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Estilo y carácter en papel: el legado de los ocho candidatos al Premio Nacional de Literatura

Una mujer y siete hombres fueron postulados para la versión 2018 del galardón que será entregado este viernes en la Biblioteca Nacional. Aquí, un repaso por sus obras más relevantes y simbólicas para el país.

Estilo y carácter en papel: el legado de los ocho candidatos al Premio Nacional de Literatura
Por 27 de Septiembre de 2018

Hubo un tiempo en que el Premio Nacional de Literatura producía una serie de declaraciones cruzadas en el mundo literario chileno. Hoy, pareciera ser un reconocimiento que no provoca expectación. En total son 7 candidatos y una candidata los que fueron postulados para la versión 2018 del galardón, cuyo resultado se dará a conocer este viernes en la Biblioteca Nacional.

Entregado desde 1942, y a partir de 1972 cada dos años, el Premio ha sido otorgado principalmente a hombres: 49, versus 4 mujeres. Y, más allá del reconocimiento, quien gane recibirá una mensualidad de $940 mil y cerca de $20 millones.

El jurado está encabezado por la ministra de Cultura, Consuelo Valdés, e integrado por el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi; su par de la UMCE y representante del Consejo de Rectores, Jaime Espinosa; la académica de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la U. de Chile, María Eugenia Góngora; además del poeta Manuel Silva Acevedo, quien obtuvo la distinción en 2016.

Los candidatos

1

Diamela Eltit

Su trabajo literario empezó a tomar visibilidad en la década de los 80. En plena dictadura cívico militar, Eltit fue autora de textos cuyo contenido criticaba el accionar represivo del poder, encarnado en la figura de una institución o bien de una persona. Desde la vereda de la resistencia, la escritora dio protagonismo a personajes asociados a la marginalidad: trabajadores proletarios, mujeres, enfermos, vagabundos.

Dueña de más de 20 libros, Eltit debutó con Lumpérica (1983), texto que marcaría su estilo y puntos de interés. En Lumpérica, la autora presenta un ambiente claustrofóbico, en el que su protagonista llamada L. Iluminada se encuentra ante un luminoso cartel publicitario. Junto a otras figuras que la rodean comienza a interpretarlo, en pleno espacio público, encontrándose con personajes autoritarios que la forzarán a confesar hechos que no hizo.

2

Enrique Lafourcade

Miembro de la Generación Literaria del 50, compartió con jóvenes escritores de la época tales como Jorge Edwards y Claudio Giaconi, entre otros. Se dedicó tanto al periodismo como a la escritura literaria, destacando por su crítica mordaz al régimen liderado por Pinochet, siendo autor de obras alegóricas a la dictadura.

Autor de la icónica obra Palomita Blanca (1971), Lafourcade retrató el pulso que se vivía a fines de la década de los 60 donde reinaba la pobreza y la diferencia de clases sociales. De corte realista, la novela habla de las convulsiones sociopolíticas de la época, en medio de una historia de amor adolescente marcada por la desigualdad. Palomita Blanca ha sido el libro más vendido en la historia de la literatura chilena, con cerca de cuarenta ediciones.

3

Hernán Rivera Letelier

Algunos libros de Rivera Letelier son lectura obligatoria en el colegio. Tomando la referencia de Baldomero Lillo, el escritor se abocó a representar la precaria vida del trabajador minero, aunque en su caso, enfocándose en la vida nortina en una época marcada por la explotación del salitre, cuya riqueza se veía en los dueños de las pampas mientras que los trabajadores resistían tras horas de explotación.

La Reina Isabel cantaba rancheras (1994) fue la novela que le dio fama. La historia gira en torno a La Reina Isabel, famosa prostituta del desierto de los años 20 que, con su carisma y trabajo nocturno, ostentó el cariño del pueblo. A través de sus historias, se rescata la memoria de las minas del salitre y el agobiante mundo de los trabajadores, quienes establecen lazos de amistad y vivencia cotidiana con las prostitutas de las oficinas.

4

Roberto Merino

El escritor ha transitado por la poesía, novela y crónica, siendo este último su género más reconocido. De hecho, Merino ha escrito cerca de 160 crónicas sobre Santiago, en las que deambula por la ciudad sin destino alguno, tropezando con personajes, observando situaciones que bien podrían ser ficcionalizadas. Con un uso del lenguaje de manera directa, Merino busca acercar la escritura con la oralidad corriente de la calle.

Horas perdidas en las calles de Santiago(2000), recopila partes que el escritor publicó en distintos medios de circulación nacional, tales como Las Últimas Noticias y El Mercurio. En sus crónicas, Merino  figura como un fantasma que se detiene a observar el transcurso del tiempo en la ciudad y escuchar a personajes de distintas épocas hablar en el centro de la capital.

5

Rolando Rojo
Gran parte de su literatura está enfocada en retratar la desaparición de la vida de barrio y de los personajes que lo circundan como los obreros y las prostitutas. Él mismo ha dicho que la vocación de sus escritos es la de denunciar. De apuntar con el dedo la injusticia. Con 10 novelas y 10 cuentos en el cuerpo, pero con mucha menos difusión que los otros competidores, Rojo se perfila como el candidato “alternativo” del certamen.

En La Muerte de la Condesa Prokofich (2002), Rolando Rojo habla sobre los años que vivió en exilio, en Argentina. Fue en ese contexto que dio a parar a un refugio en la pampa transandina, lugar donde confluyeron figuras tan variadas como rusos que habían sido de la nobleza, ex jerarcas nazis y exiliados latinoamericanos. Todo un microcosmos, como él mismo lo llamó.

6

Carlos Franz

Escritor de cuentos, novelas y ensayos, Carlos Franz ha cultivado un estilo narrativo en el que profundiza en el  dolor, el destierro y el viaje. En varias de sus obras se encarga de revisar el período de transición a la democracia, quitándole el tono testimonial que tiñe muchas obras con similar temática. Franz es parte del denominado grupo Nueva Narrativa chilena, a la que también pertenecen Alberto Fuguet y Arturo Fontaine.

En El desierto (2005) el escritor logró notoriedad internacional. En su obra habla del exilio, la tortura y la culpa, elementos de la historia negada de un país aún atormentado por las esquirlas de la dictadura. Desde Berlín, uno de los personajes escribe, a través de cartas, toda la violencia y desgarros psicológicos que sufrió mientras que, en paralelo, otra historia transcurre en una fiesta religiosa donde el relato va ritmado por esta fiesta de máscaras y bailes.

7

Jorge Guzmán

Su trabajo está compuesto tanto por obras teóricas como literarias. Gran parte de sus textos se caracterizan por la voluntad firme de vincular historia y literatura a partir de las vivencias y el punto de vista de distintos personajes históricos como Inés de Suárez y Diego Portales. En la década de los 90, Guzmán se abocó a la creación de novelas históricas, dado su convencimiento de reflexionar acerca de la realidad e identidad latinoamericana.

8

José Luis Rosasco
Con un estilo realista, sus temas más recurrentes son las historias juveniles marcadas por el amor y la amistad, donde los protagonistas son adolescentes. Para el escritor es una edad apasionante que se puede enfocar en distintos momentos y situaciones. Lejos de la proeza estilística y estructural, asocia su obra a un estilo lineal.

Dónde estás Constanza trata sobre el amor juvenil de Constanza y Alex, quienes viven una intensa relación en un barrio de Santiago como escenario. Los sentimientos de ambos oscilan entre lo dramático y lo cómico, lo doloroso y lo trivial, emociones contradictorias que se extreman en la adolescencia.

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