A la votación le quedaban pocos minutos para terminar y la polémica se desató. Un artículo de la reforma política sobre los comités parlamentarios fue sometida a votación y el presidente de la Cámara de Diputados, José Miguel Castro (RN), anunció su rechazo por no llegar al quórum de 76 votos (sólo llegó a 75). El secretario Miguel Landeros corrigió dando por aprobado el artículo ya que la norma era de mayoría simple.
El enredo provocó una airada reacción de los diputados que sostenían en sus manos una minuta de votación que indicaba todo lo contrario a lo que decía Landeros. Tras una ronda de reclamos y variadas solicitudes —desde reserva constitucional a retractación de la mesa de la Cámara—, la votación se repitió y el impasse fue superado.
Así las cosas, el proyecto, casi en su totalidad, fue aprobado y despachado al Senado para su último trámite. Más firmas para formar y mantener partidos, fin al financiamiento para tiendas en conformación y mayor control de los comités parlamentarios, fueron algunas de las normas aprobadas. Eso sí, quedó fuera la norma que daba la posibilidad a partidos en extinción para fusionarse.
El proyecto fue despachado y entregado a la Secretaría General del Senado en tiempo récord. Sin embargo, la extensión de la discusión del proyecto que conmuta penas a condenados con enfermedades terminales, la reforma al fútbol nacional —y una inusual suspensión de la sesión para una reunión de comités de emergencias para discutir la continuidad del secretario general Raúl Guzman—, hizo imposible que la reforma fuera votada.
Lo que aún no está claro es si la reforma verá la luz en este o en el próximo periodo parlamentario. Pese a que no está programada una sesión para la siguiente semana, fuentes de la Cámara Alta aseguran que el lunes se discutirá si es que se llama a una última sesión el martes (un día antes del cambio de mando) para votar el proyecto.
De ser así, el presidente electo podría comenzar a gobernar con viento a favor: con un nuevo y más ordenado sistema de partidos, y menor fragmentación en el Congreso.
Kast podrá gobernar con partidos más ordenados
Quién ha estado siguiendo de cerca el avance de la reforma es el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella. El senador electo ha estado en constante contacto con sus parlamentarios y el presidente de la Comisión de Gobierno de la Cámara, Rubén Oyarzo (PR), para saber y dar instrucciones sobre el curso del proyecto.
De hecho, algunas de las indicaciones, como la del umbral de firmas que quedó fijado en el 0,3% del electorado, fue visada por Squella para que viera el acuerdo entre diputados y el Gobierno de Gabriel Boric.
Y es que es de interés de los republicanos que en el nuevo periodo legislativo no se repita la fragmentación política vista en este periodo.
Un aspecto importante en ese sentido es que los nuevos partidos en formación tendrán un mayor estándar para inscribirse ante el Servel. Solo en este periodo se legalizaron Demócratas, Amarillos, Partido Nacional Libertario, entre otros. Los dos primeros no lograron el umbral para mantener la legalidad.
La nueva ley, que aún debe ser visada por el Senado, establece que los partidos deben recolectar el 0,3% del padrón de la última elección de diputados. En números, casi 40 mil firmas. Además, será obligatoria la constitución en ocho regiones eliminando la posibilidad de inscribirse con las firmas necesarias en tres regiones contiguas.
El estándar, en todo caso, también se eleva para los partidos vigentes: todos tendrán que tener, al menos, 20 mil firmas para seguir con vida. Uno de los que está obligado a salir a recolectar firmas es, de hecho, el Partido Republicano, fundado y liderado por Kast. Hoy la tienda cuenta con 14.800 militares. La UDI, el PPD y la DC también tendrán que hacerlo.
Lo que sufrió un cambio sustantivo fue el discolaje. De hecho, el único castigo para parlamentarios que renuncien a sus partidos o dejen sus bancadas es que no podrán mover sus asignaciones a otro comité. Fuera quedó la idea de sancionar la indisciplina con remoción de comisiones o incluso la pérdida del escaño, lo que fue propuesto en un inicio.
Por otra parte, Kast no deberá lidiar con los partidos pequeños. La fusión de partidos en desaparición fue rechazada y, además, se cortó el financiamiento a tiendas políticas sin representación parlamentaria, estén o no constituidos ante el Servel.