El Servicio de Inteligencia Exterior de Ucrania alertó sobre un giro explícito en la política rusa hacia la militarización de la infancia y la juventud: Rusia dejará de “disimular el entrenamiento militar bajo iniciativas sociales o educativas” de niños y avanzará abiertamente en la formación bélica de menores como parte de una estrategia estatal de largo plazo.
Uno de los ejemplos recientes señalados por las autoridades ucranianas es el anuncio de un nuevo sistema de indicadores para la “promoción de la salud y el desarrollo físico infantil”, en el que la preparación para el servicio militar adquiere un rol central. De esta forma, los criterios de desarrollo físico quedan directamente asociados a la futura aptitud para el ejército, difuminando los límites entre bienestar y movilización militar.
Las autoridades rusas también proyectan ampliar la regulación estatal del entrenamiento deportivo-militar para menores, equiparándolo a las actividades educativas regulares. Esto supone formalizar y legitimar la formación militar infantil con la participación activa de instituciones del Estado.
El proceso de entrenamiento militar para niños en Rusia
Estas iniciativas se inscriben en un proceso más amplio de militarización de la sociedad rusa, que involucra de manera sistemática a niños y adolescentes en dinámicas asociadas al combate. Bajo la apariencia de educación física o actividades recreativas, el Estado desarrolla una infraestructura orientada a la adquisición temprana de habilidades militares.
En el plano regional, la tendencia se manifiesta incluso en celebraciones públicas. En algunos actos de festividades, niños son trasladados en vehículos militares, se les permite disparar armas y “Papá Noel” hace su aparición a bordo de tanques, integrando los símbolos de la guerra en el entorno infantil y normalizando la violencia.
Desde la anexión de Crimea en 2014, y con mayor intensidad tras la invasión de 2022, el currículo escolar ruso incorporó de forma sistemática entrenamiento militar y narrativa bélica.
A partir de octavo grado, el manejo de armas es obligatorio, mientras organizaciones como la Juventud Armada —con 1,85 millones de miembros entre ocho y dieciocho años— se integran plenamente al sistema educativo, junto con nuevos libros de historia que presentan a Occidente como enemigo y a Ucrania como un estado títere.