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Alejandra Valdés Raczynski: Cultura hacia la ciudad…y la cordillera

La directora de la Corporación Cultural de Lo Barnechea ha dedicado su vida profesional al desarrollo de las artes, al resguardo del patrimonio y al impacto que estos tienen en la educación, la cohesión social y el diario vivir. En esta entrevista habla de lo que viene en 2026 y de cómo el acceso a la montaña también puede terminar siendo un hito cultural. 

Más de treinta años dedicada al impulso de la cultura hacen de Alejandra Valdés Raczynski una de las personas que más sabe del tema en el país. Sentada en una sala de reuniones, rodeada de libros de artistas como el chileno Guillermo Lorca y de esculturas como una réplica de “Plegar el paisaje”, de Cristián Salineros —cuya versión original se puede ver en el mismo Centro Cultural El Tranque— la directora de la Corporación Cultural de Lo Barnechea, como buena alumna matea, tiene escrito en notas todo lo que viene para este 2026, un año importante para la comuna.

Tras poco más de cuatro años al mando de la corporación, período en el que ha estado bajo las administraciones de los alcaldes Cristóbal Lira y Felipe Alessandri, y habiéndose desempeñado anteriormente como Directora de centro Cultural de Jóvenes en Providencia, Jefa de programas de la Corporación Cultural de Vitacura, Directora de Cultura y Asuntos Corporativos en Fundación Mustakis y Directora en Fundación Juan Carlos Kantor, hoy tiene todas sus energías puestas en las celebraciones de los 35 años de Lo Barnechea, hito que contará con varios eventos culturales en diversos puntos de la comuna, incluida su área cordillerana. 

Sin embargo, para Alejandra no todo se puede quedar en las actividades que hoy realizan. Ella es enfática en señalar que “la cultura es una herramienta de educación e integración social. Entonces una corporación cultural no puede ser sólo una productora de eventos. Creo que cuando uno tiene una estrategia y un objetivo claro a lograr, eso te hace mirar la comuna de otra manera, porque ya no programas solo lo que es puramente entretenido, sino que miras a mediano y largo plazo qué vamos a tener de aquí a un año o dos o tres para que haga sentido en los objetivos de aportar a la educación y ser una verdadera herramienta de integración social”.

—¿De qué forma la cultura puede llegar a cambiar la vida de un niño o incluso de un adulto, sobre todo de quienes no están en contacto tan directo con las artes visuales o con la lectura?

“Para mí la cultura no son solamente las artes visuales, la música o las artes escénicas, sino también la naturaleza, y en esta comuna, donde tenemos un 95 % de montaña y un 5 % de área urbana, haber introducido en el ámbito cultural la mirada hacia la montaña es un hito importante. Ahora, ¿cómo puede cambiar a un niño o repercutir en el desarrollo de una persona? La cultura es un gran conector a través del cual se desarrolla la creatividad, el pensamiento crítico e incluso la conexión más espiritual con uno mismo. Nosotros tenemos una política de traer niños permanentemente, a través de nuestra área de mediación, a ver las exposiciones que hacemos acá en El Tranque. Y en esas mediaciones uno ve que los niños no están acostumbrados a mirar en silencio una obra, da lo mismo si es una escultura, como las que tenemos en el parque, o un cuadro que esté colgado en la sala. Pero ese momento de contemplación es, finalmente, el momento de encuentro contigo. Soy una convencida de que hoy día el rol de la cultura es fundamental y hay que tomarlo de la mano con el área de educación”.

—¿Costó mucho hacer ese cambio?

“A mí me llamó Cristóbal Lira como en mayo de 2021, y yo me vine recién en diciembre de ese año. En el intertanto tuvimos muchas conversaciones para ver si teníamos una sintonía de mirada y si efectivamente íbamos a poder trabajar desde la perspectiva que yo estaba convencida que teníamos que adoptar para mirar la cultura. Fueron conversaciones muy bonitas, muy enriquecedoras, que tuvieron continuidad cuando vino el cambio de alcalde, porque Felipe Alessandri no tenía la obligación de trabajar conmigo. Él es una persona que creció con un capital cultural muy alto a mi juicio y entiende la cultura también de esta manera; entonces ha sido muy grato trabajar uniendo visiones y objetivos municipales con esta visión de Corporación Cultural para llevar a Lo Barnechea al siguiente nivel”.

—¿Cómo han usado la cultura como un complemento del aula para provocar ese proceso transformador en niños y jóvenes?

“Hemos sacado la cultura a la calle. Uno de los edificios que administramos es el Centro Lector, que es una biblioteca con casi 38 mil títulos. Como los niños están hiperconectados a la tecnología, pero no tan conectados ni con ellos mismos ni con los demás, decidimos sacar, por ejemplo, los juegos de mesa a la calle. Y una semana al mes, en las tardes, te encuentras con gente jugando ajedrez, tablero chino, Catán, entre otros, en la misma avenida Lo Barnechea. Tenemos una colección preciosa de juegos que están cumpliendo un rol muy importante en el acercamiento de niños y jóvenes a la literatura. Con ello puedo decirte que, en el último tiempo, en el Centro Lector, los principales usuarios nuestros son niños y jóvenes, mientras que los usuarios generales de toda la corporación son más bien adultos y adultos mayores. Entonces, esas estrategias van funcionando en la medida en que uno las mira a largo plazo, no como un evento. Además, logramos encontrar el nicho atractivo para la lectura juvenil y familiar a través de los cómics y las novelas gráficas. Hace ya tres años creamos el Carnaval del Cómic, que es una iniciativa que ha ido creciendo paulatinamente y que este año vuelve a realizarse en el mes de abril. Y también vamos a celebrar el aniversario del Centro Lector con una maratón de cuentacuentos, que será una iniciativa ciudadana con vecinos participando. 

—En Chile muchas veces pensamos que las bibliotecas públicas no son tan usadas como pasa en Europa, por ejemplo. Sin embargo, son espacios que nunca se olvidan.

“Nunca se olvidan y, de hecho, en enero hicimos por primera vez un evento silent book —en el que la gente se reúne a leer en silencio—, y llegó gente con sus mantas como si fuese un picnic; hubo trueque de libros y se juntaron en torno a la lectura. En ese sentido, es súper importante el rol de los vecinos y de la comunidad en la construcción de la vida cultural más cotidiana dentro de la comuna. Dentro de la mirada del alcalde Alessandri está ir, paulatinamente, haciendo de esta comuna un lugar más caminable, más a escala humana, porque, finalmente, eso es lo que hace que tu calidad de vida sea mejor”.

—En ese sentido, ¿buscan la construcción de más vida de barrio en la comuna?

“Exacto. Otra de nuestras estrategias importantes ha sido no quedarnos en los centros culturales, que son el Centro Cultural El Tranque, el Centro Lector y el Centro de las Tradiciones, sino salir al territorio. Entonces tenemos talleres en el Cerro 18, en donde armamos la Galería 18; armamos un gran mural en La Ermita y también tenemos talleres; iniciativas como el teatro Lambe Lambe que ha ido a Santuario del Valle; el Bibliobús, que se pasea por distintos sectores de la comuna, y activamos iniciativas en el mall que en estos tiempos cumple el rol de lo que eran las plazas públicas de antes. Estamos permanentemente escuchando a nuestros vecinos y utilizando sus espacios”.

—¿Qué tal ha resultado la experiencia de la Galería 18 y de lo que se hace en ese sector?

“Ese ha sido un proyecto muy bonito y desafiante porque, en el fondo, nadie había pensado que se podía hacer un espacio tipo metroarte, pero en este caso con un ascensor. Para cambiarle el cariz externo e interno al lugar se trabajaron dos proyectos en paralelo: por un lado, abrir la galería misma, que está dedicada a la exposición de fotografías. Y, por otro, cómo entrar de manera diferente a ese espacio. Trabajamos lo visual al pintar por fuera este descanso del ascensor para que estéticamente fuera un aporte a la comunidad. Porque también está el convencimiento de que, dentro de las artes visuales, el tema estético te cambia y aporta a tu calidad de vida. El desafío era cómo iba a funcionar en un lugar que está estigmatizado como peligroso, de alto riesgo, donde la gente no sube. Queríamos lograr que los habitantes del cerro 18 se sintieran mejor pero también que vecinos de otros sectores quisieran subir y visitar el lugar. Hoy, uno conversa con los guardias del ascensor y te dicen que, desde que se inauguró esto, hay otros públicos que se han atrevido a visitarlo”.

—Es importante que este tipo de iniciativas sean visitadas por la mayor cantidad de gente y no terminen teniendo escasa repercusión.

“Yo diría que lentamente ha ido cambiando la realidad. La vista desde el Cerro 18 hacia Santiago es una de las vistas más lindas que tú puedes tener de la ciudad. Además, la gente es encantadora; la experiencia de subir el ascensor es grata y segura y hay quienes te agradecen que uno vaya, porque viven igual que tú, que yo, que cualquiera de nosotros. También fue muy bonito armarlo concibiéndolo desde la comunidad, conversando con ellos y escuchando sus inquietudes, sus sueños y sus dolores”.

—Tú misma has dicho que hay que trabajar a escala humana, comprender quiénes son los vecinos, qué es lo que quieren.

“Eso es fundamental. El mural que hicimos en La Ermita yo no lo concibo sin las conversaciones que tuvimos con la comunidad. Y, a la vez, el proyecto de regeneración urbana en ese lugar, tampoco lo imagino sin haber partido con el apresto de una iniciativa cultural, un concurso de fotografía. Es decir, fue la cultura la entró primero desde un lado amable, en el que todos somos iguales, todos tenemos nuestra propia identidad que queremos re-conocer. La invitación es a recuperar eso, a redescubrir juntos la identidad inicial del barrio para partir trabajando un proyecto de regeneración urbana desde la propia esencia del lugar. La cultura te permite entrar, te permite encontrarnos en comunidad y facilita también el encuentro con uno mismo. Desde ahí sigues pensando otros temas como los más urbanísticos, arquitectónicos o de otro tipo de desarrollo”.

La montaña como cultura

—Otra cosa muy interesante que han hecho es acercar la cordillera al ámbito cultural, porque pocos piensan en la cordillera como un lugar donde también se vive la cultura, donde también están nuestras raíces.

“El arte puede proveer de un espacio de silencio donde te encuentras contigo mismo, y la naturaleza cumple el mismo rol. Byung-Chul Han habla de esos espacios de silencio en los que confluyen el arte, la cultura y la naturaleza. Yo creo que, de alguna manera, la productividad, la industrialización y el capitalismo nos hicieron volver la mirada al cemento, al desarrollo urbano y a la industria, y nos fueron girando en 180 grados la mirada desde la naturaleza hacia la ciudad. Hoy tenemos la gran oportunidad de integrar ambos espacios y esta comuna puede hacerlo. De hecho, en la programación 2026 de la Corporación Cultural hemos concebido un encuentro grande de tres días llamado Cumbre de Ideas, que es, precisamente, un diálogo artístico, cultural y científico desde la montaña. Esto se llevará a cabo en mayo, cuando la comuna cumpla 35 años”.

—Junto al acceso a la cordillera se da el origen del río Mapocho, que tiene un significado especial para la comuna. ¿Cómo piensan darle relevancia a este hecho?

“Este año vamos a poner un hito con cierta información y que sea visitable. Ya el año pasado hicimos un piloto y asistieron más de 200 personas a conocer la confluencia, para entender qué significa el lugar donde se junta el río Molina con el río San Francisco. Junto a esto está la declaratoria del río Mapocho como humedal urbano, lo que nos hace responsables de cómo baja y de la limpieza de sus aguas. Asimismo, acogimos la iniciativa La Ruta del Mapocho, en la que se hace un concurso de canto femenino en cada comuna por la que pasa el río, así que el 28 de marzo tendremos el evento final en Lo Barnechea”.

—Hablando de eso, ¿qué viene ahora en la programación de este 2026?

“La programación 2026 tiene un foco muy claro en lo local y lo nacional. Hemos querido poner énfasis en un año especialmente dedicado a mostrar que la cultura debe estar por sobre la política de turno, pues se trata de un tema transversal. Por eso vamos a abrir el año con Francisco Gazitúa, Premio Nacional de Arte, junto a su pareja Ángela Leible, en una exposición de ambos sobre cómo han tenido una relación muy especial con la montaña, pues son grandes cabalgadores y conocedores de la Cordillera de los Andes. En tanto, la segunda exposición, a partir de junio, será traer el Museo Violeta Parra. Es un símbolo muy claro traer a esa Violeta cultural, porque Violeta Parra fue una artista de calidad que trabajó el papel maché, la música y la arpillera, y que fue escritora de canciones, gran payadora y gran escritora. Luego vamos a cerrar el año de las exposiciones más importantes con Pablo Burchard, que es un clásico chileno que nos ha heredado a toda una familia de artistas. Siempre tratamos de incorporar un clásico porque no podemos negar que nuestro público es más bien tradicional. En tanto, por los 35 años de la comuna tendremos también una muestra de fotografía, de historia y el Encuentro Cumbre de Ideas. Estamos preparando también algunas publicaciones: El milagro de la Ermita, un libro para niños que rememora un hito patrimonial de la historia comunal y un libro de los 90 años de Farellones”.

—Junto a las exposiciones también hay ópera, un género que ha ido ganando nuevos adeptos.

“Cuando yo asumí, el foco estaba bien puesto en las artes visuales, por lo que tuvimos que crear un área de artes musicales, artes escénicas y literatura. Dentro de ese espectro nosotros decidimos apropiarnos de la ópera, que ha sido un súper buen elemento aglutinador. Trajimos la ópera al parque, como era en sus orígenes, cuando era un género popular, y me encanta ver cómo esta iniciativa ha permeado también a otras comunas. Este año vamos a traer La Cenicienta y Così fan tutte, las que hacemos en un ambiente para toda la familia. Además, tenemos jornadas de reflexión en torno a la ópera en nuestro ciclo de charlas y en agosto hacemos una ópera para niños”.

—Además, retomaron el Musical de Vecinos, en el que participan habitantes de la comuna. ¿Qué impacto tiene esto en quienes participan?

“El año pasado hicimos El Mago de Oz y la verdad es que el impacto es realmente transformador. Un niño que actúa en un musical nunca lo va a olvidar. El desarrollo de la personalidad, la seguridad en sí mismo y la capacidad de trabajo en equipo son competencias que se desarrollan a través de iniciativas culturales como los musicales. 2025 fue primer año que nos atrevimos a hacer un musical de vecinos sólo de niños y jóvenes, convencidos de este poder transformador que tiene una experiencia significativa”.

—Lo Barnechea se suele ver como una comuna geográficamente distante, por lo que esta oferta cultural puede servir como una invitación para el resto de la ciudad.

“Nunca, ningún alcalde, había hablado de ser el kilómetro cero de Santiago. Cuando dices kilómetro cero, es tu punto de partida y es un lugar desde donde puedes partir hacia la montaña o hacia la ciudad. Y justamente ahí se produce esta confluencia entre estas dos realidades: la naturaleza y lo urbano. Y con el alcalde Felipe Alessandri y su equipo estamos trabajando en eso. Por eso se está arreglando la zona de la Plaza San Enrique como un espacio multisectorial, que no será exclusivamente cultural ni de servicios ni exclusivamente de turismo, sino un lugar desde donde la comuna y Santiago parta hacia la montaña y hacia la ciudad”.

—Junto con lo que hace la Corporación, hoy la comuna cuenta con Espacio Zoco, que también ha ayudado a atraer a un público que no vive en la comuna.

“Zoco viene a enriquecer el panorama cultural de la comuna, que no tenía ningún teatro. Nosotros tenemos un convenio con ellos en el que contamos con una temporada donde incorporamos ópera, además de conciertos de cámara y piano. Para el 2026 agregamos charlas de premios nacionales. Además de Zoco, también hacemos actividades en el Portal La Dehesa y tenemos un programa de cultura en las plazas. En ese sentido, no podemos esperar solamente a que el público llegue, tenemos que salir a buscarlo”.

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