A diferencia de otros ex ministros que participaron en los gobiernos del ex presidente Sebastián Piñera, Alfredo Moreno no ha tenido contacto con José Antonio Kast ni con su equipo. Pese a eso, asegura que “uno siempre está dispuesto a colaborar en lo que se pueda requerir”.
Rápidamente aclara que esa disponibilidad se traduce en “dar consejos” o aportar con su experiencia, mas no participar en un cargo. Dice que ya estuvo ocho años en el gobierno —cuatro como canciller, tres como titular del MOP y tres siendo ministro de desarrollo Social—, tiempo más que suficiente.
En entrevista con EL DÍNAMO, Moreno habla desde su experiencia como el ministro de Relaciones Exteriores que más tiempo ocupó ese cargo en un gobierno de centroderecha. Sobre las presiones que produce la crisis migratoria venezolana, la situación de Chile en el concierto internacional, la candidatura de Bachelet y los retos del próximo gobierno reflexiona Moreno.
Venezuela y migración: “Es el principal desafío internacional”
—En un contexto regional tensionado, especialmente por la situación de Venezuela y la presión de Estados Unidos para que Maduro deje el poder, ¿cuál debería ser el primer y principal objetivo del gobierno entrante en materia internacional?
—El problema de la migración, cuya causa fundamental es Venezuela —que ha mandado al exilio a más de 8 millones de personas por razones económicas, políticas y de libertad—, afecta no solo a Chile, sino también a Perú, Colombia, Ecuador y Estados Unidos. En ese sentido, uno de los pilares de la política internacional tendrá que ser cómo se puede colaborar en la resolución de ese problema. Ahí surgen los contactos con otros países para corredores humanitarios y la necesidad de conversar con Venezuela para que acepte a sus connacionales. Sin duda, esta es una tarea tremendamente prioritaria, aunque nada fácil.
—José Antonio Kast ha estado muy activo tras ser electo, viajando a Argentina y Ecuador y reuniéndose con autoridades de Perú, planteando la necesidad del corredor humanitario. ¿Es viable la medida considerando todos los factores que deben cumplirse?
—Es un problema sumamente complejo. Estamos hablando de cientos de miles de personas y de un país como Venezuela que ha puesto todo tipo de trabas para recibir a sus propios compatriotas, un caso realmente único. Hemos visto todos los problemas que ha tenido, por ejemplo, con los vuelos de retorno desde Estados Unidos, que tuvo que hacer una tremenda presión para que se aceptaran esos vuelos.
—Luego está la distancia física. Estados Unidos puede hacerlo por aviones, pero nosotros no podemos asumir esos costos para la cantidad de personas que estamos hablando, por lo tanto tienen que usar las vías terrestres. Eso significa circular por varios países, ponerse de acuerdo con muchos de ellos, y tener en cuenta que la opinión pública en esos países también siente que tienen el mismo problema. Si un país como Chile atravesara con migrantes venezolanos por varios países, cada opinión pública va a pedir que su gobierno haga lo mismo. Es un tema de extrema complejidad.
—Es decir, la viabilidad depende del resto de los países.
—Obviamente la colaboración política internacional es fundamental para que se pueda lograr. Hay que tener presente que los números aquí de personas son enormes y naturalmente esto no se va a resolver fácilmente, y menos en un periodo corto. Pero lo importante es que la gente sienta que hay una acción decidida para resolver el problema y que se está haciendo con los criterios humanitarios necesarios.
—¿Ayuda al presidente electo que varios líderes de la región compartan el mismo signo político?
—En los últimos años en Chile hemos cometido el error de tener relaciones dependiendo de los signos políticos. Los países cambian de signo político, lo ha hecho Chile, lo han hecho nuestros vecinos, lo han hecho las grandes potencias mundiales, y los intereses nacionales siguen siendo los mismos. El problema que tienen los chilenos en el extranjero, el problema de la migración, el problema de la delincuencia internacional sigue estando presente independiente de cuál sea el signo político.
Recordemos lo que me tocó por cuatro años: el continente completo era prácticamente de izquierda, teníamos a Chávez, a Lula, a los Kirchner, y las relaciones que teníamos con ellos en términos prácticos eran muy buenas. Trabajamos juntos e hicimos muchísimas cosas en común. Por lo tanto, hay que ser prácticos, hay que poner el interés de Chile y de los chilenos por encima de cualquier cosa. No es nuestra tarea cambiar los regímenes políticos de otros países. Tenemos que luchar contra la dictadura, pero no tenemos que estar metiéndonos en lo que hagan otros países.
—Considerando que el éxito del corredor requeriría la colaboración de Venezuela para dejar entrar a sus connacionales, ¿el próximo gobierno debería abrir una línea de contacto con el régimen venezolano para lograr ese objetivo?
—Nosotros hoy día no tenemos embajador, no tenemos relación, fue cortada por Venezuela, así que efectivamente es una situación compleja. Pero estamos hablando de la suerte de los venezolanos, por lo tanto hay una responsabilidad muy importante de Venezuela de velar por los intereses de sus propios ciudadanos que hoy viven en Chile y en otros países. Evidentemente en esa materia tenemos que tener conversaciones y asegurarnos de que ellos cumplan con el derecho humano mínimo de que las personas que son venezolanas puedan vivir en Venezuela.
Relación con Estados Unidos: “No hay ninguna razón para confrontar”
—El martes pasado, el presidente Boric recibió las cartas credenciales del embajador de Estados Unidos en un contexto de debilitamiento de la relación entre ambos países. ¿Qué tan fundamental es para el próximo gobierno restablecer el entendimiento con Estados Unidos?
—No puede ser más importante. Estados Unidos es la primera potencia mundial, el líder en nuestra región sin duda, un país con el cual compartimos muchos valores y todo tipo de intereses comunes. Lo que ha pasado en los últimos años es algo que hay que terminar. No tiene sentido lo que ha pasado con las aseveraciones del presidente de la República relativas al presidente norteamericano o a las opiniones de las autoridades norteamericanas, que no tienen ningún beneficio para Chile, no aportan nada.
—No discuto que podemos tener diferencias de opinión. Nadie pide que el presidente de Chile piense lo mismo que el presidente norteamericano, somos libres de pensar lo que queramos, el presidente tiene toda la libertad. Pero no hay ninguna razón para ir a confrontar con Estados Unidos, un país amigo, un país con el que compartimos tantas cosas y del cual dependemos tanto. Estados Unidos va a ser clave para el mundo y para Chile, y por lo tanto las relaciones con Estados Unidos no tengo ninguna duda van a mejorar enormemente.
—Usted ha mencionado que Chile no debería entrar en el conflicto comercial entre Estados Unidos y China. ¿No se hace difícil no tomar partido por Estados Unidos con un presidente que comparte el signo político y que está en la necesidad de restablecer las relaciones? Por otra parte, Estados Unidos generalmente ha tendido a presionar a aliados para marginar a China en algunos aspectos comerciales.
—Hay que ponerlo en un contexto más amplio. La política internacional del mundo, pero particularmente la de Chile, va a estar en un ambiente extremadamente difícil en los próximos años. Todo lo que conocíamos hasta ahora de las reglas, las formas, las costumbres, los organismos internacionales, hoy están en cuestión. Todo lo que se creó después de la Segunda Guerra Mundial y que ha dirigido los destinos de la humanidad, y sobre las cuales Chile ha creado su estrategia internacional, hoy están en discusión y pueden tener cambios muy grandes. De hecho, hay muchas cosas que suceden que no van por esos carriles ni por esos criterios.
—En cuanto a la pregunta, nosotros dependemos enormemente de Estados Unidos, como ya lo mencioné, pero también nuestro principal socio comercial es China, otro gigante mundial. Muchas de las inversiones de los últimos años provienen de China. Y nosotros no debemos ser parte de esa discusión. ¿Cómo lograrlo? Requiere talento, en algunas situaciones va a ser difícil, pero es importante que tengamos claro que ese es el objetivo. No está en el interés de Chile ser parte de esa discusión donde solamente podemos obtener perjuicios.
—Otra definición planteada por Estados Unidos es la eventual intervención militar en Venezuela. ¿Chile también debería marginarse de esa discusión?
—Depende, porque estamos en una situación tan compleja donde tenemos por un lado un gobierno dictatorial. Ya comentábamos lo que ha producido en materia de migración. Imagínense lo que significaría el problema de la migración si el gobierno de Venezuela cambiara. Si las políticas económicas de Venezuela cambian y la situación mejora, si la política respecto a la democracia y la libertad cambia, muchas de las personas que están no solo en Chile, sino en todos los otros países y que son venezolanos, volverían a su país. Volverían al lugar donde quieren estar, donde están sus familias, donde ahora sí tendrían una posibilidad de trabajo, donde ahora sí tendrían una posibilidad de expresarse libremente y de decidir el destino del país. Imagínense el alivio que significaría.
—Pero el método que plantea Estados Unidos es complejo, no sólo para Venezuela sino que para la región, ¿o no?
—Ojalá se logre un cambio de gobierno en Venezuela y, por supuesto, ojalá sea pacífico. Ojalá estas personas que han puesto una dictadura sobre los venezolanos puedan ser removidas y sea de la mejor forma posible, que entiendan que lo que tienen que hacer es retirarse. Es un tema complejo, una tarea que va a tener la diplomacia. Pero el objetivo es claro: se requiere restablecer la democracia en Venezuela, no hay ninguna duda. En base a invasiones, claro, Chile no va a estar de acuerdo.
Perfil del próximo canciller: “Necesitamos talentos que se complementen”
—Ya han trascendido algunos nombres para la Cancillería de José Antonio Kast. Dado los desafíos que menciona en política exterior, ¿qué perfil debería tener el próximo canciller?
—Debido a la complejidad, necesitamos tener a las personas que tengan los mayores talentos. Hay que recordar, además, que la Cancillería —a diferencia de otros ministerios— tiene un personal de carrera, en este caso la diplomática, muy grande. Son personas en las cuales el canciller puede apoyar y debe apoyarse. Lo que tenemos que traer son talentos que se complementen y se sumen a lo que tenemos ya en esos equipos. Estoy seguro que el presidente va a decidir bien.
—¿Este canciller debería estar acompañado de experiencia política o diplomática?
—Si se mira los cancilleres que han habido en las últimas décadas, va a ver que son muy pocos los que provienen directamente de la carrera diplomática. Ha habido personas que vienen del mundo político, académicos, personas del mundo de la cultura, personas del mundo privado como era mi caso. Ha habido una gran variedad de personas y los que son de la carrera diplomática han sido muy pocos casos. Lo que es relevante, a mi juicio, es que hay una larga experiencia de aunar talentos, capacidades y hacer un equipo más potente.
—¿Ha tenido contacto con el presidente electo o se va a reunir con él, considerando que usted es una de las personas del sector con más experiencia en Cancillería?
—No, no tengo ni he participado ni tengo relación con lo que está haciendo hoy día el equipo del presidente, pero espero que tenga el mayor de los éxitos. Y por supuesto, uno siempre está dispuesto a colaborar en lo que se pueda requerir.
—¿Se refiere a participar?
—No me refiero a participar en el gobierno. Yo ya estuve ocho años en gobiernos. Me refiero a que si algo puede servir la experiencia o un consejo, compartir ideas o lo que sea necesario. Aquí todos tenemos que estar disponibles para lo que Chile necesita.
Michelle Bachelet en la ONU: “Esto debió ser una tarea de unidad nacional”
—¿Le aconsejaría al presidente electo apoyar la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU?
—La candidatura de la presidenta Bachelet desgraciadamente partió mal porque esto siempre debió ser una tarea de unidad nacional. Esto debió haber sido consultado con la oposición y haber hecho un llamado para que todo el país apoyara una iniciativa así. Tener una persona chilena, ex presidenta en la Secretaría General de Naciones Unidas sería algo extraordinario para Chile, no hay que mirarlo en menos, al contrario, es muy importante.
—No voy a mencionar si debe decir que sí o que no, porque lo debe decidir el presidente. Pero la posibilidad de conseguirlo es baja, y el esfuerzo que hay que hacer es enorme. La gente habla de los recursos económicos, pero el verdadero esfuerzo que se tiene que hacer es la diplomacia. Todo esto se obtiene intercambiando votos. Por lo tanto, significa que Chile va a dejar de lado una gran cantidad de otras cosas en las cuales podría participar y que a Chile le interesan. Esto es algo que hay que pensarlo, decidirlo y apoyarlo entre todos.
—En ese sentido, ¿qué le pareció que el presidente electo aplace la definición para cuando asuma?
—Lo que ha hecho el presidente electo en esta materia es volver esto al lugar donde corresponde. Un punto notable es que en los primeros días haya ido él personalmente a la oficina de la presidenta Bachelet a discutir sobre este tema y poner esto donde corresponde, que es una tarea que tenemos que decidir entre todos.
—Y como esto no se hizo de esa manera desde el principio, me alegro mucho que ahora esté puesto sobre los rieles que corresponden, y ahora hay que esperar a que el presidente tome esa decisión con mucha seguridad.
—En caso de que el presidente tome la determinación de apoyar la candidatura, ese apoyo debería ser acompañado de un despliegue absoluto de la Cancillería. ¿No es difícil considerando la distancia política entre Kast y Bachelet?
—Desde el mismo momento en que el presidente dijera que ha tomado la decisión de apoyar esto, la Cancillería va a estar 100% trabajando en ello. La tarea en la Cancillería es una tarea de Estado. Recordemos que en Chile, el presidente es presidente del gobierno y presidente del Estado. El presidente es quien dirige las relaciones internacionales y quien define cuáles son los objetivos. Una vez que el presidente diga “esto va” o “no va”, la Cancillería tiene que poner el 100% de todos sus recursos, tiempos y capacidades al servicio de obtener esos objetivos.
—Usted decía que no es una tarea fácil, pero hay algunos elementos —como que le toca a América o que una mujer es preferible— que podrían abrir una posibilidad, ¿o no es así?
—Insisto, no es un objetivo fácil. Hay varios candidatos y la idea de la rotación por regiones ya no se cumplió la vez anterior. Sobre la idea de que debe ser una mujer, es eso, una idea, pero no es una regla. Estados Unidos ya ha dicho que no tiene por qué cumplir con ninguna de esas reglas. Y además tenemos el problema de que esto requiere que no haya veto de ninguno de los países del Consejo de Seguridad. Esas son tareas muy difíciles. Todo lo que se pensó originalmente, nada de eso es obvio. Y además en nuestra región hay al menos dos o tres candidatos de primer orden.
—¿Qué tanto cree que va a pesar el tema ideológico?
—Es una decisión no fácil. La presidenta Bachelet ha sido una persona que ha estado involucrada en la política nacional de forma bien activa. Cuando estuvo en organismos internacionales, también tuvo algunos momentos en los cuales se metió en la política chilena, a pesar de que su cargo internacional no debería haberlo permitido.
—Por otra parte, esto es algo importante para Chile, sería algo histórico. Nunca hemos tenido un secretario general de Naciones Unidas. Pero hay todo tipo de consideraciones. Además, insisto, esto es un esfuerzo para Chile muy relevante porque significa dejar muchas otras cosas atrás, otras ubicaciones en organismos internacionales. Si se pierde, no tenemos ni la Secretaría General ni tenemos las otras cosas. Por eso, hay que considerar bien si tenemos posibilidades de éxito.