“Kast pecó de apresuramiento al viajar, y al parecer su futuro canciller y sus asesores no vieron los enormes riesgos involucrados”. Con esa frase, Sergio Muñoz Riveros resume su lectura del viaje del presidente electo a Miami, donde se encontrará con Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele en la cumbre Shield of the Americas. Para el escritor y ensayista, el encuentro no fue una cumbre por la seguridad continental, sino un acto de propaganda al servicio de una estrategia de dominación hemisférica.
En ese sentido, Muñoz Riveros —autor de títulos como La democracia necesita defensores (2020), Estado de alerta (2021) y La democracia bajo asedio (2023)— advierte sobre los primeros movimientos internacionales del gobierno entrante y afirma que en este encuentro Trump no está convocando “a un grupo de amigos o cercanos, con los que quiere crear una fuerza manejable. En realidad, no busca aliados, sino vasallos”.
Asimismo, sobre el escándalo del cable submarino chino —que dejó a Chile en medio del choque entre Washington y Beijing, forzó la sanción de funcionarios del gobierno de Boric y precipitó una crisis en el traspaso de mando— dice que no le parece un accidente, sino una señal de los riesgos que Chile enfrenta cuando no defiende su soberanía con criterio. Y la forma en que Kast reaccionó a esa polémica, dice, también merece ser leída con cuidado.
—En una reciente columna en Ex-Ante usted advirtió que una foto de Kast con Trump el 7 de marzo se leería inevitablemente como un respaldo a la guerra contra Irán. Ahora que el viaje ocurrió, ¿se confirma esa lectura?
—Por desgracia, creo que sí. Se ha intentado presentar la reunión de Miami como una cumbre por la seguridad del continente, pero no lo es. De partida, no están allí ni Canadá, ni México, ni Brasil, ni Colombia, entre otros, y ni siquiera se realiza en una sede institucional, sino en un hotel de Trump. Se trata de un acto de propaganda de la estrategia de seguridad de su gobierno, que proclamó abiertamente el dominio norteamericano sobre el hemisferio, como parte del empeño de Trump por imponer su propia ley en todo el mundo.
Kast pecó de apresuramiento al viajar y, al parecer, su futuro canciller y sus asesores no vieron los enormes riesgos involucrados en un momento en que la guerra desatada por EE.UU. e Israel ha creado una situación internacional de gran incertidumbre. El conflicto ha escalado aceleradamente: Israel ya ocupó una parte del Líbano, un submarino norteamericano hundió a un buque iraní en el océano Índico, Irán ha atacado las bases militares estadounidenses en los países del Golfo Pérsico. ¿A dónde conduce esta insensatez? ¿Cuáles pueden ser sus consecuencias humanas, económicas y geopolíticas? A Trump no parece preocuparle.
El mundo se ha vuelto demasiado inseguro, y sería lamentable que dentro del nuevo gobierno chileno predominaran quienes creen que hay que apoyar militantemente cualquier cosa que diga o haga la Casa Blanca bajo la conducción de Trump. Kast no necesita hacer otras demostraciones internacionales que no sean las propias de representar a un país democrático, con sentido de la dignidad nacional y que rechaza la guerra.
—Usted dice que las relaciones internacionales no pueden concebirse como un asunto puramente comercial. ¿Cree que el futuro gobierno puede incurrir en ese error?
—Es un riesgo. El nombramiento de Francisco Pérez Mackenna, una persona muy calificada en el ámbito de los negocios, dio una señal en tal sentido. El comercio internacional es muy importante, por supuesto, y es mejor si está sometido a reglas claras, y no a los humores de Trump. Habrá que estimular las inversiones en Chile, naturalmente, pero todo ello debe ser en el marco de un esfuerzo para que no se sigan erosionando las normas de civilización, que eso es precisamente el derecho internacional. Necesitamos una Cancillería que promueva la paz, el respeto a los tratados y convenios, que rechace la ley del más fuerte. Requerimos una mejor diplomacia, por lo tanto.
—Kast viajó a Miami junto a Milei, Bukele y otros mandatarios de derecha bajo la convocatoria de Trump. ¿Qué le dice ese alineamiento regional sobre la política exterior que viene?
—Chile no está obligado a alinearse, como si fuera un peón dentro del tablero de las grandes potencias. Milei es el ejemplo de lo que Chile no debe hacer. Por razones ideológicas, pero también financieras, el gobernante argentino se convirtió en “el presidente favorito” de Trump. No olvidemos que un préstamo del FMI por 20 mil millones de dólares, con voto decisivo de EE.UU., y otro por la misma cantidad, entregado por el Tesoro norteamericano, le permitieron sobrevivir electoralmente el año pasado. Además, más vale tener claro que Milei es un personaje dudoso. Kast seguramente sacó alguna lección de la foto-trampa con que lo recibió en Buenos Aires junto a una motosierra, con la cual quería dar a entender que ambos pertenecen a la misma tribu anarco-capitalista.
—El argumento oficial de la reunión de Miami fue discutir sobre la libertad, la seguridad y la prosperidad hemisférica. ¿Por qué usted cree que el objetivo real es otro, específicamente contrarrestar la influencia china en América Latina?
—Si fuera real esa preocupación, Trump no convocaría a un grupo de amigos o cercanos, con los que quiere crear una fuerza manejable. En realidad, no busca aliados, sino vasallos, como Delcy Rodríguez en Venezuela, hoy a la cabeza del chavismo trumpista.
—Tras el triunfo de Kast, usted escribió que sería un error garrafal dejarse tentar por el trasplante de modelos como el de Milei o Trump. ¿Lo acerca a ese tipo de modelos de liderazgo codearse con ellos en este tipo de encuentros?
—Espero que Kast desarrolle su propio estilo de gobierno, en consonancia con la tradición republicana de Chile y la necesidad de reforzar la institucionalidad democrática. Es útil conocer las experiencias de otros países, pero él no necesita copiar nada. Dio una demostración de amplitud al integrar al gabinete a algunos exconcertacionistas. Eso es muy valioso. Creo que está en condiciones de llevar adelante una gestión fructífera, que es lo que desea la mayoría del país.
—El caso del cable submarino chino dejó a Chile en medio de una disputa entre las dos grandes potencias, con funcionarios sancionados y una crisis en el traspaso de mando. ¿Qué revela este episodio sobre los riesgos concretos de quedar atrapado entre Washington y Beijing?
—El bochornoso episodio del cable chino debe esclarecerse completamente. Los cuentos no sirven. La responsabilidad del gobierno saliente es indesmentible, tanto por acción como por omisión. ¿Hubo en este caso “negocios particulares” promovidos desde dentro del gobierno? Se requiere plena transparencia, y extraer enseñanzas respecto de las exigencias de control que debe haber en materias sensibles en el terreno geopolítico. Chile debe defender su soberanía, pero debe hacerlo criteriosamente, sin cometer imprudencias ni realizar gestos gratuitos. Con EE.UU. existe una relación histórica que debe ser protegida por encima de los trastornos que provoca Trump, y con China debemos cuidar lo avanzado. Las posibles injerencias de uno u otro en nuestros asuntos internos deben rechazarse absolutamente.
—¿Ve en la reacción de Kast respecto al tema del cable chino un alineamiento prematuro con EE.UU.?
—Espero que no sea así. He leído que en la reunión de Miami se aprobará una declaración conjunta de los participantes, que probablemente buscará fortalecer a Trump. Kast todavía no ha asumido la Presidencia, y sería extraño, además de imprudente, que firmara junto a los presidentes que están en funciones. Pero, incluso si ya estuviera en La Moneda, no puede perder de vista que el gobierno de Trump es hoy el principal factor de inestabilidad en el mundo. En poco más de un año, ha usado la fuerza militar contra Siria, Yemen, Somalia, Nigeria, Irak, Venezuela e Irán. La guerra contra Irán concita hoy el rechazo de más del 70% de los estadounidenses.
—China es el primer socio comercial de Chile, y este año la APEC se realizará en ese país. ¿Puede el gobierno de Kast alinearse con Trump en la disputa geopolítica contra Beijing sin pagar un costo económico real?
—Quiero creer que el nuevo gobierno actuará con realismo y no se dejará llevar por ninguna forma de extravío ideológico. Su deber es sostener con buen criterio los intereses de Chile, en diálogo con todas las naciones que estén abiertas a la cooperación. El mundo de nuestros días es muy distinto al de hace medio siglo, y la incomprensión de eso está en la base de los actos de fuerza de Trump, con los que busca compensar el hecho de que EE.UU. ya no domina el mundo como en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Con el 4% de la población mundial, no puede aspirar a gobernar el mundo; China e India, que han dado un inmenso salto de desarrollo, constituyen el 35% de la población mundial. Trump no se da cuenta de que su conducta matonesca no ha hecho “más grande” a EE.UU., sino menos confiable. Ya lo tienen claro los antiguos aliados de Europa.
—Usted aboga por el derecho internacional para impedir que se imponga la ley de la selva. ¿Qué señal concreta debiera dar Kast en sus primeras semanas de gobierno para demostrar que Chile defiende ese principio?
—Se trata de algo tan básico como reafirmar la adhesión a la Carta de Naciones Unidas y, por lo tanto, abogar por la paz y el multilateralismo. Las grandes potencias no pueden “repartirse” el mundo. En este momento, nada es más urgente que detener la guerra en el Medio Oriente, en cuyo estallido están las huellas digitales de Benjamín Netanyahu, quien confesó en estos días que ha soñado durante 40 años con este momento. ¿Cuál es su sueño? Establecer la hegemonía militar israelí en todo el Medio Oriente, al precio que sea. Ya vimos el genocidio de Gaza. Detrás de todo esto se encuentra la aspiración de construir “el gran Israel” —el único país que posee armas nucleares en la zona— y sepultar definitivamente la posibilidad de que exista un Estado palestino. Lo prioritario hoy es detener la guerra, tanto en Irán como en Ucrania.
—Más allá de esta coyuntura, ¿qué le preocupa del arranque del gobierno de Kast en materia de política exterior?
—Sería beneficioso que la nueva conducción de la Cancillería aporte al gobierno de Kast una visión actualizada del estado de situación en el mundo. Ello exige un trabajo acucioso, profesional, que permita identificar adecuadamente los riesgos exteriores, pero también el espacio para una diplomacia moderna que proteja eficazmente el interés nacional. Es muy positivo el acercamiento con Bolivia. Hay que preocuparse también de la comunicación y cooperación con Perú. La relación con Brasil es de máxima importancia. Y será provechoso si, frente a problemas comunes como el crimen organizado, se potencia la colaboración regional.
Nuestra Cancillería debe observar muy atentamente todo lo que está ocurriendo en EE.UU. Allí se juegan en gran medida las tendencias que pueden prevalecer en el mundo en las próximas décadas. La experiencia del gobierno de Trump ha causado un inmenso daño a la sociedad norteamericana, lo que se expresa en una aguda degradación institucional. Sin embargo, está en marcha una vigorosa corriente de regeneración democrática. Es posible que se produzcan cambios políticos este mismo año, y no solo porque están programadas elecciones parlamentarias en noviembre, sino porque es tan visible el deterioro mental de Trump que no puede descartarse que, como afirman numerosos analistas, no llegue a completar su mandato en enero de 2029.