Secciones
Mujer

Una integrante de Pussy Riot reanuda su huelga de hambre en prisión rusa

El pasado 23 de septiembre, Tolokónnikova denunció en la prensa rusa graves casos de violencia en la prisión IK-47 de Mordovia, donde cumple una pena de dos años, y se declaró en huelga de hambre.

Nadezhda Tolokónnikova, integrante del grupo punk ruso Pussy Riot, condenada a dos años de prisión, reanudó hoy su huelga de hambre, después de que las autoridades rusas incumplieran su promesa de trasladarla a otro penal.

Según su marido, Piotr Verzílov, Tolokónnikova fue trasladada anoche del hospital de la república de Mordovia, a 600 kilómetros al este de Moscú, en que se hallaba en tratamiento al mismo penal en que estaba antes de ser hospitalizada tras una huelga de hambre en protesta por las condiciones de reclusión.

“El traslado es un incumplimiento de las promesas (…) de que dejarían a Nadezhda en el hospital o de que sería trasladada a otra región, y por tanto, como advirtió, reanuda la huelga de hambre”, dijo Verzílov a la agencia Interfax.

El pasado 23 de septiembre, Tolokónnikova denunció en la prensa rusa graves casos de violencia en la prisión IK-47 de Mordovia, donde cumple una pena de dos años, y se declaró en huelga de hambre.

Poco después fue trasladada a una celda de aislamiento por cuestiones de seguridad, tras denunciar amenazas de muerte, y más tarde a la enfermería del penal.

En su carta, Tolokónnikova, de 23 años y madre de un niño de 5, denunció los abusos, los malos tratos y las torturas a los que son sometidas las internas y también denunció amenazas de muerte por parte de la administración de la cárcel.

Tras ocho días de huelga de hambre, el pasado 1 de octubre, Tolokónnikova suspendió su protesta tras la mediación del defensor del Pueblo ruso, Vladímir Lukín.

“Hemos acordado que ella suspenda su huelga de hambre en el entendimiento de que los servicios penitenciarios prestarán la debida atención a su solicitud de traslado a otro penal”, declaró entonces Lukín.

El funcionario se mostró hoy sorprendido por lo que catalogó de incumplimiento de las promesas por los servicios penitenciarios a los que acusó de haberle engañado.

“Estoy asombrado. Si Tolokónnikova no fue trasladada a una nueva prisión (…) los servicios penitenciarios no cumplieron su promesa, es lamentable. Eso dificultará mi colaboración constructiva con ellos”, dijo.

Hoy mismo, María Aliójina, la otra integrante de Pussy Riot que se encuentra en prisión, revocó el recurso que había presentado su defensa para reducir su pena.

“Creo que no es ético (…). No tengo derecho a iniciar este proceso cuando mi amiga Nadezhda Tolokónnikova no tiene esa posibilidad porque está en el hospital o un penal del que se dicen cosas horribles”, dijo al juez Aliójina, citada por la agencia Interfax, en la audiencia celebrada en la ciudad de Nizhni Nóvgorod.

Agregó que si las autoridades rusas están dispuestas a dejarla en libertad, que lo hagan dentro de “una amplia amnistía junto con mujeres que cumplen condena y que son madres de hijos pequeños”.

Tolokónnikova, Aliójina y Yekaterina Samutsévich, ésta última en libertad condicional desde octubre del año pasado, fueron condenadas a dos años de cárcel por “gamberrismo motivado por odio religioso” tras escenificar en febrero de 2012 una plegaria punk en el principal templo ortodoxo ruso.

Las Pussy Riot mantienen su inocencia e insisten en que su acción en la catedral de Cristo Salvador de Moscú tenía fines políticos y no estaba dirigida contra los creyentes ortodoxos.

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha respaldado en varias ocasiones la pena de cárcel, mientras que el primer ministro, Dmitri Medvédev, considera que las jóvenes ya han pagado con creces su falta

Notas relacionadas












Rebaja de impuestos: cómo el gobierno activó el argumento opositor

Rebaja de impuestos: cómo el gobierno activó el argumento opositor

Si la rebaja al impuesto corporativo estuviera condicionada a resultados laborales concretos —alzas salariales reales, nuevos puestos de trabajo o participación en utilidades— esa separación desaparecería. El beneficio tributario y el bienestar del trabajador serían la misma discusión, no dos medidas distintas dentro de un mismo paquete. Un gobierno que de verdad cree que esta medida mejora sueldos y empleo no debería pedirle a la ciudadanía que confíe en la cadena causal.

Foto del Columnista Damián Trivelli Damián Trivelli