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“Esta fue, sin exageración, la mejor muerte que vi”: médico relata paso a paso cómo falleció su paciente gracias a la eutanasia

El facultativo canadiense conmovió a las redes sociales con su relato de "una buena muerte".

“Esta fue, sin exageración, la mejor muerte que vi”: médico relata paso a paso cómo falleció su paciente gracias a la eutanasia
Por 20 de Mayo de 2019

Mientras en Chile se discute la legalidad de la eutanasia o “muerte digna”, la comunidad científica sigue debatiendo hasta cuándo pueden los médicos tratar a un paciente terminal sin cura.

En las últimas horas se ha viralizado por las redes sociales el relato de David Juurlink, jefe he la división de Farmacología Clínica y Toxicología del Centro Sunnybrook Health Sciences de Toronto.

“Me gustaría compartir algunas reflexiones sobre la muerte de una paciente. He pensado bastante sobre ella. Ella Me dio consentimiento explícito de tuitear detalles de su caso, sobre las horas previas a su muerte. Su anhelo es que haya algún beneficio de su experiencia”, comenzó explicando el doctor.

“Ella llegó al hospital como usualmente lo hacen los octogenarios: con debilidad generalizada, caídas, alimentación oral pobre, fiebre, hipotensión. Su conteo de glóbulos blancos (WBC) era de 17.000. Los cultivos sanguíneos crecieron E. Coli. Sépsis. Arreglable”, continuó.

El médico relató que su paciente “también se quejaba de un dolor en su ingle y muslo. Era nuevo, progresivo y debilitante. Incluso moverse en la cama del hospital era agonizante”.

“Un mes antes, le habían encontrado un gran pseudoaneurisma surgiendo de su arteria ilíaca externa (y sí, eso es un error de un previo reemplazo de cadera atravesándolo). Se sometió a stent y retornó a casa”, sigue el relato.

“Debido a que era séptica y tenía dolor, la examinamos de nuevo. La nueva TC mostró un extenso gas dentro del pseudoaneurisma. Ahora estaba infectado, y eso era un gran problema”, contó el doctor.

El profesional indicó que “continuamos con antibióticos. Mejoró. Dejamos su dolor bajo un control razonable con hidromorfona y otras varias medicinas. Pero llegó la gran pregunta: ‘¿ahora qué?”.

“No quería más cirugía. Su cabeza no era ágil, y estaba clara de ello. Pero los antibióticos solos no iban a curar la infección; sólo la iban a suprimir. La mejor opción, sugerimos, eran antibióticos por el resto de su vida”, explicó.

“Discutimos esta opción en largo. Ella no la quería tampoco. Ella explicó por qué. El dolor era una razón. Las medicinas ayudaban un poco, mientras ella no se moviera demasiado. Pero nuestra opción de drogas eran limitadas, y el dolor iba a ser un problema persistente”, dijo Juurlink.

Según el doctor, “su mayor preocupación, mirando a futuro, era su calidad de vida. A los meses venideros, ella perdió su movilidad e independencia. Ella no las recuperaría y lo sabía”.

“Previó estaría confinada a su departamento, con dolor, luchando con su andador. No más paseos afuera. No más viajes al almacén. No más juegos de bridge con sus amigas, como había hecho durante años. Ella no estaba interesada en vivir así”, siguió contacto el facultativo.

“Discutimos un cuidado paliativo: parar con los antibióticos, subir los medicamentos para el dolor, y y mantenerla cómoda mientras la infección tomaba su curso. Su familia la vigilaría a su lado por el tiempo que fuera necesario. Ella no estaba interesada en morir así”, explicó.

De acuerdo a Juurlink, “ella sabía que se estaba acercando al fin de su vida. Lo que ella quería, nos contó, era terminarla en paz, con su mente aún ágil, y con su familia y amigos presente. Ella quería asistencia médica para morir (MAiD)”.

“Tuvimos una reunión familiar. Parientes vinieron desde lejos. Ellos apoyaron incondicionalmente. Resultó que, ella había discutido la posibilidad de MAiD, que sería una opción, varias veces en años recientes. Así que este fue el plan”, agregó el doctor.

“La vi todos los días después de eso. Manejé su dolor. Escuché sus historias. Aprendí sobre miembros de su familia que murieron y que cuyas muertes influyeron a su decisión. Nunca jamás reconsideró. Creció cariño en mi por ella, sobre todo con su lúcido estoicismo”, continúa el hilo.

“Luego del período obligatorio de espera y las evaluaciones médicas, llegó el día. La visité a as 7:30 esa mañana. Ella estaba sola pero alegre, comiendo Cheerios y tostadas de su bandeja (todavía me arrepiento que esa fuera su última comida. Me hubiera gustado llevarle un beagle fresco con salmón)”, relató el médico.

Agregó: “Unas pocas horas después, su habitación estaba llena con familiares y amigos. Era literalmente una fiesta: Había conversación y risas y cognac en pequeñas tazas. El ánimo era de todo menos fúnebre. Se juntaron en su cama. Tomé una foto del grupo. Todos estaban sonriendo”.

“Luego miré como mis colegas revisaban todo por una última vez, confirmado su deseo, explicaron que pasaría, y contestaron las preguntas de todos. ‘Ok, estoy lista’, dijo. Su compostura era destacable. ‘Adiós. Gracias por todo. Los amo'”, relató.

El médico explicó que su paciente “recibió midazolam y durmió paz, sus hijos tomándola de la mano y acariciando su cabeza. Luego vino el propofol, un anestésico. Luego rocuronio, un relajante muscular. Finalmente, cloruro de potasio, para detener su corazón. Cinco minutos después de decir adiós, ella estaba muerta”.

“Hubo lágrimas, por supuesto. Por todos lados. Pero mayormente la atmósfera en la habitación era de serenidad y gratitud, y un genuino sentimiento de haber hecho lo correcto”, afirmó el doctor.

“No soy experto en MAiD, y entiendo que algunas personas se oponen por varias razones. Pero he sido un doctor por 25 años, y he visto suficientes muertes para saber una buena de una mala. Esta fue, sin exageración, la mejor muerte que he presenciado”, aseguró.

El hilo concluye: “Todos morimos eventualmente. Este paciente me ayudó a a darme cuenta de que cuando llegue mi hora, seré afortunado si MAiD es una opción. Y siempre estaré agradecido de ella, su familia, y a mis expertos colegas por apreciar lo bueno que una ‘buena muerte’ puede ser”.

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