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Penélope Longa-Peña, la astrónoma chilena que fue reconocida por la NASA y trabaja por la defensa planetaria

En entrevista con EL DÍNAMO, la destacada astrónoma ahonda en las dificultades que persisten para las mujeres en esta área, así como en el sentido de la defensa planetaria en tiempos en que el mundo está amenazado por la guerra y la ciencia por el descrédito.

En la semana que ya pasó, la astrónoma chilena Penélope Longa-Peña fue reconocida por la NASA por su contribución científica en el área de la defensa planetaria. Ella, junto a otros científicos de diversos países, ayudó a confirmar que los humanos podemos desviar un asteroide que se dirija a la Tierra.

“Antes esa posibilidad de desviar un asteroide sólo estaba en ciencia ficción, tipo Armageddon”, dice riendo la astrónoma al otro lado del teléfono en alusión al clásico cinematográfico en el que Bruce Willis y compañía hacen estallar un asteroide con una bomba nuclear para evitar que llegue al planeta.

A diferencia de Armageddon, el proceso es más simple y menos épico. “Fue solo con leyes de la física, pura inercia”, resume la astrónoma. La misión DART (prueba de redireccionamiento de asteroides binarios) buscaba comprobar si era posible cambiar la trayectoria de un cuerpo rocoso mediante un impacto cinético. Lo hizo con el lanzamiento de una sonda, el 23 de noviembre 2021, hacia Dimorphos, la luna del asteroide potencialmente peligroso y cercano a la Tierra, Didymos. Recién el 26 de septiembre del año siguiente, ésta impacto contra el satélite.

La misión tuvo éxito: logró reducir en casi 32 minutos el periodo orbital de Dimorphos. Esto superó con creces el umbral mínimo de éxito de 73 segundos que se había fijado la NASA.

“La gente suele recriminar, dicen: ‘oye, lo desviaron, son irresponsables porque quizás dónde se fue el asteroide’. Pero no. Lo que hicimos fue cambiar el periodo orbital, que es lo que se demora en dar una vuelta un asteroide alrededor del otro. Yo fui parte de la observación. Esas observaciones son las que usamos para determinar el periodo que tenía antes de la colisión y después”, explica la científica y académica de la Universidad de Antofagasta.

Dimorphos y la sonda DART. Foto: NASA.

Defensa planetaria

Penélope Longa Peña sigue inmersa en otras investigaciones relacionadas con la defensa planetaria, como el estudio de asteroides. “Hay miles cuya órbita cruza la de la Tierra. Es importante caracterizarlos, saber sus períodos, para determinar si representan un peligro para nosotros”, detalla.

En paralelo, además, está preparando un artículo sobre los cometas interestelares, como el Oumuamua o el 3L/Atlas. Otra de sus áreas de estudio, con sus alumnas de doctorado, es comprobar los efectos en la atmósfera de los satélites artificiales de Elon Musk. El dueño de Space X propuso utilizar una constelación de sus satélites para reducir la radiación que llega a la Tierra y en consecuencia, el calentamiento global. “Eso es lo que él dice. Pero uno como científico no debería simplemente creerle a la empresa, sino que hacer la ciencia aparte“, justifica.

Todos queríamos ser astrónomos

Yendo mucho más atrás que estas investigaciones, ¿de dónde nace su interés por la astronomía? ¿Hay alguna anécdota de la niñez o de la adolescencia que la haya acercado a esta ciencia?

Cuando yo era niña pasó el cometa Halley en el año 86. Parece que es el evento canónico no sólo de los astrónomos, sino que de todos jaja.  

Mi mamá me hizo mirar por la ventana de la cocina y me dijo que yo iba a ser una de las pocas personas que iba a ver el cometa Halley dos veces en la vida, porque pasaba cada 70 años. Que casi todo el mundo cuando pasara de nuevo iba a estar muerto, pero yo lo podría ver dos veces.

Ahora, la realidad es que me mintió porque no se veía el cometa Halley en Antofagasta jaja (N de la R: ni en Chile a simple vista). Me mostró cualquier cosa, pero de eso me enteré a los treinta y tantos años cuando ya era astrónoma. Pero bueno, eso me da la motivación para vivir hasta los 76 y ver el cometa Halley de nuevo. 

Eso de pensar que este cometa, que pasa cada 70 años cerca de la Tierra aproximadamente, lo vio gente que ya no existe…

Yo soy antofagastina, entonces también fue importante la construcción del VLT (Very Large Telescope) Paranal, que decían que era el telescopio más grande del mundo. Fue una conjunción de todas esas ideas, más la cultura de astronomía que empezó a crecer en Antofagasta. De hecho, el año que yo salí de cuarto medio, se abrió la licenciatura en Física en la Universidad de Antofagasta.

¿Este interés en la astronomía era algo que notaba en sus contemporáneos?

Te sorprendería todas las veces que vas a cualquier lado y el médico, el dentista o los profesores te preguntan en qué trabajas y cuando les respondes todos te dicen que querían ser astrónomos o astronautas cuando eran niños. La diferencia es que yo sí seguí el sueño de niñez y sí fui astrónoma.

¿Qué cree que la hizo persistir en ese sueño?

Ser porfiada. Y de hecho esto es algo que como mujer científica he tratado de luchar harto en contra y de generar conciencia para que las futuras generaciones no tengan que ser porfiadas como yo y como la mayoría de otras científicas.

Penélope Longa-Peña y el cielo nocturno de fondo. Foto: Cedida.

Un entorno rudo

¿Porfiada en qué sentido?

Nos tocó pelear un poco por nuestra posición, si piensas que en el 1900 las mujeres no estaban permitidas dentro de los observatorios porque “distraían” del trabajo serio.

En los últimos años, obviamente han habido muchas mejoras y hay muchas más mujeres en STEM (las siglas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas en inglés), pero aún así somos menos del 25% dentro del campo. En la carrera tu entrabas a la sala y el primer profesor de matemáticas que llegaba te decía: “Bienvenidos futuros ingenieros y futuras esposas de ingenieros”. 

Me contaba una colega que trabajaba en biología marina, que a ella no la dejaban hacer una práctica porque tenía que ir en un bote que no contaba con baño. Claro, los hombres hacían afuera no más.

Es un entorno un poco rudo en lo discursivo y práctico. Pero de todas maneras, somos muchas. No somos la mitad todavía, pero algún día lo seremos y estamos trabajando para que las próximas generaciones que entren no tengan que encontrarse con esos discursos.

Las científicas de ahora todas somos así. Estamos acá porque porfiamos, pero eso no es justo para la ciencia. Porque la diferencia, la diversidad, es lo que realmente hace crecer todo. Las instituciones y la ciencia nacen de la diversidad. Si es que tenemos solo un tipo de personas estudiando un problema, claramente tenemos menos posibilidades de resolverlo porque no lo estamos viendo desde todos los ángulos. 

Ojalá que las niñas y las mujeres no se encuentren con estas barreras o con estos techos de cristal que le llaman.  Imagínate yo la primera vez que fui a observar, sólo estaban los dos guardias y yo. Mi mamá me decía: “Oye, ¿Cómo se te ocurre estar en el medio del desierto con dos hombres? ¿Y si te pasa algo?”. 

Ahora todos mis estudiantes de postgrado son mujeres. Entonces a ella no les va a pasar que su mamá les diga “¿cómo vas a irte con puros hombres a observar?”.

Penélope Longa-Peña en sus años de estudiante. Foto: Cedida.

Ser astrónoma en tiempos de descrédito

Esta semana los ojos del mundo estuvieron vinculados a su campo con la misión Artemis II, pero este hito igual fue mirado por algunos con escepticismo, gente que, por ejemplo, pone en duda la llegada de la humanidad a la Luna y por ende, la misión de ahora. ¿Cómo convive usted, una mujer de ciencia, con este descrédito?

Con mucha pena. En una noticia mía de redes sociales, me puse a pelear con un terraplanista. Le dije: “Te pido disculpas, como científica, de que creas esta imbecilidad, y estamos trabajando para que tus hijos y tus nietos no crean esto”. Esto es por falta de cultura científica, porque en los colegios estamos enseñando menos ciencias, menos educación cívica, y los niños empiezan a creer en todo lo que ven en YouTube.

Es irónico que los griegos hace más de dos mil años demostraron que la Tierra es esférica, con dos palos enterrados en el suelo, y con todos los adelantos tecnológicos que tenemos, haya miles de personas que piensan que la Tierra es plana. 

Me causa mucha tristeza pensar que la divulgación científica está fallando. Si los niños vinieran con esa cultura de entender el ángulo, la eclíptica, el sol, el ecuador terrestre, sería mucho más fácil para mí explicarle al adulto por qué él está equivocado.

Recién me decía que de niños muchos queríamos ser astronautas o astrónomos. En esa etapa, en los colegios suelen hacer maquetas del sistema solar, por ejemplo. Muchas veces es el primer acercamiento de los niños con la ciencia ¿Cree que eso se pierde en la educación media?

Creo que la educación media en Chile tiene una falla gravísima y crítica, que es que se mide el éxito del estudiante por el puntaje para ingresar a la universidad, que puedan rendir una prueba estandarizada. 

Yo participé el año pasado en una comisión ministerial sobre los desafíos de la educación superior, y una de las conclusiones a las que se llegó es esa, que necesitamos enseñar a la persona a ser persona. Y eso lo estamos teniendo que ver en la educación superior, porque las escuelas ya no lo están haciendo. Y eso es algo a nivel mundial.

Sumado al descrédito general hacia la ciencia…

Claro, el descrédito hacia la ciencia y en general hacia todo también. Desde que era niña incluso. Los archivos secretos X (The X Files) generaron dos tipos de personas: los Fox Mulder que creen que el Estado nos está mintiendo y las Dana Scully que generaron muchas más mujeres en la ciencia.

La astronauta Christina Koch en la nave Orión, de la misión Artemis II observa la Tierra desde el espacio. Foto: NASA.

En defensa de la humanidad

En una época en que las guerras o las escaladas bélicas se han reactivado, ¿Cómo reivindica el sentido de la defensa planetaria?

Creo que todos al ver el estado del mundo pensamos que la humanidad no merece la pena, que no nos merecemos otra oportunidad. Pero a la vez, hay estudios que indican que el ser humano cuando nace es empático y busca ayudar a los demás.  En algo fallamos como sociedad para que este bebé, que naturalmente busca estar en comunidad y construir, llegue a ser como estos personajes bélicos.

Hay entrevistas en las que niños israelíes hablan con odio de los niños de Gaza. Crecen con un discurso de odio. Pero tú puedes hacer que un niño crezca con un discurso completamente contrario.

Suena super cursi, pero los niños son la esperanza de la humanidad. Es así y es responsabilidad de todos los adultos hacer que nuestra sociedad sea mejor, para que los niños tengan pensamiento crítico, que se logra a través de la enseñanza de la ciencia y la moral. 

Vivimos en un punto azul que es el único dentro del universo en el que sabemos que hay vida. Y mira lo que estamos haciendo con ese punto azul insignificante, que para nosotros es todo. 

¿Vale la pena?

Vale la pena. Todos quieren un mundo mejor, pero nadie trabaja para cambiarlo. Tenemos que trabajar.

Foto: Cedida.

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