en Chile ha derivado peligrosamente hacia la simplificación. Ya sea a través de titulares que anuncian plazos fatales o propuestas de expulsiones masivas, se ha instalado la idea de que problemas sociales complejos pueden resolverse mediante consignas. Sin embargo, cuando la migración se reduce a eslóganes, se invisibiliza la realidad y se activan mecanismos psicológicos profundos, como el temor a la “otredad”.
Esta reducción no es inocua. Al vincular automáticamente migración con inseguridad, el debate público alimenta una disonancia cognitiva evidente entre la percepción y la experiencia directa. La evidencia es clara al respecto: mientras el 91% de la población cree que la inmigración aumenta la delincuencia, el 76% declara no haber tenido nunca problemas con personas migrantes. Tememos a una categoría abstracta que no se condice con nuestra convivencia cotidiana.
Si bien existen desafíos reales asociados al crimen organizado —que requieren una fiscalización robusta—, los datos oficiales indican que la gran mayoría de los delitos siguen siendo cometidos por nacionales. No obstante, la sobrerrepresentación mediática de delitos protagonizados por extranjeros refuerza sesgos que permean incluso el ámbito judicial, donde la nacionalidad comienza a pesar más que los hechos en las medidas cautelares.
Desde la psicología social, el riesgo de esta dinámica es la deshumanización. Cuando construimos al “otro” como una amenaza homogénea, borrando sus matices e historias personales, se erosionan los principios básicos de la convivencia democrática.
Las políticas públicas requieren abordajes multidimensionales: control fronterizo y seguridad, pero también integración y regularización eficaz. Caer en narrativas que criminalizan a grupos completos no solo contradice la evidencia, sino que debilita nuestra capacidad de construir una sociedad cohesionada. En tiempos de polarización, el desafío no es solo de gestión, sino ético: reconocer en quien migra no a un enemigo, sino la humanidad compartida de quien aspira a una vida mejor.