Más de medio siglo después de que el Apolo 17 abandonara la superficie lunar, la NASA ha puesto en marcha Artemis, la continuación y actualización del programa que llevó a 12 hombres a caminar sobre la Luna entre 1969 y 1972. Se trata de una ambiciosa iniciativa que no solo pretende llevar de vuelta a los seres humanos a nuestro satélite natural, sino establecer una presencia sostenible allí.
El programa, nombrado en honor a la hermana gemela de Apolo en la mitología griega, marca el inicio de lo que la NASA denomina la “Generación Artemis”, un esfuerzo por reclamar el liderazgo estadounidense en el espacio y sentar las bases para una futura misión a Marte.
Artemis I y las lecciones iniciales del programa
El primer gran hito de esta nueva etapa se concretó el 16 de noviembre de 2022 cuando el pilar tecnológico de estas misiones despegó desde el Centro Espacial Kennedy. Se trata del Sistema de Lanzamiento Espacial (en inglés Space Launch System o SLS), descrito como el cohete más potente jamás construido por la NASA.
Acoplada al SLS iba la cápsula Orion, en una misión no tripulada —Artemis I— concebida como una prueba integral del sistema. La cápsula realizó un sobrevuelo a unos 80 kilómetros de la superficie lunar y recorrió cerca de 1,4 millones de millas antes de regresar a la Tierra. Tras 25 días de misión, Orion reingresó a la atmósfera a velocidades extremas, soportando temperaturas de hasta 2.750 °C, y amarizó con éxito en el Océano Pacífico, al sur de la ciudad de San Diego.
No obstante, el regreso reveló desafíos técnicos. El escudo térmico, lo único que se interpone entre el interior de la cápsula y el calor extremo del plasma durante la reentrada, sufrió daños inesperados: algunas capas se carbonizaron y se desprendieron. Aquello obligó a la NASA a investigar qué causó el desperfecto y realizar los ajustes necesarios para futuros vehículos.
Ese vuelo marcó el cierre de la fase de pruebas inicial y abrió el camino para Artemis II, la primera misión tripulada del programa.
Artemis II: La primera tripulación del siglo XXI
La misión Artemis II, proyectada para marzo de 2026, será la primera en llevar humanos a la vecindad lunar en más de 50 años. La tripulación está compuesta por el comandante Reed Wiseman, el piloto Victor Glover, y los especialistas de misión Christina Koch y Jeremy Hansen. Este último será el primer canadiense en viajar a la Luna.

Esta segunda etapa no contempla un alunizaje, pero sí un complejo recorrido que llevará a la tripulación a pasar más allá de la cara oculta del satélite y a viajar hasta unos 4.600 kilómetros más allá de la Luna, antes de regresar. Durante el trayecto los astronautas probarán todos los sistemas de la nave Orion, un vehículo que es 33% más grande que las viejas cápsulas Apolo. A diferencia de su antecesor, Orion funciona con energía solar.
La preparación de la tripulación ha sido extensa. Durante tres años, los astronautas han entrenado en simuladores, aprendido procedimientos y convivido en espacios reducidos para adaptarse a las condiciones de la misión.
Geopolítica y la nueva carrera espacial
A diferencia de la carrera espacial original motivada por la Guerra Fría con la Unión Soviética, el escenario actual se define por la competencia con China. China ya ha establecido una base robótica en la Luna y planea enviar a sus propios astronautas para el año 2030.
“Somos una nación mucho más reactiva, y mucho más efectiva siendo reactiva que proactiva“, explica el astrofísico estadounidense Neil deGrasse Tyson en su programa online StarTalk, haciendo referencia a los avances espaciales que ya ha hecho China. Según el académico, hubo “una fuerza geopolítica operando” cuando el presidente Donald Trump anunció, en su primer mandato, la intención de regresar a la Luna.

El relevo presidencial posterior no alteró esa estrategia. Tyson destacó que la continuidad del programa bajo la administración de Joe Biden refleja que se trata de una política de largo plazo, impulsada por factores geopolíticos más que partidistas. “Eso es lo que ocurre cuando reaccionas geopolíticamente y no solo de manera política local”, señaló.
El objetivo final del Programa Artemis: al Polo Sur lunar y más allá
El siguiente gran objetivo del programa es Artemis III, misión que debería concretar un nuevo alunizaje humano, esta vez en el Polo Sur lunar, una región clave por la posible presencia de hielo de agua. Este recurso es considerado estratégico para futuras bases permanentes y para la producción de combustible.
Para lograr aquello, la NASA depende del desarrollo de un módulo de alunizaje desarrollado por SpaceX, empresa de Elon Musk, un sistema que ha mostrado avances y que debería estar listo en 2028. Sin embargo, retrasos y fallos en pruebas recientes instaron a la agencia espacial a invitar a colaborar a Blue Origin, la firma espacial de Jeff Bezos.
El programa Artemis no es solo un regreso simbólico, sino un trampolín al futuro. La NASA plantea la exploración lunar para comprender la evolución de la Luna, de la Tierra y del sistema solar. Así, el objetivo final es construir una presencia permanente en el satélite natural y utilizarlo como plataforma para futuras misiones a Marte.
Como resume el propio programa, no se trata solo de volver a la Luna, sino de quedarse.