Estas organizaciones han estado invisibilizadas por parte de los poderes y de las grandes entidades financieras, no reconociendo el esfuerzo que vienen haciendo desde hace más de 50 años para dar un servicio tan vital como el agua a muchas poblaciones.
No estoy de acuerdo con Fernando Villegas. No creo que haya “pasado la vieja” en materia de derechos humanos. Pienso que, tarde o temprano, las cosas se irán sabiendo, los pactos de silencio tendrán que romperse y la verdad aparecerá para, junto con ella, hacerse justicia. Y espero que así sea en el caso de Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas De Negri, que vuelve a tener a buena parte de Chile horrorizado por un macabro crimen. El sinceramiento del ex conscripto Fernando Guzmán después de 29 años y el presuroso avance en la investigación por parte del juez Carroza, parecen ser una señal de esperanza. Pero tampoco estoy de acuerdo con la destemplada reacción que generaron los dichos del panelista de Tolerancia Cero en las redes sociales y la opinión pública.
El caso de Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas Denegri, retoma un tema del que se habla en los pasillos del Gobierno y entre parlamentarios desde hace tiempo: legislar sobre la Degradacion Mlitar. Una reducción o demolición del rango militar, como castigo por un crimen, o conducta ilegal, impuesta por una corte marcial u otra autoridad. La reducción del rango en latín: gradus deiectio, degradación de posición, fue usada durante el Imperio Romano como castigo militar.
Todos los días, en los últimos meses del gobierno de la Presidenta Bachelet, nos despertamos (y nos dormimos) con noticias que ya no generan sorpresa. Cada descubrimiento de actos de corrupción, la sensación térmica de una economía que parece no ser tan robusta, la percepción de aceptación pública en caída libre, son temas que se acumulan de a uno, causando un grado de sensacionalismo con el que los medios se regodean.
Con cuánta frecuencia escuchamos expresiones como: “yo no me meto en política”, “aquí no se habla de política”, “la política es esencialmente corrupta”, “la política le hace daño al país” entre muchas otras por el estilo. Pero me pregunto ¿qué se está entendiendo por política como para motivar tanta animadversión?
Más allá del 1-1 del final, y del penal desperdiciado, los Azules tuvieron un estreno opaco en el Apertura y ya estrechan su margen de error de cara a un torneo corto de 15 fechas.
Ahora viene Copa Chile, un torneo que me parece debe acaparar la atención del plantel. En esta versión el premio es enorme, ir a Copa Libertadores o Copa Sudamericana.
Ayer, Carmen Gloria Quintana en entrevista con Chilevisión, manifestó que luego del retorno a la democracia, acudió al entonces Ministro Secretario General de Gobierno del Presidente Aylwin, Enrique Correa, solicitándole ayuda para investigar los hechos sucedidos en 1986 cuando fue rociada con parafina junto a Rodrigo Rojas De Negri, quien falleció por los efectos de las quemaduras. Quintana indicó que Correa le dijo que el caso no estaba dentro de las prioridades de dicho gobierno y que solo se investigaría sobre tres casos emblemáticos. Enrique Correa negó el que se haya entrevistado con Carmen Gloria. Juzguen los lectores quién habla con la verdad y quién, no.
A raíz de las declaraciones de la Presidenta Bachelet, en las que indicó que el gobierno debía tomar un rumbo de “realismo sin renuncia”, varios personeros han salido a comentar dichas palabras. Sin embargo sería bueno saber de qué realismo hablamos y a qué no se va a renunciar. La respuesta más inmediata y que parece lógica sería que no se renunciará a la ideología reformista, pero que será un proceso más gradual. Lo mismo pensaba hasta que escuché a diversos dirigentes de la izquierda en declaraciones que parecen no entender lo mismo, a tal punto de que ese “realismo” no significa un mea culpa en la forma y en el fondo de las reformas mismas.
Hace algunos días, la presidenta sorprendió al mundo político al anunciar el inicio de su ‘segundo tiempo’, en un intento de reducir significativamente las expectativas ciudadanas respecto de la implementación de la ambiciosa agenda política de reformas estructurales. El ‘realismo sin renuncia’ que se busca posicionar como nuevo lema del gobierno, viene a hacerse eco de las numerosas voces que habían alertado sobre las dificultades de poder llevar a la práctica los cambios anunciados.