El deporte nacional alcanzó un importante logro de la mano del karateca Rodrigo Rojas Macchiavello. Llegó como un regalo atrasado, tres días después de su cumpleaños n°36: la Federación Mundial de Karate lo ubicó en el puesto n°1 del escalafón planetario en la categoría +84 kilos.
Debajo de sus 5205.00 puntos en el ranking mundial quedaron el italiano Matteo Avanzini (5085.00) y el egipcio Taha Tarek Mahmoud (4230.00). “El sueño ya no es sueño. Aún no me lo creo. Que se sepa que ese país largo de la esquina del mundo está para cosas grandes. Y vendrán más compatriotas también”, celebró el deportista en sus redes sociales.
Tal como transmitió el Comité Olímpico de Chile, Rojas se encuentra viviendo el año más laureado de su carrera al haberse coronado como “Grand Winner”. El múltiple campeón sudamericano, panamericano y de Premier League se toma unos minutos desde Colombia, donde se encuentra en el Campeonato Sudamericano, para conversar con EL DÍNAMO sobre las implicancias de este triunfo, hacer un repaso por su trayectoria y contar cómo fue que redirigió sus ansias de pelear cuando niño a un enfoque más sano y disciplinado.

En la cima del ranking
— ¿Cómo ha sido tu paso por esta gira que te ha tenido un mes fuera de Chile?
— La gira ha estado bastante buena. Empezamos en el Campeonato Panamericano específico, donde pude ganar mi categoría; en equipo también ganamos la categoría panamericana, lo que significó que nos clasificáramos al Campeonato Mundial por equipos, que tiene lugar en China a fin de año. Después fuimos a Marruecos, donde quedé quinto, lo que significó ser Grand Winner. Ahora vamos al último torneo, que es el Sudamericano, en el cual competimos el sábado en la categoría adulta.
— ¿Cómo te tomas que haya sido la primera vez que un chileno alcanza este lugar?
— Con orgullo y con felicidad, por supuesto. Cada semana, después de cada torneo, hay una actualización del ranking mundial. Es como el ranking ATP, para ponerlo en contexto. Siento que esto viene a premiar todos los años de esfuerzo, de constancia y de seguir empujando el carro cuesta arriba, especialmente en los momentos más difíciles. Creo que todavía no lo asimilo por completo, pero sin duda estoy muy agradecido conmigo mismo y con todas las personas que han sido parte de este gran logro.
— Y si tuvieras que hacer un recuento de los logros que más te han traído satisfacción personal y profesional, ¿cuáles serían y qué lugar ocupa este?
— Diría que el primero. Pero entre otros, los cinco campeonatos Panamericanos específicos que tengo fueron muy importantes. El campeonato de Santiago 2023 fue uno de los momentos más especiales de mi carrera, precisamente porque fue en Chile. También hay un campeonato mundial JKA, que es de otro reglamento, que fue muy lindo poder ganarlo (N. de la R.: en 2017 Rodrigo Rojas fue el primer deportista no japonés en ganar ese campeonato). Las Premier League de este año creo que tienen un lugar muy especial por lo que significa ganar un torneo así.

De “niño ritalín” a referente en el karate
— Tú has revelado que eras muy peleador cuando niño y que había cierto temor de que el karate potenciara aún más esa faceta. ¿Cómo fue que no resultó así? ¿Qué es lo que te enseñan que hace que la mayoría de las personas que entrenan artes marciales eviten escoger la violencia?
— Primero que nada, tiene que ver con un contenido valórico; por algo son artes marciales y no un sistema de combate. Ahí está la gran diferencia: el sensei o profesor, en su mayoría —porque existe de todo en la viña del Señor—, inculca valores y enseña que no se debe pelear fuera del dojo. La idea es utilizar esto solo en casos extremos y de defensa personal, y no abusar de esta capacidad extra que tienes respecto al resto. En segundo lugar, el entrenamiento es una descarga energética gigante que regulariza tus niveles de energía y te tranquiliza muchísimo. Creo que esos dos factores son muy importantes y jugaron un papel enorme en que yo lograra una mayor concentración en clases cuando antes no podía. Yo era el típico niño ritalín, me costaba mucho y hasta el día de hoy me cuesta quedarme quieto o concentrarme en el estudio. Sin duda no lo cambió al cien por ciento porque mi personalidad es así, pero sí lo modeló bastante.
— Tu papá era aficionado a esta disciplina, ¿él te logró transmitir esta idea de no abusar de tus capacidades?
— No, mi padre simplemente contó alguna vez que hizo karate de forma amateur, ocho meses o un año con suerte. Yo me quedé con eso grabado y quería ser como él, por lo que entré a karate en conjunto con la influencia de los dibujos animados de Dragon Ball Z, que me encantaban. Quería aprender a pelear por eso. En el club cerca de mi casa, un profesor empezó a hacer clases, entré a entrenar y finalmente me terminé enamorando del deporte y del arte marcial, quedándome ahí hasta el día de hoy.
— ¿Cuál era tu referente nacional o internacional en ese momento?
— La verdad es que no tenía muchos, porque siempre he sido de no tener ídolos; mi idea era poder armar mi propio camino. Sin embargo, veía en general a la selección adulta como un referente y un paso a seguir. Quería compartir con ellos y aprender de ellos, pero nunca en un sentido de idolatría; siempre lo tuve muy claro.
— ¿Te has puesto en el lugar de que ahora, con todos los logros que acumulas en tu carrera y con este en particular, tú puedas ser también en el futuro el referente de alguien?
— Sí, por supuesto. Algunos niños siempre me lo comunican, especialmente por redes sociales, y significa mucho para mí. De verdad que me doy por pagado de todos los altibajos que he tenido si he podido inspirar por lo menos a un niño. Para mí eso es lo más importante: generar un legado, entregar el día de mañana una mejor posta, hacer creer a los niños y hacerlos soñar. Es algo que me tomo muy en serio y por lo que también estoy aquí. Supuestamente yo no debería haber competido en este Sudamericano, pero quise estar porque es una instancia muy especial; es el único torneo internacional que tienes para compartir entre la selección juvenil y la adulta. Aunque la organización ha estado regular y el estadio ha sido bastante paupérrimo, con graderías mínimas que no nos han permitido compartir tanto con los niños, esa era la idea: poder conversar con ellos, transmitirles mi experiencia, traspasar esta posta y hacerlos soñar.

El financiamiento
— Tú también has dicho en otras oportunidades que solo los locos se dedican al deporte en Chile. ¿Cuáles han sido las peores dificultades que has enfrentado, o las veces en que más has sentido que es una locura lo que haces?
— Yo diría que, ya más de grande, lo más dificultoso es el tema de la seguridad social. Hoy en día nosotros gozamos del Proddar, una beca para el deportista de alto rendimiento que finalmente funciona como un salario, pero que se debe reevaluar período a período. Independientemente de cuánto hayas entrenado o trabajado, si no obtuviste esa medalla necesaria para renovarla, no se te paga. Tienes que tener los nervios de acero cuando debes pagar un arriendo, tienes una hija y debes rendir económicamente, enfrentando un torneo donde estás obligado a ganar una medalla porque si no, no recibes ingresos. Es muy diferente a una vida con un trabajo tradicional, donde si trabajas todo el mes, el sueldo aparece en tu cuenta. En el deporte puedes trabajar mucho y ser el más mateo de todos, pero si al final del día no obtienes el resultado, de nada sirve haber trabajado.
— ¿Has aprendido a lidiar mejor con eso con los años, sobre todo ahora que tienes una hija?
— Sí, por supuesto. Ya tengo 36 años y he aprendido en general a manejar la presión. Llevo diez años trabajando en el ámbito mental con José Pedro Rivero, que es mi mental coach, y parte de eso ha sido aprender a lidiar y navegar en esta incertidumbre y en esta presión. Pero eso no quita que sea difícil; igual tienes que hacer el trabajo una y otra vez y la presión siempre está presente.
— ¿Debiese revisarse ese sistema de financiamiento, quizás para quitar esta incertidumbre sobre los deportistas?
— No lo sé, creo que es discutible porque tiene sus pros y sus contras. Hoy en día estamos en una buena situación, esa es la verdad. Chile ha avanzado bastante en cuanto al deporte de alto rendimiento y su profesionalización, por así decirlo. Sin duda falta muchísimo, como por ejemplo estas cosas que te digo, pero son unas por otras. Yo te estoy mencionando los contras hoy en día, pero también tiene sus pros. Es parte de las reglas del juego y tienes que jugar con ellas.
La rutina de un deportista de alto rendimiento y el futuro tras abandonarla
— ¿Cómo te tomaste que el karate no sea deporte olímpico? ¿Cómo fue verlo solo por un breve tiempo en Tokio 2020?
— Fue bastante difícil; fue uno de los mayores lutos que he tenido en mi carrera deportiva. Por supuesto, todos nos ilusionamos con el karate olímpico, con poder estar presentes en los Juegos Olímpicos, representar a Chile y hacer un buen papel. No haber estado ahí fue una decepción y un luto bastante grande para todo el equipo. Verlo por la tele fue muy difícil para mí, porque significó cortar un sueño. Antes, tu mayor meta era ser campeón mundial o el número uno del ranking, y de pronto subimos un peldaño a querer ser campeón olímpico; que luego borren ese sueño con el codo es bastante difícil. Pero tengo la esperanza de que en un futuro, ya no conmigo en activo, mis compañeros puedan vivir otro ciclo olímpico y Chile esté representado por ellos en el karate.
— ¿Cómo es la rutina de un deportista de alto rendimiento? ¿Cómo compatibilizas tus tiempos en un día normal?
— Me levanto, voy a dejar a mi hija al jardín y de ahí voy a entrenar; hacemos unas dos horas o dos horas y media de karate en la mañana. Luego hago los pendientes del día y avanzo en mis estudios, porque estoy cursando un magíster en gestión deportiva. En la tarde voy a buscar a mi hija al jardín y después voy al entrenamiento físico. Básicamente, esa es la forma en que articulo el día.
— Tú eres kinesiólogo de profesión, ¿cómo te ha ayudado eso en tu carrera deportiva y cómo lo hará este magíster?
— Ser kinesiólogo te da un conocimiento mucho más acabado respecto a qué hacer y qué no hacer; puedes discriminar si un terapeuta te está haciendo un buen trabajo o no. Por ejemplo, cuando viajamos, lo hacemos sin área médica, así que si algún compañero necesita ayuda con algún tape o un masaje, lo puedo asistir. En general, me ha ayudado y ha complementado bastante mi carrera deportiva.
Sobre mis otros estudios, la Universidad Andrés Bello se portó increíble conmigo y nos otorgó un magíster a los participantes de los Panamericanos de Santiago 2023. Yo lo aproveché para estudiar gestión deportiva, así que ahí me encuentro cursando las distintas materias desde diferentes lados del mundo.
— Tú proyectas tu carrera de alto rendimiento por un par de años más. ¿Has pensado en cómo seguirás después de eso, si abrirás alguna academia o si seguirás ligado de alguna forma a este deporte?
— Me gustaría poder abrir mi academia y seguir ligado al deporte de alguna u otra forma. Por eso también estoy enfocando mis estudios en ese sentido; mi idea es poder seguir aportando el día de mañana desde otro lado. No sé exactamente dónde ni en qué, pero sé que será ligado al deporte de una u otra manera. Creo que esto me va a dar herramientas bastante buenas para abrir puertas en el futuro, ser más meticuloso, hacer un mejor trabajo y aportar mejor al deporte en Chile.