Y, después del niño mimado de Leipzig, ¿qué?
Frente a ello, por supuesto que existen cientos de postulantes, unos más calificados que otros; algunos más divertidos y estrafalarios; muchos desesperados, ambiciosos, oportunistas, conspiradores, que sin embargo no calificarían ni apoyados por el mejor de los padrinos, ni aunque el mismísimo Andrónico les pasara 6 mil 500 palos para llegar a golpear la puerta del Palacio. Así como hay otros que gozan de méritos de sobra, y de prestigio.
Columnista