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Mercado de Providencia: una historia de éxito, caída y resurgimiento

Inaugurado en 1946, vivió décadas de éxito con un modelo traído de Europa que marcó una época. Tras más de treinta años relegado —literalmente— a la parte trasera de su ubicación original, ahora se anuncia su regreso en gloria y majestad.

Fue una noticia largamente esperada y muy aplaudida por los vecinos de Providencia. En marzo del año pasado, el por ese entonces flamante nuevo alcalde de la comuna, Jaime Bellolio, anunció que después de una paralización de cinco años —pandemia mediante— volvía a activarse el proyecto del Mercado Gastronómico de Providencia en las mismas dependencias que alguna vez albergaron al mercado original.

El proyecto implica una inversión de once mil millones de pesos y las obras comenzaron —finalmente— en diciembre pasado. Así las cosas, se espera que para mediados de 2027 el mercado esté operativo bajo una administración privada liderada por el grupo Patio Bellavista que contempla la recuperación de los catorce mil metros cuadrados del edificio original, repartidos en tres niveles comerciales más cuatro subterráneos (140 estacionamientos incluidos).

Entre los comercios que se proyectan para darle vida a este nuevo mercado de abastos, hay una veintena de cocinerías, pastelerías, cafeterías, florerías y restaurantes. Uno de ellos, con entrada independiente por la calle Antonio Bellet. Además, en la zona que albergó al segundo mercado —y que funcionó hasta 2022— se construirá una plaza abierta y funcional para diversos tipos de actividades. Sin lugar a dudas se trata de una gran noticia —y proyecto— para la comuna en particular y para Santiago en general. Pero ojo, lo bonito es que más que una novedad, el proyecto nos devuelve lo que alguna vez ya existió en Providencia.

El primer mercado

Se iniciaba la década del cuarenta y en Providencia su alcaldesa —ya en su segundo período— era Alicia Cañas, una de las primeras mujeres que llegó a dirigir una comuna en Chile. Entre los hitos de sus dos administraciones estuvo el inicio del diseño de Providencia bajo el concepto de ciudad jardín, para lo cual contrató al arquitecto y paisajista alemán Oscar Prager. Sin embargo, uno de sus proyectos más emblemáticos fue la construcción y desarrollo del Mercado Municipal de Providencia, “inspirado en mercados que había conocido en Londres durante los años que vivió en Europa” tal como cuenta la historiadora —y bisnieta de Alicia Cañas— Soledad Reyes.

“Desde los años treinta ya venía una preocupación de las autoridades para que la población se alimentara mejor y eso se ve por ejemplo con la alcaldesa Graciela Contreras en Santiago, que colaboró mucho en el desarrollo de las ferias libres de la comuna para que la gente pudiera comprar frutas y verduras directamente a los productores”, explica el investigador Miguel Laborde, agregando que en el caso de Providencia el origen fue distinto “porque Alicia Cañas vio el ejemplo inglés de la gente que no tenía servicio doméstico, y eran ellos mismos los que iban a comprar frutas y verduras en sus barrios y la verdad es que comían muy bien”.

El proyecto del mercado se inició con el llamado a un concurso público para su diseño, el cual fue adjudicado por los destacados arquitectos Alberto Cruz y Escipión Munizaga. El terreno escogido, sobre la principal avenida de la comuna y en frente de la Iglesia de la Divina Providencia, fue el que hasta ese momento alojaba al antiguo edificio consistorial de Providencia, el cual fue demolido. Las obras tomaron cuatro años —de 1942 a 1946— por lo que fue inaugurado ya con Rafael Vives como alcalde de la comuna. Aun así, Alicia Cañas siempre consideró la construcción de este mercado como uno de los máximos orgullos de su gestión al mando de Providencia. El edificio original del mercado destacaba por su acceso principal de doble altura con columnas, que conducía a un hall central de las mismas dimensiones, con piso de baldosas claras y tragaluces de vidrio en el techo, lo cual le otorgaba gran luminosidad a la nave central. En su interior había varios negocios de abarrotes, fábricas de empanadas, licorerías, carnicerías y pescaderías; mientras que en el espacio central se establecieron puestos de frutas y verduras además de algunas florerías. Se trataba de un espacio amplio y limpio para hacer las compras, algo poco visto por esos años en que aún no existían los supermercados y buena parte del abastecimiento se hacía en ferias libres y pequeños almacenes.

“El modelo inglés se replicó de muy buena forma. Además, se hizo un muy buen edificio. Yo mismo recuerdo en la década del sesenta llevar al Mercado de Providencia a turistas extranjeros en recorridos que pasaban por diversos puntos de interés de Santiago. ¡Se volvían locos con los frascos de papayas al jugo!”, rememora Miguel Laborde. Curiosamente, el único registro audiovisual de esta etapa gloriosa del Mercado de Providencia es un comercial de Pisco Control de 1984 dirigido por Arnaldo Valsecchi, en el cual es posible ver —aunque brevemente— algo de la oferta e infraestructura que existía en el lugar por esos años. “Ese comercial fue parte de una serie que hicimos para mostrar al pisco como un producto que había que preferir frente a licores importados, y como necesitábamos mostrarlo en un contexto de buenos productos chilenos como son los pescados, las frutas y verduras, en el Mercado encontramos todo eso y exhibido de muy buena manera”, recuerda Valsecchi. Mención aparte merece la Hostería Providencia, que durante décadas ocupó el extremo oriente del Mercado, en la esquina de Antonio Bellet. Se trataba de un restaurante elegante con espaciosos salones y con una oferta que hacía especial acento en productos del mar. De hecho, sus banquetes de ostras era uno de sus sellos. “Lo mejor que había para comer en Providencia”, como me la describió alguna vez el desparecido crítico gastronómico César Fredes.

Tiempos de cambio

Pero nada es eterno y tampoco lo fue el éxito durante décadas del Mercado de Providencia. Esto provocó que en 1986 abandonara su lugar original y se emplazara unos metros más atrás en un sitio que por esos años era usado por una feria libre. En ese lugar se realizó una construcción más pequeña y acotada, a cargo de Cristián Boza y otros arquitectos, la que se estructuraba mediante locales establecidos y unas pilastras en las que se podían instalar algunos puestos de frutas y verduras. Era, de alguna manera, algo así como una cuarta parte del mercado original. “Las cosas habían cambiado por esos años”, explica Ana María Silva, actual directora de Administración y Finanzas del municipio y quien en esos años ya trabajaba en la municipalidad. “Los supermercados que comenzaron a aparecer le pegaron fuerte al Mercado de Providencia, ya no tenía la demanda de décadas pasadas y el edificio comenzó a estar subutilizado”, cuenta Ana María, agregando que “por eso se decidió armar este mercado más pequeño en la parte posterior y la verdad es que funcionó bastante bien”.

¿Cómo llegó Sernatur a ocupar las antiguas dependencias del mercado? “Seguramente ellos andaban buscando algo más cercano, con todos los atractivos que tenía la comuna en esa época para el turismo, así que se fueron dando las cosas”, acota la funcionaria. “Fue una lástima que el Mercado dejara su espacio a Sernatur, pero la verdad es que había perdido mucho terreno frente a otras maneras de comprar más modernas”, reflexiona Miguel Laborde. Ante la pregunta de si fue un error este cambio, sobre todo considerando que ahora se está revirtiendo con el nuevo proyecto, responde: “Yo no soy comerciante, así que no te podría decir si habría podido resistir si no se movía. Pero sí te puedo decir que en esos años era muy difícil defender la permanencia del Mercado en su edificio original”. De esta forma, el Mercado de Providencia dejó de mirar hacia la Divina de Providencia y de paso la histórica Hostería terminó su existencia, dando paso a una biblioteca comunal. Fue, en todo rigor, el fin de una era.

Lo que viene

Falta bastante para que el Mercado de Providencia vuelva a abrir sus puertas con su edificio original, por lo que aún no hay detalles exactos sobre qué comercios llegarán a ocupar este lugar. Se sabe que habrá un mix de restaurantes y servicios, pero de nombres o marcas no hay nada claro aún. Según lo que alcanzó a adelantar la alcaldesa Evelyn Matthei antes de dejar su cargo, se consideraría a cuatro familias que vienen del antiguo inmueble para que se instalen con sus negocios en las nuevas dependencias.

Consultados algunos extrabajadores del Mercado en relación a este punto, aseguraron que “por ahora no tenemos nada claro”. En cuanto a los restaurantes y cafeterías que también deberían ser parte de este nuevo diseño tampoco hay claridad. Pero más allá de todo esto, lo cierto es que hay confianza en que la vuelta del Mercado a su edificio original será beneficiosa para la comuna de Providencia y especialmente para el sector donde está emplazado. “Es un buen momento, porque la gente está volviendo a los mercados, un poco decepcionados por la calidad de las frutas y verduras que encuentra en los supermercados”, cuenta Miguel Laborde. Por su parte, el periodista Rodrigo Guendelman, fundador de Santiago Adicto y quien participó como jurado del concurso que eligió al proyecto ganador, agrega que “este nuevo mercado va a revitalizar una zona comercial de Providencia que está algo deprimida, además de ser un aporte para toda la ciudad”. De hecho, según declaraciones del alcalde Bellolio a El Dínamo, hay planes de instalar la Biblioteca Municipal (que ya salió del edificio) en una de las alas laterales de la Iglesia de la Divina Providencia. Es decir, al frente del Mercado y como parte de un plan de mejoramiento de todo el barrio. Además, dice Guendelman, “es importante que la gestión del nuevo mercado haya quedado en manos de la gente de Patio Bellavista, porque tienen experiencia en este tipo de proyectos y gestionar en el largo plazo es siempre lo más complejo”.

Por el momento sólo queda esperar que las obras avancen y haya más claridad sobre quiénes serán los protagonistas de la nueva etapa. Para el final, sólo queda una pregunta en el aire ¿Volverán las empanadas de La Tinita? No. Lamentablemente no. “Desde que salimos del Mercado decidimos que no participaríamos del nuevo proyecto”, explica Dafne Betti, hija del histórico socio de la Tinita, Carlos Betti, agregando que “no nos convenció el modelo de concesión que ofrecen. Además, si ya una vez nos sacaron de ahí, ¿quién nos asegura que no habrá más cambios en el futuro?”. Prueba irrefutable de que el futuro de esta fábrica de empanadas va por otro lado es que el pasado lunes 12 de enero abrió sus puertas el nuevo local de La Tinita, esta vez en Manuel Montt 073. Es decir, las mismas empanadas de siempre, pero en una nueva locación.

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