Demócratas y Amarillos aceptaron el proceso de disolución mandatado por el Servel sin apelar. A casi cinco años de su creación, ambos proyectos, que apostaron por el centro político, bajarán sus cortinas al no alcanzar el mínimo de votos exigidos por la ley de partidos.
El camino de Amarillos, fundado por el escritor Cristián Warnken, y Demócratas, de Ximena Rincón, fue vertiginoso: de ganar la campaña por el Rechazo hasta la imposibilidad de levantar una alternativa presidencial propia y un rotundo fracaso en las parlamentarias.
El factor en común de estos “partidos hermanos” fue la proveniencia de sus militantes: dirigentes que tuvieron un rol protagónico en los gobiernos de la Concertación.
Isidro Solis, Soledad Alvear, Carlos Maldonado, Jorge Burgos, René Cortazar, entre otros destacados nombres de los gobiernos de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet, engrosaron las filas de estos partidos.
Pero el peso político de sus nombres y el auge de los procesos constitucionales no bastaron. De hecho, pese a identificarse como proyectos de centro, ni Demócratas ni Amarillos lograron captar ese electorado que, según las encuestas, es el más poblado por sobre proyectos de izquierda y derecha.
Juan Pablo Lavín: “Se confundió desafección con moderación”
Para Juan Pablo Lavín, director de Panel Ciudadano-UDD, el fracaso de ambos proyectos se debe, en parte, a que “la lectura tras los procesos constitucionales fue apresurada. Se miró el resultado, pero no el cambio de base electoral”.
Que ambas propuestas hayan fracasado, dice Lavín, “no reflejan necesariamente un giro al centro, sino la irrupción de votantes que antes no participaban”.
“En nuestros estudios vemos que la mayoría no se identifica con ningún sector. Y quienes se declaran de centro muchas veces lo hacen por descarte —porque no son ni de derecha ni de izquierda—, no porque adhieran a un proyecto centrista como síntesis ideológica. Se ve cómo responder en el promedio, ni de un lado ni del otro, más que ver el significado de centro político que le otorga la clase política”, acota.
En esa línea, el encargado de Panel Ciudadano-UDD asegura que “el Rechazo fue más una expresión de distancia con la política , e incluso molestia con la obligación de participar, que una adhesión a una propuesta centrista. Ahí estuvo la mala lectura; se confundió desafección con moderación”.
Respecto a Demócratas y Amarillos, Lavín afirmó que su disolución “termina siendo el dato duro que confirma algo que ya se venía viendo en la opinión pública: el nuevo electorado no estaba buscando un partido de centro, estaba expresando distancia con la política”.
Y sentencia: “El centro entendido como centro político clásico, búsqueda de consensos, gradualismo, institucionalismo, reformas moderadas y acuerdos amplios, tiene hoy menos capacidad de ordenar el comportamiento electoral que en el pasado (…) No es que el centro esté huérfano; es que el centro político, tal como lo entendíamos, tiene cada vez menos incidencia en la configuración electoral actual”.